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Por Busta (Colaborador de ArtStudio Magazine) / Fotos: Pablo Murillo

Lo usual, el concierto en el Jazz Café San Pedro empezó una hora después de lo previsto. No importa, porque tocaban dos de las mejores bandas que he visto.

Poper
abrió, justo después de la primer pieza hubo un problemita con el ampli de Lolo, que por fortuna se resolvió en 10 minutos.

Esta es la tercera vez que los veo desde que Franco ingresó en la batería, y tengo que decir que realmente se ha adaptado al grupo, las piezas suenan amarradas, dinámicas e intensas; un buen signo de esto es que tocaron una pieza nueva. Como es habitual Keisy los acompañó en Intro, Lololandia, Cero fashion, y Antitopo, y Andrés Calvo en la impresionante Fried Egg Brain. Las proyecciones estuvieron a cargo de Pablo Francheschi, vale resaltar que cuando Poper tocó Montaña las imágenes que acompañaron hacían referencia a lo catastrófica que es la minería a cielo abierto; por si alguien no entendió, Franco al final habló sobre Crucitas.

Hace tres años vino El Papo Vecino y dieron una serie de conciertos, yo quedé enamorado instantáneamente, ahora vinieron con disco en mano para tocar varias veces. Lo lamento por quienes se los perdieron, porque realmente es un grupo impresionante, y en comparación a su visita anterior se nota una evolución muy positiva, sus nuevas composiciones son de grandísima calidad técnica, pero además crean una atmósfera de intensidad que sumerge al espectador por completo. La banda posee una serie de influencias más que interesante y en principio disímiles tales como música de Spaghetti Westerns, Krautrock, Indie, Canción Popular Latinoamericana. Estas influencias son asimiladas de tal manera que las piezas resultantes no son meras copias, así por ejemplo Montaña Rusa nos hace pensar en Ennio Morricone y Stereolab, Los Amigos nos refiere un poco a Jeannette y a Blonde Redhead.