Arte Costarricense
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Haydée de Lev; La flor en su danza secreta


por
Camilo Rodríguez Chaverri
Colaborador
Art Studio Magazine

"Tenía que memorizar parte de lo que iba a decir de cada noticia", cuenta. Luego, ideó un programa televisivo dirigido a las mujeres, los niños y el hogar, pero no le fue muy bien. Entonces se integró a la agencia de publicidad Publicentro, donde fue directora de Producción.

"Filmé varios comerciales. Gozo con sólo recordarlo, porque no tenía ninguna experiencia en publicidad. Hasta dirigí las cámaras", dice, sonriendo.

En México
Más tarde vivió dos años en México, donde la seleccionaron para la obra "El décimo hombre", con el famoso director japonés Seki Sano. "La obra fue un éxito. Ibamos a hacer 4 presentaciones y terminamos haciendo 25", recuerda, emocionada.

Las críticas de los periódicos fueron muy elogiosas y el mítico Manolo Fábregas la llamó por su actuación, pero no pudo aceptar. "Me dio miedo todo lo que significaba esto para mi familia".

Debió ser una decisión desgarradora. En el periódico "Esto", de México, las críticas decían, "¡Qué formidable actriz! Bella de figura, bella de rostro, bella de voz. Es una mujer y una artista de fina sensibilidad, una de las mejores actrices que hemos admirado en los últimos años".

De regreso en Costa Rica participó en "Las Preciosas Ridículas" de Moliere, bajo la dirección de Lenín Garrido. Luego, en "La Señorita Julia", bajo la dirección de Daniel Gallegos.

Formó su propio grupo, Git, que se presentaba en un pequeño recinto de la calle 4. 'Era tan pequeño que parecía una cajita de zapatos. En el edificio había una peluquería para hombres, un taller de zapatero remendón y al final estaba el teatrito. Oscar Castillo había conseguido la sala, y me la cedió".

Teatro por dentro
Cuando empieza a hablar sobre teatro, sus ojos van creciendo, parece que se desorbitan, pero la naturaleza los obliga a permanecer en su sitio, a pesar de que quieren salir volando.

"Cada obra de teatro es una aventura y debe ser única. El actor es como el buzo que se mete en las más oscuras profundidades. Tal vez sepa lo que quiere, pero nunca sabe lo que se puede encontrar en el camino. Siempre el actor se enfrenta a un personaje que puede resultar más complejo de lo que parece. Siempre hay que darlo todo.

"Una vez, un gran director inglés, Peter Brooke, quien tiene una escuela de teatro en París, me dijo que el actor necesita 'una maleta llena de vivencias'. Debe ser minucioso y un gran observador de su entorno. Debe permitirse un ejercicio pleno de la imaginación. No puedo concebir a un actor o una actriz que no lea constantemente.

"La lectura te abre la mente y te expande el horizonte. El actor y el artista no pueden ver la lectura como una distracción para un rato de ocio. La lectura es el alimento, la comida para el espíritu. Así como necesita el cuerpo, necesita el alma.

"Sólo a través de la lectura se puede desarrollar un ejercicio permanente de asimilación y de crítica", dice De Lev, quien ama la música clásica, la ópera y también la buena música folclórica y popular.

Romántica incurable
"Soy una romántica incurable. Por eso es que leer me conduce al orgasmo del espíritu. Leo desde que era muy niña. Leo todos los días, y cuantas horas pueda robarle a las demás actividades.

"Cuando estaba muy pequeña, mi papá me obligaba a apagar la luz del cuarto a las diez de la noche. Entonces, velaba una lamparita con un vestido viejo de muñeca, y seguía leyendo".

Fue entonces cuando intuyó que le tocaba encarar privilegios dolorosos. "Ser actor es un privilegio doloroso. Pero, aun siendo un oficio difícil, hay pocas satisfacciones en la vida que se le puedan comparar.

"Cada vez que estreno una obra de teatro y estreno un personaje recuerdo mis partos. Es algo sublime. Es dar la vida. Los personajes son hijos del actor. Debe parirlos. Hay que entender el personaje, estudiarlo, saber la historia de la obra, ubicarse en el tiempo y en el espacio. Por eso, cuando me ha tocado encarar algún personaje histórico, como María Estuardo, leo todas las biografías que encuentre. Igual hice cuando personifiqué a Ana Frank", dice De Lev, quien se siente muy orgullosa de haber actuado en obras de los costarricenses Daniel Gallegos, Samuel Rovinsky, Alberto Cañas y Carmen Naranjo.

"Daniel Gallegos es mi gran amigo. Es nuestro gran dramaturgo y un estupendo novelista. Tuve el gran privilegio de actuar en 'Punto de referencia' en dos montajes, con 17 años de diferencia. Soy 'Ana' en el teatro y 'Rebeca' en la novela. Eso me emociona muchísimo".

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