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Stanley Kubrick nació en Nueva York el 26 de Julio de 1928. Su padre tuvo una gran influencia en él, era un médico que trabajaba en el barrio del Bronx. Su familia tenía un origen centroeuropea, su abuela era de ascendencia rumana y su abuelo era austro-húngaro. A los 12 años su padre le transmite su pasión por el ajedrez, del que es un consumado especialista y al que muchos atribuyen su meticulosidad y cerebralidad, y a los 13 años le regala una cámara fotográfica iniciando su pasión por la imagen; “Me enamoré de ese artilugio” confesó. Como casi todos los grandes genios, fue un mal estudiante, destacando tan solo en física. Se dedicaba a hacer fotos de sus profesores en actitudes extravagantes sobre todo de su profesor de literatura Aaron Traister, el cual le consiguió un contrato con la revista “Life”.


La prioridad de matrícula de los ex-combatientes y sus malas calificaciones le cierran el paso a los distintos “colleges”, pero a los 17 años empezó a trabajar para la revista “Look”; su foto de portada de un vendedor de periódicos entristecido por la muerte del presidente Rooselvet dio la vuelta al mundo. Hasta los 21 años se dedicó a viajar por toda Norteamérica siendo uno de los fotógrafos más prestigiosos y mejor pagados. En 1950, con 21 años, decidió hacer su primer cortometraje. Con la ayuda de $3.900 que tenía ahorrados de su trabajo como reportero, Kubrick hizo “DAY OF THE FIGHT ” con una cámara de 35 milímetros marca Eyemo que aprendió a manejar en una mañana que estuvo en la Camera Equipment Company. Burt Zucker, un empleado de esa empresa, le enseñó a empalmar, a cortar y a usar el sincronizador que alquiló él mismo. La película fue vendida a la RKO-Pathé por 4.000 dólares cumpliéndose el sueño de cualquier realizador primerizo; que su película fuera exhibida públicamente. Ilusionado por el éxito, realizó ” THE FLYING PADRE ” que, si bien no le reportó ninguna ganancia económica, le decidió a dedicarse por completo al cine. En estos años, Kubrick vivió de préstamos familiares y de torneos de ajedrez. Sufría un miedo increíble a volar, a pesar de que consiguió el título de piloto aficionado.

También siempre fue descuidado en el vestir, odiaba conducir y se consideraba un buen “gourmet”. Se casó a los 18 años con Tobe Metz y más tarde con Ruth Sobotka, bailarina de la compañía Balanchines City Center que realizó una breve aparición en ” KILLER’S KISS “, conoció a su última esposa, la pintora Christiane Herlan durante el rodaje de ” PATHS OF GLORY “.

Lo intentó todo con audacia anticipadora digna de un creador. En sus comienzos realizó un par de cortometrajes y de inmediato logró completar dos largos: “The Killing”(1956), que insertó en pleno apogeo del film noir, y “Paths of glory”(1957), única en su época. Su éxito artistico hizo que Kirk Douglas lo llamase para “Spartacus”(1960), de resultados desparejos. En 1962 con “Lolita” tomó la decisión mas audaz de su carrera, una de las más logradas adaptaciones literarias y complejas que haya dado el cine.

Dos años después se dedicó a potenciar los excesos propios con los de Peter Sellers en “Dr.Strangelove”.
Exiliado voluntariamente en Inglaterra desde los años 60, Kubrick evito contactos con el exterior y se dedicó al desarrollo minucioso de cada proyecto, al control obsesivo de cada producción, incluyendo la distribución, los doblajes en diferentes países , la publicidad. Siempre tuvo fascinación por las nuevas tecnologías que, sin embargo no lo volvieron más productivo ni original.

Con su film “A clockwork orange”(1971), se encontró nuevamente un poderío visual a la altura del libro de Anthony Burgess y desató una polemica sobre la responsabilidad de las imagenes, Kubrick dió una declaración de principios: “No creo que una obra de arte tenga otra responsabilidad que la de ser una obra de arte”. Pocos saben que éste film nunca estuvo prohibido en Argentina, su exhibición fue impedida por el propio Kubrick cuando se le informó que la censura local quería imponerle cortes.

Tanto “2001: A space odyssey”(1968) como “Barry Lyndon”(1975) y “The shinning”(1979) son películas innovadoras, pero como señala Tavernier, obras que parecen realizadas con la intención de distanciar a su espectador, evitando toda emoción humana. Esa frigidez funciona bien en el universo tecnológico de “2001”, pero a la vez es la cruz que las otras dos películas cargan mal.

La mirada de Stanley Kubrick se imprime de tal modo, que incluso en las áreas menos logradas, son firmes representantes de su tiempo. Las otras, las que tienen vuelo propio, bastan para que este realizador se ubique entre los maestros del cine.