
¿Es original?
Camilo: -¿Le preocupa la originalidad en sus novelas?
Bryce: - Picasso plagió a todos los artistas que estuvieron antes que él, vio y copió todo lo que se hizo antes en África, Asia, América... Es un artista único, aunque retoma toda la pintura universal. Picasso vuelve a leer a Goya, a Velásquez, al arte primitivo...
"En el caso mío, por ejemplo, si estaba en Francia, para qué diablos escribir sobre Perú. Muchas veces los escritores latinoamericanos del boom escribían únicamente sobre sus países por un complejo de inferioridad, sobre todo para esos años en los que estábamos llegando de París, y éramos unos muchachones".
"Fíjate que le pedí a mi traductor al francés que leyera un cuento que escribí sobre París y que luego apareció en mi libro “La Felicidad Ja Ja”. Él leyó el relato y le pareció ejemplarizante y único. Ni mejor ni peor que los otros cuentos sobre París, sino simplemente el único relato “peruanizado”. En mi obra está el París mirado por el prisma de un peruano".
Camilo: -Y he encontrado un apego por lo oral y un interés importante por la psicología de la mujer...
Bryce: -Se mezclan los ingredientes en cada novela. Ni el mismo autor de una obra literaria puede decir cuáles son los ingredientes del cóctel de sus palabras. Cuando terminé de escribir “Huerto cerrado”, el libro no me gustaba. Sentía que esa no era mi visión sincera, honesta, del mundo. Tenía como una camisa de fuerza. Y leyendo los cuentos de Julio Cortázar noté que él metía un tono oral, y hasta una irreverencia por la tradición, por el peso de lo literario... Un buen profesor de gramática le hubiera puesto mala nota. Pero es que Cortázar ya conocía la lengua, y la dominaba tan bien que hasta podía maniobrar a su favor. Si uno se queda con el peso de la tradición, pierde una gran oportunidad.
"Para muchos novelistas, la novela es poner orden, dividir la historia en parte 1, parte 2, parte 3, epílogo, desenlace... Pero no ocurre con todos los novelistas. Hay otros que soñamos con meter al libro una voz, la emoción, el caos, y el desorden típico de la vida".
"De lo que se trata esto es de contar el cuento de la vida. La máxima ambición es que el lector oiga, escuche nuestra voz, y que piense que el escritor estaba pensando sólo en él cuando escribía, que comparte el escritor un trozo de camino con él".
Camilo: -El rescate de esa voz es una tarea muy difícil...
Bryce: -Sí, sobre todo porque se trata de la creación de una voz, de un habla que llegue a todos los lugares, que sea de lo más concreto y lo más abstracto posible, y ambas cosas a la vez. Recogemos un grito enorme con las palabras. Nuestra voz tiene que recoger las voces de muchos más.
Camilo: -¿Hay que escribir y rescribir y rescribir para llegar a esa voz?
Bryce: -De lo que se trata es de conseguir la melodía que debe acompañar al libro. Y esto mientras te ocupas de lo más valioso, porque al escribirlo, resumo y retomo un momento de mi vida que hasta la muerte se vuelve a vivir en la literatura. Por eso es que es vital trasladar la ilusión de la oralidad al papel. Allí hay una relación estrecha con los juegos, con los retuécanos.
¿Desmesura cervantina?
Camilo: -¿Su literatura se le va por todas partes, como agua entre los dedos?
Bryce: -Mi literatura se inscribe en la gran tradición de la desmesura cervantina. Es una literatura que se ocupa del arte de la disgresión, de irse por las ramas pero sin perder nunca el hilo de la historia, de la narración, y sin que se salga del relato el cuento o los cuentos, que es la vida.
Camilo: -Hay una enorme influencia del cine en su obra.
Bryce: -Pertenezco a una generación que ama el cine. Cuando yo era un chico se era un macho si tomabas tanto como Bogart. Los machos no bailan, son tipos fuertes y rudos... El cine nos hacía salir de las fiestas hechos unos adolescentes miserables. Pero más allá de eso, ese mundo del cine es un mundo de débiles y poderosos, que marca la obra literaria de mi generación.
Camilo: -Usted menciona mucho a los personajes de los westerns.
Bryce: -Es que el western es la última épica. Y hay una enorme relación de nosotros como escritores con el western porque la novela es un poema épico, un poema épico en prosa aburguesada.
Camilo: -También encuentro, sobre todo en la novela “La amigdalitis de Tarzán”, un homenaje al bolero.
Bryce: -He querido que mis referentes preferidos sean la música y las canciones. Aparecen con frecuencia los tangos, las rancheras, los boleros. Recuerdo que en los 80s empecé a hablar con mis amigos de la casa perfecta, y llegamos a la conclusión de que la casa perfecta es aquella que tiene un cubículo, un espacio especial, que es nuestro mundo soñado y compartido, que se llamara “El lloradero de Benny Moré”, y que sirviera para echar a los amigos con música de Moré durante días de días. Así que ya puedes empezar a hablar de la “literatura sentimental” de Bryce Echenique.
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