Arte Costarricense
inicio | enlaces | publicidad | staff | contacto | mapa | descargas | foro


Jorge Jiménez Deredia - El Aliado de las Esferas


por
Camilo Rodríguez Chaverri
Colaborador
Art Studio Magazine

Es blanca como es blanco todo en aquel cuento de Carlos Salazar Herrera que se llama "La calera".

Y en medio de aquel blanco en el que uno se sumerge, como si hubieran bañado la casa en un mar de leche, surge el hombre con cara de niño, el niño con barba, con su ropa negra, de siempre, con su aspecto de sacerdote o de pastor, con su aura de santo, de persona pura.

"Tiene cara de buena gente", le dije el primer día que lo vi, en canal 13, donde lo entrevistaría mi amiga, la poeta Leda García.

De nuevo, después del saludo, se sumerge en el blanco de los muebles. Aunque sea sin querer, todo está en ese sitio para que él sea el centro, el elemento que salta como una gota, milagrosa, en el mantel plateado de un lago sereno.

Lo primero que urge decir sobre Jorge Jiménez Deredia es que tiene una voz particular, que se parece a su cara.

Rostro y tono se hermanan, y son como las de un pequeñín. Me resulta especialmente luminoso, y, me ayuda a entender mejor porqué el Vaticano lo escogió para esculpir a San Marcelino Champagnat, un gigante del amor, el santo de los niños y fundador de los Maristas.

Su voz de niño atrapa. Devuelve a quienes la escuchan al inicio de todo, la niñez, que es como los inicios de la vida que crea Jiménez Deredia en sus génesis.

En sus génesis destaca la sombrilla de pobre, como si fuera el reflejo de una mano que ve el escultor en el cielo.

Sus orígenes

Nació cerca de la estación del tren, en Heredia, en una casita de adobes, la tercera casita al norte de la esquina este de la estación.

Su papá quedó paralítico a los 32 años, cuando Jorge tenía sólo 6 años. Le aplicaron la vacuna de polio y, con ello, le activaron el virus. Quedó paralizado. Sólo podía mover la cabeza.

La situación de la familia se complicó. Son 7 hermanos. Jorge era el cuarto hijo, y el primero de los hombres.

Era muy importante para su papá, don Enrique Jiménez García. "Papá siempre quiso un varón en la casa. Mis hermanas vivían con la desilusión de que él no les daba mucha pelota porque quería un hombrecito".

Como era el primero de los hombres, sus hermanas jugaban de muñecas con él. "Una de mis hermanas cuenta que cuando estaba en la escuela deseaba salir para ir a jugar conmigo de casita. Yo era el bebé de ellas. Eso me dio mucha estabilidad emocional".

Luego su papá se fue recuperando, aunque fuera parcialmente. "Un año después ya estaba caminando. Era una persona muy orgullosa y nunca quiso usar bastón. Yo tenía 7 años, así que tenía el tamaño adecuado para convertirme en su bastón. Así que me llamaba cada vez que iba a hacer un movimiento. Yo era su bastón cuando viajaba a su tallercito, porque él siempre trabajó de radiotécnico. Desarmaba radios y televisores. Me tocaba ir a comprar los repuestos a la famoso Gallito. Iba de Heredia a San José a comprar los tubitos que se usaban en ese tiempo".

Dice Jorge que la actividad que desarrolló junto a su padre se convirtió en una gran escuela para su vida. "Papá me enseñó el sentido de dignidad. Tiene 76 años y se conserva altivo y fuerte".

Tuvo una infancia llena de trabajo. Con mil esfuerzos, su papá construyó una casa, y se fueron a vivir a una cuadra de donde estaban antes, a 125 metros del Centro Penitenciario San Agustín.

Nació cerca de la estación del tren, en Heredia, en una casita de adobes, la tercera casita al norte de la esquina este de la estación.

Su papá quedó paralítico a los 32 años, cuando Jorge tenía sólo 6 años. Le aplicaron la vacuna de polio y, con ello, le activaron el virus. Quedó paralizado. Sólo podía mover la cabeza.

La situación de la familia se complicó. Son 7 hermanos. Jorge era el cuarto hijo, y el primero de los hombres.

Era muy importante para su papá, don Enrique Jiménez García. "Papá siempre quiso un varón en la casa. Mis hermanas vivían con la desilusión de que él no les daba mucha pelota porque quería un hombrecito".

Como era el primero de los hombres, sus hermanas jugaban de muñecas con él. "Una de mis hermanas cuenta que cuando estaba en la escuela deseaba salir para ir a jugar conmigo de casita. Yo era el bebé de ellas. Eso me dio mucha estabilidad emocional".

inicio | enlaces | publicidad | staff | contacto | mapa | descargas | foro