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Toda la obra fotográfica de Man Ray puede definirse como fascinante y desconcertante a la vez.

Una imparable mezcla de invención, juego y goce.

No es difícil imaginar a Man Ray divirtiéndose realmente cuando fotografiaba, ya fuese con ese afán de alquimista en el que consistían sus rayogramas (fotografía sin cámara) o en esos desnudos fetichistas solarizados.

La fotografía se convierte en un mero pincel al servicio de su búsqueda de la belleza en lo cotidiano.’Hay tantas maravillas en un vaso de vino como en el fondo del mar’, que le dedicaría Paul Eluard.


Trata, como si fuese un pionero, de descubrir nuevos caminos en el mundo del arte, y tanto, que ha sido él, pintor, el máximo responsable de que la fotografía sea considerada como una de las bellas artes.

Intuitivo y emocional su obra se reparte entre bodegones y naturalezas muertas por un lado y retratos -de los personajes más significativos de la época que le tocó vivir- y desnudos protagonizados por mujeres fatales por otro.

Retratos que aparte de su valor documental, son concebidos como una reflexión cercana a lo psicológico del personaje, acentuando su tratamiento formal para acercarse a él.

Sus objetos, en los que podemos incluir los rayogramas, con composiciones muy estudiadas, transcienden de lo cotidiano para tomar vida propia y formar parte de un mundo onírico, en el más puro estilo surrealista, en el que las cosas no son lo que son. No se trata de fotografiar la realidad sino de recrearla.

Desnudos, casi teatrales, que nos presentan, en perfecto equilibrio, a mujeres llenas de atractivo sexual, pero que entran a formar parte de un juego compositivo.

Fotógrafo enigmático desde su nacimiento, no se sabe muy bien su apellido, hasta su muerte, ya que por su expreso deseo no se puede publicar su epitafio.

Para conocerlo deberemos viajar a París y en el cementerio de Montparnasse, aclarar el misterio.

En definitiva un fotógrafo peculiar. Trabajador incansable e inquieto, que ha dejado su influencia hasta nuestros días. De ello tenemos un ejemplo cercano en el fotógrafo madrileño Chema Madoz.

Emmanuel Radnitsky, hijo de inmigrantes rusos, nació en Filadelfia en 1890.

Su familia se traslada a Nueva York en 1897. Realiza sus estudios en la High School y La Escuela de Bellas Artes del Francisco Social Center de NY. En 1913 pinta su primer cuadro cubista, un retrato de Alfred Stieglitz. Se casa con Adon Lacroix y se bautiza como Man Ray. Conoce a Marcel Duchamp, que fué una figura relevante en su vida.

Compra su primera cámara con la idea de hacer reproducciones de sus cuadros. Con Duchamp participa en experimentos fotográficos y cinematográficos y en la publicación del número único de New York Dadá.

Su cercana amistad con él influyó respectivamente en el trabajo de ambos, resultando en una creativa colaboración. Impulsado por Duchamp, Man Ray se trasladó a París en 1921, y, con la única excepción de 10 años (entre 1940 y 1951) que vivió en Hollywood durante la Segunda Guerra Mundial, pasó el resto de su vida allí.

A su llegada a París conoce a Jean Cocteau que le acoge en su amplio grupo de amigos. Inventa los rayogramas. Conoce a Kiki de Montparnase con la cual vive hasta 1929. Se unió al movimiento Dadá y luego a los Surrealistas.

Poseedor de una fértil imaginación, y siempre al frente de las vanguardias, experimentó con todos los medios posibles: pintura, escultura, fotografía y películas.

Man Ray fallece en Francia en 1976 y es enterrado en el cementerio de Montparnasse.