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No son una agrupación de rock progresivo setentero, tampoco la alineación  de la selección británica de fútbol.

Son cuatro de los autores invitados a la Semana Negra de Gijón,  que además de hablar de sus obras ya publicadas nos han comentado sobre sus actuales proyectos y libros por venir.

Un suerte que no se tiene todos los días.

Joe Haldeman es el primero en tomar la palabra, en estos momentos escribe el tercer libro de una trilogía, titulado Earth Bound, y para sorpresa de todos los asistentes, nos comenta como lo está escribiendo en cuadernos de papel que encontró justamente con ese nombre.

“Pueden ver aquí el diseño de los personajes”

Nos dice, al tiempo que despliega su cuaderno frente a los ojos atónitos de los presentes.  En esta época de ordenadores y eficiencia, el trabajo artesano de Haldeman es un regalo a los ojos.

Continua David Wellington, el más joven de los cuatro, pertenece a una generación ya marcada por la tecnología, por la tarde en un encuentro con sus fans, comentara como la trilogía que lo ha hecho famoso,  Zombie Island, Zombie Nation y Zombie Planet, empezó como un cuento corto en Internet al que fue agregando entregas a petición de los lectores en la red.

La prueba definitiva que vivimos otros tiempos.

Wellington nos sorprende con una declaración inesperada, está escribiendo su próxima novela de vampiros aquí en la Semana Negra y espera poder terminarla antes que esta acabe, al tiempo que trabaja sobre Balas de Plata, su último texto con temática de hombres lobo.

Cuando Ian Watson toma la palabra nadie sabe que esperar, no solo es uno de los escritores más consagrados que visitan la Semana Negra, es también como mínimo el más carismático, con sus intentos por masticar el español y su fuerte acento británico cuando habla en inglés.

Watson nos suelta una pedrada:

“Porrrr ahorrra estoy buscando… un editor for mi last book”.

Como quien busca uno entre los presentes nos cuenta que su libro va de un futuro cercano pero uno de los protagonistas es un médico árabe del siglo XII.  Ruego porque el editor aparezca pronto.  Mientras tanto Watson confiesa que disfruta de escribir historias cortas en este momento.

Por último le toca la palabra Larry Niven, quien no se extiende mucho, actualmente trabaja en Mundo Game, sobre un juego que ocurre en la Luna y trabaja un libro en colaboración con otro autor, sobre un sistema solar en movimiento.  Niven es considerado un autor de ciencia ficción dura, así que sabemos que podemos esperar muchas ideas interesantes de estos dos proyectos en los que trabaja.

Zombies y Crisis

La conversación sigue la deriva de las intervenciones de los asistentes, de manera que surgen temas como el zombie como el monstruo oficial de la crisis.

David Wellington se muestra absolutamente de acuerdo con la afirmación:

“Los zombies no tienen el lastre histórico de los vampiros y los lobos.  Especialmente después de los atentados del 11 de septiembre y del 11M, todos tenemos miedo de nuestros vecinos, es el culto de la vigilancia”.

Alguien pregunta si todos los zombies son iguales, Wellington dice que hay zombies de todos los sabores y gustos, pero describe el elemento fundamental que articula al zombie:

“Son hambre personificada, devoran todo y ya sabemos cuales son las consecuencias…”

Sci Fi, literatura de los períodos de crisis

Por segunda vez Ian Watson se decide a movernos el piso a los presentes, se plantea que la ciencia ficción es un género que florece de la mano de los períodos de crisis y Watson nos dice sin dudarlo:

“No creo en la crisis.  Occidente es una paraíso, hay desempleo, si, hay contaminación, si, hay problemas.  Si comparamos esta situación con el tercer mundo esto es un paraíso.  Disfrútenlo, porque se va a acabar…”

Larry Niven no es menos tajante cuando afirma seguidamente:

“Siempre hemos estado en crisis de algún modo”.

La conversación continúa con Joe Haldeman hablando de un texto que ha escrito, sobre un mundo de ocho mil millones de habitantes, que se queda sin energía, de manera que se espera que mueran siete mil millones de personas que además se convertirán en alimento del los sobrevivientes.

Con un argumento así se nos vuelve claro que la relación entre los períodos de crisis y la ciencia ficción estriba en que nos permite el distanciamiento necesario para cuestionarnos la condición humana en épocas de crisis.

Inventar mundos y situaciones al extremo, el ejercicio de hurgar en los monstruos de nuestro imaginario, mantienen siempre vigencia literaria pues nos permiten confrontar nuestra propia circunstancia.