Arte Costarricense
inicio | enlaces | publicidad | staff | contacto | mapa | descargas | foro


Bryce Echenique - La Risa que Escribe 1


por
Camilo Rodríguez Chaverri
Colaborador
Art Studio Magazine

Cuando era un escolar, inventaba historias, le dijo a sus compañeros que era hijo del campeón peruano de automovilismo, y lo mejor de todo es que se lo creyeron. Se convirtió en el ídolo de la escuela. Luego, le confesó a un profesor que era un mentiroso de primera y que no le creían ni lo que se comía, y el señor de la confidencia le aclaró que más que mentiroso era un escritor, y que nadie se lo había dicho.

Ya tenía 15 años, y tuvo que apurarse para recorrer los caminos perdidos. Y a los 27 empieza a escribir, después de complacer a su padre con el Derecho y sin contar ni con un poema de adolescencia a su haber. Alfredo Bryce Echenique es uno de los maestros del humor en la literatura, y escribe para el oído, o sea, que parece que está hablando en sus novelas y sus cuentos. Por ahí inicia nuestra entrevista. "Escribo con humor para que duela menos. Escribo así por caridad. El humor empieza en casa. Es desde niño que uno empieza a reírse de sí mismo. El humor es muy distinto a la burla y al desprecio. Para escribir con humor hay que ponerse en el pellejo del otro para mirarlo bien".

Camilo: -Otro de los elementos recurrentes de su obra es la ironía, hermana del humor.

Bryce: -La ironía es la sonrisa de la razón. Pienso en Carpentier, cuyas novelas son de una gravedad tremenda. Pienso en la literatura de Borges, tan bien escrita. Y en Julio Cortázar, con ese enorme manejo de la ironía.

Camilo: -En una frase Cortázar resumió sus ironías, "Qué risa, todos lloraban".

Bryce: -Cortázar decía que no se explicaba qué pasaba con los escritores latinoamericanos.

Camilo: -Escribe así en medio de la pesadumbre personal, de la tristeza...

Bryce: -Sí, pero es que la literatura estaba muy seria, contando cosas muy feas de los países de cada escritor. Y yo he querido escribir algo mucho menos serio. Empecé a escribir en Francia, en París. Ahí pasaban largas temporadas todos los escritores del boom latinoamericano. En esos años del boom usted no veía nada de humor en Carlos Fuentes o en Mario Vargas Llosa.

"Recuerdo que Mario votó en contra de una novela de Manuel Puig. Eso es grave. Y él lo sabía. Puig introdujo todo un aire fresco, de lo oral, de los sueños. Puig pensó en la historia con "h" minúscula".

"El boom se ocupaba de lo grave, y cada escritor tomaba a su país como coto privado para su obra".

"Quise cambiar porque sentí que en mis maestros faltaba la sonrisa. No se ocupaban del habla latinoamericana, que es particular. Se olvidaban de esa característica muy nuestra, que es hacer de las cosas más difíciles un objeto de irrisión".

"Tampoco tomaban en cuenta nuestra curiosidad por el mundo. A cualquier parte del mundo que llegue un latinoamericano se siente un poco como en casa. Eso nos hace muy diferentes".

"De esto que te comento me di cuenta cuando llegué a París. Cuando invitaba a un profesor o a un escritor especializado en América Latina, se sentaban a la mesa y les entraba un terror horrible cuando servíamos la comida latinoamericana. Creían que los íbamos a envenenar. ¡Y supuestamente eran especialistas en América Latina!"

"En cambio, a nosotros, en América Latina, nos toca probar todas las comidas del mundo, igual en Costa Rica que Lima o en Bogotá. Los latinoamericanos somos muy curiosos".

"Y también somos muy originales, por más que consideremos que París es la capital del mundo, y que creamos ‘leernos’ en textos hechos por franceses... A pesar de que importamos leyes, constituciones, sistemas parlamentarios, la curiosidad del latinoamericano enriquece más que la cerradumbre del francés. Un famoso escritor francés, cuyo nombre no quiero mencionar, dijo antes de morir que jamás había leído algo que no fuera francés. Pobre hombre..."

"Jean Paul Sartre escribió en un prólogo sobre un escritor que no era francés algo así como, bueno, qué diablos, qué cómodo era ser francés. Un gran escritor tiene el coraje intelectual de dudar, entre otras cosas, de la grandeza única de su patria. La literatura de otras naciones y otras culturas también puede ser maravillosa. La importancia de la obra de Sartre sin duda que tiene que ver con que lo movía la curiosidad por lo ajeno".

inicio | enlaces | publicidad | staff | contacto | mapa | descargas | foro