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Mis dados siempre han estado cargados, es por eso que siempre caigo de pie en cualquier lugar a donde voy. Así es como caí en Madrid, corto de dinero, con un amigo peruano que quiere salir de “marcha” pero sin trasnochar.

Una noche de domingo, seco de cerveza, no pinta nada bien el asunto, el dueño de este pequeño club anuncia a la banda: Lucky Dados.

El público y el presentador no se ponen de acuerdo en como se pronuncia el nombre, ya saben, la idiosincrasia ibérica respecto a las leguas sajonas. Mi golpe de suerte, mi compañero ya puede irse a tomar Inka Kola si le place, Lucky Dados inunda este sótano con acordes que conozco.

La noche de Madrid se ha llenado de Rock n’ Roll.

Un contrabajo, una batería básica, guitarra y voz, son Carlos López, Carlos Mirat y Pedro Herrero respectivamente.

Una alineación básica que hace ruido por una orquesta, Lucky Dados me sorprende. ¿De dónde sale esta banda con la clásica alineación de inicios del rock pero con un sonido de fondo bastante más pesado?

Los “Dados” no son ni mucho menos una agrupación que nació ayer, se formaron para el 97, tienen dos álbumes firmados por un sello japonés, Revel Yell Music.

El concierto continua, con ritmos encadenados Lucky Dados da paso a una tonada tras otra, de entre el público invitan a una chica a cantar, rubia platinada.

La noche no escatima en sorpresas, con solo ver a la rubia me digo: “Tengo que saber de quien se trata”. Y cuando comienza a cantar ya no me quedan dudas sobre quien es la reina de la noche, esta princesa inmoral invitada por los “Dados”.

Unos días más tarde supe quien cantaba, Vinila Von Bismark, su rostro adornaba la edición española de la Rolling Stone.

A veces la vida se hace a base de certezas, yo en esa noche tuve dos, cuando Lucky Dados cerró su set con Vinila y tocaron a su manera Folsom Prison, pasando por Elvis Presley hasta a llegar a Smoke on the water, supe que estaba frente a una banda que había roto cualquiera de mis expectativas no más llegar a Madrid, y la segunda, tenía que tomarme unas cervezas con ellos.

Una semana después estaba con Pedro Herrero, Carlos López y Carlos Mirat tomando “cañas”, una tarde soleada de otoño.

Lo primero que me inquieta es el asunto de la escena rockabilly y Carlos López me saca de mis dudas:

“Aquí siempre ha habido una escena rockabilly, pero siempre ha sido muy underground, de cinco años a acá es que se ha puesto más de moda”.

Pedro Herrero añade: “Ahora esta más mezclado, antes estaba muy delimitado… ¿Qué ha pasado? Que la escena ha ido madurando y aparte el rockabilly se ha vuelto más popular”.

Yo en lo personal pienso que ha habido una vuelta en el rock como a las raíces, ahora todo mundo sabe quien es Johnny Cash y hace solo algunos años no hubieran tenido ni puta idea de quien era el hombre de negro.

“Acá hay de todos los gustos, gente que solo oye rock 50s, rockabilly mezclado con punk, nosotros, si has escuchado el concierto, verás que tenemos temas muy cañeros que rondan el psicobilly y tenemos temas que son casi country…” dice Pedro “Mezclamos muchos estilos por eso, somos una banda bastante ecléctica”.

No puedo evitar preguntarme de donde sale este sonido rockabilly pero con una base bastante más pesada de lo usual.

“Tenemos influencias pero como de un punk más melódico” admite Pedro y a su vez Carlos López me aclara: “Pero eso no evita que disfrutemos con bandas más pesadas”.

En ese momento tenemos un incidente en la barra, Carlos López se toma mi cerveza por error.

“Este siempre hace lo mismo” dice Pedro y Carlos me recomienda que amarre mi cerveza con la cadena de mis llaves.

Me repongo del lapsus, y me explican mejor de donde viene ese sonido, y es que aunque Pedro Herrero y Carlos López vienen del rockabilly desde siempre, Carlos Mirat es un baterista que viene más bien del rock pesado.

“De repente tienes a un pibe repartiendo papa en un modo hardrock”.

“Yo en realidad esto del rockabilly lo descubrí por Carlos” apunta Carlos Mirat “Yo soy más del rock”.

Claro, eso explica esa especie de rockabilly de poder, que no te permite quedarte, cuando lo oyes tienes que moverte un poco, porque la música te invita y no acepta un no como respuesta.

Carlos Mirat, el baterista resume muy bien: “Hacemos algo para moverle el culo a la gente”.

Y vaya que lo logran, el viernes de la misma semana asisto a otro “toque”, esta vez acompañado por varios amigos que no se duermen, es una taberna irlandesa.

El espectáculo cambia un poco pero mantiene la energía anterior, no quedan dudas que nos han hecho mover el culo.

De Lucky Dados no te cansas, cada vez quieres más y más rock and roll.

Vinila hace su aparición para entonar un set de canciones, no pierdo la oportunidad de hablarle durante el descanso, no falta quien quiera venir a tomarse fotos con ella, y a pesar de ello resulta ser una chica accesible, aunque es inevitable que me intimide un poco, y sin embargo ya tengo otra certeza, tengo que entrevistar a Vinila Von Bismark para Dossier Madrid.

Vinila and the Lucky Dados es una combinación explosiva que bien merece correr cualquier riesgo con tal de disfrutarlo, aunque Vinila te intimide con su sensualidad, aunque los “Dados” se tomen tu cerveza, esto es un asunto para gozarlo, que las noches madrileñas no terminan si no es cuando amanece.

El concierto vuelve a atacar, asisto a otra demostración de lo que es capaz de mover el rock bien ejecutado, una fórmula que todos conocemos, que Lucky Dados domina a la perfección dándole su propia textura, y es que si lo vemos bien, si se trata de rockabilly, ellos están jugando con los dados cargados.