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Tuve una experiencia musical que cambio mi vida para siempre.

Esa experiencia fue el descubrimiento de Dead Can Dance a inicios de los noventa, primero como un palpitar vital dentro de mi, asociado a los sonidos y ritmos de canciones cuya letra no entendía pero me transmitían una especie de melancolía trascendental.

Luego conforme fui masticando mejor el inglés, y entendí la poesía de aquella música, quede atrapado para siempre en su lírica, que hablaba de tristezas sin fin, angustias y una sed infinita por la vida, hasta sacarle la última gota.

Cuando en 1998 me entere de la separación de Dead Can Dance por boca de Ruth Infarinato en MTV (Cuando MTV era un canal de música y no de realities) pensé que la experiencia de saborear esos sonidos en vivo me quedaba vedada para siempre.

Hasta ahora…

Brendan Perry fue el vocalista y guitarrista de Dead Can Dance, banda de origen australiano que terminara por asentarse en el Reino Unido.

El proyecto originalmente estaba apoyado en la dupla creativa de Lisa GerardBrendan Perry, hasta la llegada de Peter Ulrich en Inglaterra por recomendación del director de sello 4AD que los firmaría hasta su desintegración.

Hago este paréntesis histórico porque creo que se ha invisibilizado injustamente el papel de Peter Ulrich en Dead Can Dance, que fue precisamente quien aporto las percusiones que le dieron ese tono étnico tan característico al proyecto.

Por otro lado también creo que Brendan Perry ha sido injustamente opacado por Lisa Gerard, quien tiene un registro tonal de otro planeta y nos hace pasar por alto que Brendan es un excelente compositor y tiene además una voz espectacular.

Sucede pues que Brendan Perry está promocionando su nuevo disco Ark, un trabajo exquisito, cuidado como sus dos discos anteriores, y quiso la diosa fortuna que el tercer concierto de su gira fuera aquí en Madrid.

Debo ser honesto, no he seguido con atención la carrera de Brendan Perry como solista, he estado más atento y Peter Ulrich y como mi padrastro es adicto a Lisa Gerard… pues la verdad estaba algo perdido respecto a que esperar.

Escuché el último disco, me gustó y me dije a mi mismo: “Talvez no toque nada de Dead Can Dance y está bien, Brendan tiene un trabajo suficientemente sólido para dejarse escuchar”.

Mi sorpresa fue cuando comenzaron los acordes de la tercera canción y reconocí una de las canciones que más me han conmovido, The Carnival es over.  Supe desde ese momento que esta era la experiencia que tanto había anhelado durante años.

The carnival is over
We sat and watched
As the moon rose again
For the very first time.

Fue un show austero de una hora y cuarenta y cinco minutos, donde la música y sus evocaciones primaron por encima de todo.

Supongo que debe ser algo difícil para quien no está familiarizado con el género, además la obra en solitario de Brendan Perry es intensa pero en una orientación todavía más ambiental que su música dentro de Dead Can Dance.

Para mi el concierto llenó todas mis expectativas, con canciones recientes como Dream LetterCrescent, hasta clásicos de Dead Can Dance como Don´t Fade Away, que me quiso sacar las lágrimas.

Don’t bring me down now
Let me stay here for awhile
You know life’s too short
Let me bathe here in your smile

Sin embargo debo admitir que no todo fueron rosas, la verdad la Sala Heineken de Madrid adolece de un muy mal sonido, y por otro lado creo que fui testigo de los peligros de lo digital.

No me refiero específicamente a cuando el ordenador se detuvo y con ello toda la secuencia de fondo, eso puede pasar como cuando a una guitarra se le revienta una cuerda.

Hablo que específicamente en este tipo de música la facilidad de la mezcla y las secuencias digitales también le restan parte de su encanto.

Claro que es más caro tener dos músicos más haciendo fondos percusivos o de sintetizadores, pero la verdad preferiría o que lo digital se hiciera sentir más o que el espectáculo fuera completamente acústico, pero ya sabemos, para gustos colores.

Yo debo admitir que quede con ganas de más, a pesar que Brendan Perry dio un concierto sin tregua al público, ya lo he dicho, no se limitó a su repertorio en solitario, nos regaló un repaso por toda su discografía con canciones como Spirit del Passage In Time que yo francamente no me esperaba.

Brendan salió una tercera vez al escenario, para finalizar el concierto con esa canción tan intensa como es  Severance, que cierra con la aquella maravillosa estrofa:

“Tomorrow’s child is the only child

tomorrow’s child is the only child”