Arte Costarricense
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José León Sánchez


por
Camilo Rodríguez Chaverri
Colaborador
Art Studio Magazine

El Escritor Salido de sus Tinieblas

“En Costa Rica los libros nacen muertos”

“Diez mil colones de recompensa por el Monstruo de la Basílica, José León Sánchez. El más horrendo y macabro delincuente de Costa Rica se fugó del presidio de San Lucas...Señas: mide un metro sesenta y ocho, moreno, ojos café, tiene una cicatriz debajo de la mejilla izquierda y otra en el pecho, al lado del corazón. Pelo crespo, negro, no fuma ni bebe licor, usa anteojos de aros negros.

¡Denúncielo! Por su captura y entrega a la policía vivo o muerto se dará una recompensa de diez mil colones. Es un criminal de gran peligrosidad y se supone que anda armado. Está calificado como un delincuente psicópata macabro, de alta peligrosidad”.

Así describían al Monstruo de la Basílica en los periódicos de la época. No era la primera vez que se robaban las joyas de la Virgen, pero sobre él cayeron las siete plagas de Egipto. Cincuenta años después, entre tragos e historias, del alma le sale un lamento muy grande: Costa Rica no lo ha perdonado por un crimen que no cometió.

José León Sánchez es el escritor costarricense más leído y conocido en el mundo. De los escritores vivos y de los muertos. Del best seller La isla de los hombres solos ha vendido más de dos millones de ejemplares. Y de la obra maestra Tenochtitlán un millón y medio de ejemplares.

Sin embargo, en nuestro país sigue siendo el ladrón de La Negrita. Vive en Los Ángeles de San Rafael de Heredia. Me dice que en el pueblo cualquiera me da razón por su domicilio. Llegó a ese sitio de las brumas y pregunto por José León Sánchez. No saben en los teléfonos públicos ni frente a la iglesia. Se me ocurre probar de otra manera. Ahora pregunto si saben dónde vive el hombre que se metió a la Iglesia de Los Ángeles. Todos me dan la dirección de inmediato.

El único escritor costarricense que aparece entre los 75 del Milenio, es conocido como un delincuente.

La magia y el asombro

Dos cubanos se enteraron que José León daría una conferencia en el taller literario de Francisco Zúñiga y llegan a escucharlo.

Nadie más llegó. El escritor se disculpó con su anfitrión y se dispuso a salir. Le indignó la situación. Sin embargo, uno de los cubanos, el escritor Froilán Escobar, se atraviesa en su camino y le habla de su obra.

--Quiero escuchar lo que nos ibas a decir, maestro, le dice Escobar.

--Ah, sí, quieren escucharme. Pues vamos.

Los sube a su carro y se los lleva hasta el campus de la Universidad de Costa Rica. Duró horas buscando unas llaves hasta que dio con ellas.

Abrió un auditorio, encendió la luz, y se fue hasta el escenario. Subió y se dispuso a hablarles al par de cubanos.

Después de tanto empeño, dictó la conferencia para dos personas.

Así es José León, el hombre que estuvo en prisión descontando una pena por la que después hasta la mismísima Iglesia Católica le pidió perdón, el hijo de una prostituta que se lo regaló a un vendedor de sal, el chico que creció en un hospital y un hospicio, que fue declarado “incapaz de aprender” y que llegó a la cárcel a los 19 años siendo todavía un analfabeto.

¿Qué conjuro de los dioses, que confabulación de ángeles hizo posible que alguien así pudiera escribir una obra tan bella y tan buena como “Campanas para llamar al viento”? ¿Dónde surgió el genio en medio de aquel muchacho al que le metían fósforos por las orejas y le revisaban el recto para estar seguros de que no iba a meter objetos extraños a la cárcel? ¿En qué instante se hizo mar ese río poblado por las inmundicias que le echó todo el mundo encima?

Más allá incluso de su obra, José León Sánchez es un personaje. Aquel chiquillo que se conmovió cuando el Presidente Calderón Guardia dijo entre lágrimas que no tenía un hijo, fue capaz de pedir que alguien le escribiera una carta en la que le anunciaba al Señor Presidente que habían acabado todos sus problemas pues él había decidido aceptarlo como padre.

Y se me hace que la chata actitud de igualdad costarricense está frente a uno de sus más grandes íconos literarios y culturales de todos los tiempos y se niega a verlo. El único escritor nuestro que se roza con García Márquez y Vargas Llosa, y comparte con ellos hasta el agente, es un tipo sospechoso en su país de origen.

En Las Nalgas de Eulalia

La primera vez que nos vimos fue en la Soda Tapia, junto a Froilán Escobar. El lugar estaba muy lleno y dijo que prefería un sitio más privado. Nos fuimos en su carro e imaginé un restaurante o una cafetería selecta, distinguida.

Empezamos a subir y parecía que íbamos a llegar al cielo. De pronto, en Mata de Plátano, Goicoechea, detuvo el carro frente a un inmueble que parece el híbrido entre una casa de pueblo y una cantina.

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