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Consomi “usufructúa” sutilmente y sin mayor esfuerzo de la natural seducción de las mujeres. Opina que existe del lado femenino una suerte de exhibicionismo ocasionado en parte por su intrínseca vanidad y coquetería –tal vez estrogénica– o quizás condicionada por los bombarderos e incansables medios de comunicación.

Sus trabajos denuncian un estilo marcadamente setentero, probablemente influenciado por los maestros del Glamour retratístico de aquellos años. Para ello sólo utiliza equipos de esa época que logran ese toque análogo que emanan de sus imágenes. Alejado completamente del mundo digital, pues existe en él una conducta de “retroceso” del punto de vista tecnológico. Al parecer, mientras más mecánicos y menos sofisticados sean sus sistemas, más conectado e identificado se siente con su temática. Posee una amistosa afinidad con fuentes de iluminación provenientes sólo de ventanas y luces ambientales. Parece haber dejado de lado aquellas versiones de retratos en las que participaban muchos flashes y su estudio se llenaba de atriles, cables y filtros de colores.

Las claves en los buenos resultados de sus sesiones fotográficas parecieran estar en tener un buen f i l i n con sus modelos, al punto de ser metafóricamente una amiga de ellas. Otro de sus observaciones es fraternizar con sus ego, hasta llegar casi a la adulación poética. No concibe un trato jerárquico ni mucho menos autoritario.

De formación originalmente autodidacta llegó a la fotografía no por la vía del arte como muchos, sino por el nexo que existe entre la fotografía y la química, la física y las matemáticas, disciplina y conocimientos que en ese entonces tenía muy arraigados. Generalmente, señala, que las academias de fotografía prescienden de enseñar la teoría relacionada con la parte científica que posee y que es de una utilidad inmensa para el verdadero entendimiento de esta Doctrina.

Amante de las bicicletas y la Biología. Asiduo a beber café y escuchar sólo filete musical. Eterno disfrutador de los asados con sus amigotes… Este quilpueíno no cesa de clickear, actividad que considera más que un trabajo, un regalo de Dios y una actitud de vida para siempre…

Isabel Pérez T.
Psicóloga Universidad de San Sebastián, España

Noviembre 2003.