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Teodorico Quirós Alvarado nace en San José, Costa Rica, en 1897, el mismo año en que abre sus puertas la Escuela Nacional de Bellas Artes y se inaugura el Teatro Nacional. La niñez de Teodorico Quirós se desarrolla en un ambiente de auge en el desarrollo nacional, producto de la bonanza económica que vive el país como producto de las exportaciones del café. El gobierno ha logrado estabilizar la economía, ha desarrollado abundantes obras de infraestructura, la educación es una de las mayores preocupaciones, y los gobernantes liberales han tratado de convertir a la pequeña ciudad de San José, en una ciudad hermosa.

Teodorico Quirós procede de una familia que le proporciona una educación esmerada y lo introduce en las artes. Desde pequeño muestra inclinación por el dibujo, razón por la cual, su padre lo matricula, a partir de 1904, en clases con don Tomás Povedano de Arcos, el Padre Juan Koch y don Enrique Echandi.

De joven, Teodorico abandona el país en 1916 para estudiar en Boston. Durante el tiempo que permanece en el extranjero, se acerca cada vez más a las artes plásticas de vanguardia, y queda profundamente marcado por una retrospectiva del pintor impresionista español, Sorolla. En 1920 regresa graduado de ingeniero arquitecto.

Organiza las Exposiciones Nacionales de 1928 a 1936, conocidas como las Exposiciones del Diario de Costa Rica. Estas exposiciones fueron de vital importancia en el desarrollo de las artes plásticas nacionales contemporáneas, porque rompe con el esquema académico imperante y además, permite la introducción de nuevos estilos.

Teodorico Quirós fue Decano de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Costa Rica de 1942 a 1945. En este corto período introdujo cambios importantes en los planes de estudio, como el dibujo de la figura humana natural y la pintura al aire libre.

Quirós crea una vasta e importante obra pictórica del paisaje nacional que le ha merecido un lugar en la historia del arte costarricense. Como arquitecto fue responsable de proyectos públicos y privados. Construyó gran cantidad de iglesias, consideradas de gran valor arquitectónico. Fue uno de los primeros en preocuparse por la conservación de las obras arquitectónicas coloniales.

Los últimos años de su vida los dedica a la pintura. Muere el 27 de junio de 1977, después de haber recibido el Premio Magón, el más importante galardón que concede el país, por su contribución a la cultura.