Arte Costarricense
inicio | enlaces | publicidad | staff | contacto | mapa | descargas | foro


Haydée de Lev; La flor en su danza secreta


por
Camilo Rodríguez Chaverri
Colaborador
Art Studio Magazine

Haydée de LevEs una diva, pero parece un girasol en el viento, una flor en su oculto movimiento, en su danza interna.

Camina, y parece que el mundo bailara al compás de sus piernas torneadas, con pecas que parecen astros sobre el firmamento albísimo.

Su sensualidad se adobó con el tiempo. Ahora es una señora (que me perdone ella si es falta de respeto) exquisita y sexy, de conversación sabrosa, que se degusta despacito, mientras abraza y abrasa con su voz avasalladora.

Haydée De Lev fue un símbolo sexual en nuestro país, y ni los años han podido acabar con sus encantos. Desató enamoramientos furtivos sin quererlo. Siendo madre de 4 hijos, los hombres se peleaban las butacas de las primeras filas y le lanzaban desde cartas de amor hasta poemas. Tiene una caja repleta de poemas que le escribieron anónimos admiradores.

Pero más allá de su belleza con fama de apoteosis, quedarán para la historia su talento y su laboriosidad, que le significaron un sitio especial en el teatro y la radio de nuestro país.

Esta trigueña de 66 años (leyó bien: tiene 66 años, y sigue encendiento tormentas en la piel), se vino para Costa Rica hace 40 años, casada con un tico que fue a estudiar Medicina a su país, Argentina.

Ya tenía dos hijos, aquí tuvo otros dos, y a los años se divorció. Pero su inserción en el mundo intelectual y en nuestro ambiente artístico la indujeron a quedarse. Es que nació con un olfato especial por el arte.

De niña montaba un espectáculo para su hermana, y cada vez que notaba que se aburría le cambiaba los personajes. Aquello era la suma de un pequeño circo y una miniatura de teatro. Y fue el verdadero inicio de una mujer de las tablas, que se ha ganado el respeto en varios países iberoamericanos y ha participado en más de 50 montajes en nuestro país.

Raíces aladas

Nació en Buenos Aires, y allí surgió su espíritu indómito. Desde muy chiquita fue rebelde.

Tenía 17 años cuando quiso incorporarse al grupo "El Nuevo Teatro", pero su padre le dijo que no. Poco después decidió dejar botada la educación formal, a pesar de que la amenazaron con todos los tormentos del infierno.

Entonces, se consumió en el bendito vicio de los libros. La lectura se le convirtió en una adicción devoradora. Leía de todo, excepto de aquello que tenía que ver con sus cursos.

Después se le metió entre peca y peca estudiar Escultura, y ya que tiene el cuerpo como un mapa del paraíso, aquello se le hizo una obsesión, pero no la admitieron en la Escuela de Bellas Artes porque había superado la edad de ingreso.

Su madre la había metido en la Escuela Normal para que se preparara como maestra, pero no estaba dispuesta a claudicar, y un día una prima le ayudó a encender la chispa. "Mi prima me habló de la Escuela Nacional de Cerámica, y así fue como terminé siendo técnica y profesora de cerámica artística".

Modesta, pero elegante
Su espíritu no se rinde fácil. "Eso me viene de la familia. Mi padre llegó de Rumanía siendo muy niño, y tuvo que trabajar desde pequeño. Su primer trabajo fue como mandadero en el puerto de Buenos Aires. Al final, era alto funcionario de una importante empresa. Mi madre también vino de Rumanía, hablaba seis idiomas, tocaba piano y era una mujer exquisita. De ambos heredé la voluntad para no rendirme", dice De Lev.

"Todo ha ido surgiendo con mucho trabajo. Ni nací en cuna de oro ni dormí entre sábanas de seda. De hecho, de niña aprendí a reciclar la ropa, y todavía lo hago. Pequeña vestía muy modestamente, pero aprendí de mi madre la escogencia y combinación de los colores. Siempre he andado prendidita, aunque sólo tenga cuatro trapitos. La pobreza moderada ayuda al ingenio".

Ni idea del teatro
Cuando la hermosísima y frondosa muchacha contrajo nupcias, el teatro no figuraba en su vida. Había visto mucho cine, pero con las tablas, nada.

Ya en Costa Rica, estuvo en el intento de hacer una Escuela de Artes Dramáticas, pero no fructificó. "En eso estábamos tres argentinas, esposas de médicos ticos, y las tres teníamos mucho interés por el arte. Las otras dos eran Carmen Juncos, quien ahora es editora en La República, y Marta Guerra, quien es profesora de Historia del Arte".

La señora De Lev ya tenía el gusanillo de actuar y nada la detuvo. Su primera obra profesional fue "El luto robado", de Alberto Cañas, en el Teatro Las Máscaras.

Los comentarios fueron favorables, y De Lev dio los primeros pasos firmemente. Poco después, también ingresó a la televisión. Es el año 1962, y con poco tiempo en el país ya era un personaje público.

También fue la primera mujer locutora que entró en televisión. No había telepromter (pantalla que permite que los presentadores lean encabezados mientras miran a la cámara).

inicio | enlaces | publicidad | staff | contacto | mapa | descargas | foro