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Por: Douglas Cubillo Campos, Colaborador de ArtStudio Magazine
Fotos: George Rouppolo

“Bienvenido al club de los imposibles, de balas perdidas con siete vidas, tenemos prisa por llegar”.

Y es que tengo que empezar esta reseña con esta letra porque las circunstancias del concierto fueron así, contra la corriente como el salmón como solo los imposibles conocen y es que hace unos quince días no había publicidad en la calle, el precio de las entradas tampoco era muy conveniente para estos tiempos de crisis y como no mencionar que en 5 días Costa Rica será la sede del Tour del Universo, un espectáculo que tiene más de 8 meses de estarse anunciando.

Así que bajo todas estas circunstancias el panorama no lucía muy alentador y el miedo de que la asistencia no fuera ni la que alcanzamos hace 6 años al reventar el desaparecido Planet Mall, hoy en un lugar que supera casi al triple al antes mencionado, pero ya lo dice el mismo Enrique, aunque él crea que hay muy poca gente, demostramos que en nuestro país cuando nos traen espectáculos de primer nivel con artistas de tanta calidad y experiencia podemos responder aunque no parezcamos muchos.

El sábado para cuando llegamos al Palacio de los Deportes a eso de las 3 de la tarde no había duda ya en nosotros que el público iba a responder y que Enrique iba tener la asistencia que merecía, todos listos para saldar esa deuda de 6 años de no visitar nuestro país.

Bunbury salió aproximadamente las 8:30 con la energía que acostumbra irradiar y que en minutos invade el teatro o estadio donde se presente, vestido completamente de negro a lo Johnny Cash acompañado de sus gafas y su guitarra nos dio la bienvenida al Club de los Imposibles haciendo el explotar ”el palacio” que ya lucía en un 85% de su capacidad total. Luego sin mucho preámbulo sonó aquel Folk / Rock N’ Roll que habla sobre el amor de un trapecista por su Señorita Hermafrodita, y ya la gente no pararía de moverse por las próximas dos horas y media que duraría la velada y es que era imposible no contagiarse con la energía del lugar. Para la siguiente canción la velocidad bajó un poco pero fue solo para tener tiempo de reunirse con los compas que te acompañaban y así en un sonoro grito colectivo cantar o decirle a todos que nada puede dañarte con tus amigos que en realidad, Hay muy poca gente y ya para ese entonces Enrique se había echado a todo el mundo en el bolsillo.

Lo siguiente fue otro extracto de su más reciente material, Hellville de Luxe, que le da nombre a la gira, la poderosa Bujías para el Dolor que nos cuenta como él prefiere que sean los demás, que se diviertan y se lo pasen bien, algo que claramente estaba sucediendo. Terminada esta canción vino el set del dolor, aquel dardo venenoso que Bunbury conoce tan bien y se soltó con Solo si me perdonas seguida de 200 huesos que de paso es otra de las nuevas canciones que  traía para presentarnos el ex Héroes del Silencio y que por lo visto ese día se quedará como una de las consentidas y es que con solo recordar las caras de muchos al cantar con el corazón en la garganta ”Yo que he dormido a tu lado puedo afirmar que hasta las pequeñas discusiones, fueron contigo algo estupendo” hacía que a cualquiera se le erizara la piel y no quedaba más que pasar a la siguiente implorando Sácame de Aquí. Y así como para levantar el ánimo y devolverle al show la intensidad del principio, vino la cabaretesca El Extranjero, seguida de Contar Contigo y es aquí donde vendría una sorpresa para aquellos que añoran el pasado y aún tienen La Herida abierta. Era definitivo que para ese momento se caía el “Palacio de los Rebotes” como le llaman muchos a la hora de los conciertos.

Pasamos a una de las consentidas del  público, una canción que ha ganado fuerza con el pasar de los años y más cuando Enrique la pasó a su versión cabaret, me refiero a Alicia entrelazada con la que para mí es la canción que marca a Enrique Bunbury como letrista y descendiente de los textos de José Alfredo Jiménez, Infinito con la que nuevamente parecía que el recinto se nos caía encima y que hizo sacar el celular a muchos, yo en cambio lo había dejado en casa para evitar problemas.

Nos encontrábamos a la mitad del show y con esto llegaría la declaración de principios a la que Enrique llamó ”El hombre delgado que no flaqueará jamás” aunque yo de reojo observaba a un flaco por ahí a punto de caer. Terminada esta vino ”Si’‘ junto la desgarradora El Rescate y Apuesta por el Rock N’ Roll en la que todos disfrutamos cantando ”Si has venido a comprarme, lárgate” luego vino una fresca y más roquera versión de Lady Blue para seguir con Que tengas suertecita y así entrar en la recta final pero no sin antes pasar por el Tiempo de las Cerezas, aquel gran disco que unió a Enrique con su amigo Nacho Vegas. De dicho álbum salió No fue bueno pero fue lo mejor, como suele suceder muchas veces en esta vida, aunque claramente y para nuestra dicha esta no era una de esas ocasiones, de lo bueno salió lo mejor.

Así con un Enrique Bunbury notablemente agradecido y reflejándolo en sus gestos nos decía que estábamos llegando Al final aunque claro, no lo dejaríamos marchar tan fácilmente y fue aclamado para volver con No me llames cariño, la oscura y hasta tenebrosa El Jinete con la cual lo vimos hasta subirse en uno de los altoparlantes para así ver y manejar la marea de gente que él había desatado. Así llegaron las esperanzadoras Canto y Viento a favor que me hicieron pensar como Bunbury me ha dado una canción para cada estado de ánimo peligroso que he sentido y es que como decía otro grande, las canciones tienen que provocar el sentimiento de poder detener el tiempo y esto sucede cuando uno escucha una canción como La Chispa Adecuada que simplemente no importa cuántas veces la hayamos escuchado antes, porque al oírla en vivo y de boca de su creador sentirás como si fuera la primera vez, como si nunca antes hubiera sucedido.

Cabe destacar que para este concierto Enrique finalmente demostró que ya se encuentra en paz con su pasado, que las canciones de su antigua banda ya no le pesan o incomodan porque ahora su presente más que nunca pesa por sí solo y así daría fin a lo que fue una gran noche de música y Rock n’ Roll ibérico que serviría para saldar con creces la deuda que tenía el artista con nuestro país.

Gracias por la oportunidad de escribir nuevamente por acá y lo siento si fallé en objetividad y no resalté los puntos malos como el sonido o las filas para entrar pero es que he aprendido de esta vida de lo bueno y de lo malo, lo que admiro son las flores que crecen en la basura y cuando las cosas salen bien sobre la adversidad simplemente no me detengo a ver los puntos bajos.

Delirante y decadente pero con esperanza.

Servidor de Nadie.