Seleccionar página


(Fotos: José Campos | PME Images) Tres años después de su última visita a Costa Rica, y con dos álbumes más en su discografía, Enrique Bunbury se presentó anoche en el Palacio de los Deportes de Heredia ante más de 5,000 personas completamente entregadas al zaragozano y a su banda Los Santos Inocentes.

Sin telonero de por medio y con mucha puntualidad, el show dio inicio a las 8 p.m. con la instrumental “El Mar, el Cielo y tú” de su trabajo más reciente, Licenciado Cantinas. Siguieron “Llévame” y “El Solitario” antes de llegar al primer clásico de la noche, “De Mayor”.

Bunbury, ataviado de un traje rojo con llamas, sabe como manejar un espectáculo y “echarse al bolsillo” a sus fans. Para esto se ha rodeado de músicos que se saben su oficio y que a la vez lo complementan a nivel escénico. La cohesión y frescura que ha alcanzado el aragonés con su nueva banda ya la advertía en el documental “Las Venas abiertas del Licenciado Cantinas” el guitarrista Alvaro Suite al manifestar que “Si esto sale bien sentará las bases de una banda para mucho tiempo”. 

Alvaro Suite, Robert Castellanos, Ramón Gacías (el motor de la máquina en palabras de Bunbury), Jordi Mena, Jorge Rebenaque y Quino Béjar, se encargaron de dar forma a un repertorio al cual Enrique ha hecho modificaciones significativas después de la salida de su disco en vivo Gran Rex. El mismo advirtió que ciertas canciones habituales en sus recitales irían desapareciendo al cumplir su ciclo. Temas como “El Rescate”, “Alicia”, “El viento a favor” y “Apuesta por el Rock n’ Roll” no sonaron anoche en el Palacio de los Deportes, y aunque parezca extraño, no hicieron falta en un setlist muy balanceado con gran presencia de material de sus últimos dos trabajos discográficos.

“La Señorita Hermafrodita”, “El Extranjero”, “Odiame”, “El anzuelo”, “No me llames cariño”“Animas, que no amaneza”,  “Los Habitantes” y “Sácame de aquí” constituyeron el bloque central de un concierto cuya intensidad nunca bajó.

“Que tengas suertecita”, “El día de mi suerte”, “De todo el mundo”, “Sí” y “El hombre delgado” precedieron a la primera “despedida” de los músicos. Ante los aplausos del público y los gritos de “Enriqueee, Enriqueee”, la vuelta a escena nos deparó los temas “Ahora” de su álbum “El Tiempo de las Cerezas”, “Porque las cosas cambian” y el himno “Infinito”.

Enrique Bunbury y Jordi Mena abrazados nos decían adiós nuevamente ante el delirio de una multitud entregada que con satisfacción vio a la banda regresar para cerrar el show con “Bujías para el dolor”, “Las Consecuencias” y la melancólica “… y al Final”.

El concierto terminó después de más de dos horas de comunión entre artista y público. El Licenciado Cantinas se movió a su antojo, tanto por el escenario como por su repertorio de más de quince años como solista.

La admiración que le tenemos a Enrique Bunbury está más que justificada después de disfrutar de su presentación de anoche. Nos deja, eso si,  a la espera de su próxima visita y de su próxima grabación, lo que venga primero es indiferente, puesto que esas dos facetas que componen su carrera las realiza con la misma pasión que transmite con el rojo de su atuendo.