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Votkinsk, Rusia 7/05/1840 – San Petersburgo, Rusia 6/11/1893

Nacido en 1840, en Votkinsk, trasladado pronto a San Petersburgo, con otra profesión de orígen, siente en la adolescencia la fortísima pasión que ha de centrarle en la música, de la que sólo había cursado leves estudios en la niñez; enseñanzas que reanuda cumplidos ya los veinte años. Siete más tarde, ya profesor del Conservatorio, compone su “Primera Sinfonía” y dos después “El Voivoda”, su primera ópera, en el Teatro Imperial de Moscú. En 1879 “Eugene Oneguín” que, con “La Dame de Pique”, en el 90, ascienden a los lugares preeminentes en una relación que se completa con otros siete capítulos. No muchos, cuando la fecundidad del artista en otros campos – en el sinfónico, la música de cámara y el ballet – es tan grande.


Protegido ampliamente por una muy adinerada viuda, madama Von de Meck, con la que establece comunicación gracias a Nicolás Rubinstein, serán dos largos lustros los que, a partir de 1881, pueda emplear el artista en realizar viajes, relacionarse con los círculos musicales lejanos a su país y, al decir de sus detractores, europeizarse, cuando es el hecho que el dominio formal, el respeto a normas imperantes no impide que brille, con sello y fulgor propio, el orientalismo de entraña en sus obras.

Tschaikovsky, muerto en 1893, poco después del estreno de la “Sinfonía Patética” víctima del cólera – con toda la secuela de comentarios gratuitos sobre maleficios y presentimientos – no es figura cuya producción pueda abarcarse en el breve curso de un comentario. Nunca más fiel al influjo de su país que en los ballets, en relación que pueden presidir “El Lago de los Cisnes”, “La Bella Durmiente” y “Cascanueces”, ni más cambiante, con lirismos de romanticismo acendrado y signos relativos de carácter nacionalista mezclados a otros períodos típicos, que en las óperas.

Tschaikovsky, con su amplia relación de seguidores, de Rachmaninoff a Shostakovicht, supone para muchos la expresión de un sinfonismo europeo, de un aliento más universalista en el concepto que en el contenido.

Quizá sea “Eugene Oneguín” la obra maestra del teatro por el firmada. La califica de “drama lírico íntimo”, porque se propone describir y reflejar fundamentalmente los caracteres de los personajes. Se inspira en un libreto de Pushkin. Desde el lento, obsesivo preludio, con un meláncolico tema en el que se mece la figura de Tatiana, sin duda la más entrañable y completa, la mejor servida con una larguísima, excepcional aria, nos sentimos captados por esta musica dulce, nostálgica, expresiva.

Más aún que en las páginas de conjunto que no faltan, y en las populares. Nada nos recuerda el Tschaikovsky de tintes melodrámaticos y largas parrafadas. Su afán es más íntimo, recogido y tierno. El argumento encuentra base en el gran amor que Eugene Oneguín despierta en Tatiana, cuando es presentado a ella por Lenski, prometido de su hermana Olga. El no responde a sus anhelos, huye , despues de herir de muerte a su amigo, celoso éste por la atracción que capta en Oneguín hacia Olga y por ello impulsor del desafío. Tatiana, pasado el tiempo, contrae matrimonio con un viejo hacendado. Cuando un día vuelve Oneguín, el amor persiste, pero el deber impone la renuncia y la partida sin esperanza de Oneguín.