Arte Costarricense
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Laureano Albán - Tengo Fuego en las Manos


por
Camilo Rodríguez Chaverri
Colaborador
Art Studio Magazine

"Dicen que soy vanidoso para no reconocer mi obra".

En él se juntan el ingenio, el talento, el trabajo, el método, el misterio y la mala fama. Es un poeta productivo y exitoso, digan lo que digan sus enemigos. Y fuera de nuestro país se le reconoce como tal. Sólo en los años ochenta ganó diez premios en Europa. Él mismo acepta que eso fue lo que lo hundió en nuestro medio. Ser tan connotado provocó que le hicieran mala atmósfera. Y paradójicamente ha escrito que el poeta es siempre una víctima de su futuro.

Eso le ha ocurrido a él. Aquí hay un mecanismo automático de marginación. La mezquindad gana espacios, y Laureano Albán-quien tiene nombre de personaje de novela- debe seguir la ruta de Yolanda Oreamuno, Eunice Odio, Paco Zúñiga, Chavela Vargas y Carmen Lyra, es decir, nuestros genios excluidos, marginados.

En los periódicos no escriben sobre su obra. De vez en cuando le tiran una "chinita", y desvirtúan su trabajo. Pero nadie habla de su monumental "Enciclopedia de maravillas", más de mil quinientas páginas y más de mil poemas que le tomaron 20 años de labor señera. Ni dicen que ha publicado 22 libros que destacan por su rigor estilístico.

Marginado

Albán cuenta que con suspicacias y pretextos baratos no permitieron que su obra participara ni para el Premio Nacional de Poesía del 95 ni para el del 96. Pero de por sí tiene la terca vitalidad de las energías subterráneas, que siempre escapan de sus encierros y conocen la luz del sol a pesar de ajenos empeños venenosos.

Mala noticia. El compañero de infancia y juventud de Jorge Debravo, el fundador del Círculo de Poetas Costarricenses y, para muchos, el poeta vivo más importante de Costa Rica, no existe en nuestro país. Nos negamos a reconocerlo. Anteponemos su personalidad grandilocuente a su verbo inagotable. Pero él mismo dice que todo poeta es un artesano que retuerce la luz.

Para muchos no es tan bueno, para otros es latoso, y hasta cuentan barbaridades sobre él, pero se me hace que le han hecho el gran favor de convertirlo en mito. Ahora es un poeta tan grande como su obra.

Hasta denuncian que utiliza su puesto diplomático para hacerse votos para el Nóbel de Literatura, pero Albán explica que su pecado es visitar universidades para dar conferencias sobre Costa Rica y sobre literatura. "Se me va el salario en viajes", admite.

Pues claro, ¿qué querían? El poeta es un andariego que quiere llevar flores en una mochila. Tiene derecho a compartir su parcela de luz con el mundo. No importa que a algunos les parezca un pesado o un necio, su verdad obliga a la convivencia de las palabras. Y un escritor tiene derecho a combatir el olvido, y a luchar por perpetuarse en sus obras, como decía Unamuno.

Encuentro entre maletas

Lo llamé un día antes de que regresara a París, donde vive y trabaja, como funcionario de Costa Rica ante la UNESCO. Me dijo que no concedía entrevistas. Le repliqué que quería hablar de su Enciclopedia de Maravillas, porque no conocía una propuesta igual en poesía. Le expliqué que me parecía sospechoso que ni siquiera la mencionaran por el mérito de ser, al menos, una obra ambiciosa, innovadora e insólita Me dijo que sólo podía atenderme mientras hacía sus maletas. Concedido. Qué importa. Pensé en el encanto de la intimidad que hace más vulnerables a las personas.

No lo conocía. Había leído parte de su obra, pero, sobre todo, había escuchado todas las historias oscuras que se le achacan. Si uno le hace caso a todo lo que dicen, debe esperar un ogro. A verlo me fui, desarmado y solo.

Henos aquí un domingo a las seis de la tarde, en medio de ropa doblada, regalos para sus nietos, llamadas telefónicas de última hora y un par de chiquillas que corrían de aquí para allá dibujando el aire con sus sonrisas.

Salió de una habitación un hombre grandote, hermoso, con cara de niña travieso. 1, 85 de estatura y 250 libras en una guayabera o algo parecido. Nada que ver con el monstruo que pintan. Para empezar, ni da miedo. Su sonrisa acaba con cualquier barrera. Y los anteojos le dan pinta de nerdo bondadoso.

Apenas se acerca y habla, con su voz ronqueta y sus dientes abiertos como un abanico de abrazos, se esfuma el abismo de la distancia. Es decir, se cruza el puente, aunque sea de hamaca, tambaleante y bullicioso. Porque, como él mismo escribió, en un poema hay tantas alas, como cicatrices hay en el olvido.

Lo ignoran

-Parece que ignoran algo tan llamativo como su enciclopedia de poemas. ¿Por qué será?

-Porque es una aplanadora. Me llevó veinte años de trabajar con lo numinoso, lo misterioso, lo trascendental.

-Usted fue uno de los autores del Manifiesto Trascendentalista. ¿Lo conserva vivo en su obra?

-Así es. El poeta dice lo inefable, utiliza el lenguaje indirecto. No podés pasar más allá de la mente racional con lenguaje racional. La belleza es la sombra de Dios sobre el universo, como escribió Platón. El lenguaje figurado es el instrumento para expresar las vivencias trascendentales, que no son racionales.

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