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por Paola Valverde

Los animales nocturnos salen de sus trincheras, abren los ojos a la luz de los faroles que alumbran la ciudad taciturna y comienzan a leer sus penas transformadas en lírica…

Es complaciente saber que el arte poético se difunde y crece con mucho arraigo por el territorio costarricense. Poetas como Alfredo Trejos, Alejandro Cordero, Jeanette Amit, Paula Piedra, Axel Rodríguez, Alejandra Castro, Luis Chaves y muchos otros hacen de la pluma un vicio y lo demuestran de la forma más pura en sus escritos.

De un tiempo acá el número de lunadas poéticas y actividades artísticas ha aumentado tenazmente. Los encuentros literarios y la formación de talleres se han expandido a lo largo y ancho del territorio nacional.

Algunos nombres como Libertad bajo palabra, el Círculo de poetas costarricenses, el taller Francisco Zúñiga, La merula del mango, entre otros, han figurado y ayudado al desarrollo de verdaderos estandartes de literarios que hoy fluyen libres por las cuantiosas obras inéditas y libros que despliegan una labor infalible en manos de los acreedores de la palabra.

Los recitales de poesía se han refugiado en distintos sectores del país; por ejemplo, la Casa de Cultura Figueres Ferrer, gracias a la gentileza del Señor David Gutiérrez, director de la sede, presta su espacio para que los últimos jueves del mes se realicen lunadas poéticas a cargo del poeta colombiano Armando Rodríguez; asimismo lo hace el Centro Cultural de España, El Centro Cultural de México, y las diversas casas de cultura que se encuentran en todas las provincias del país. Muchos lo hacen por expulsar las penas, los ideales y las verdades que les embarga.

Otros escriben porque encuentran en la literatura un puente de emociones que les permite ahondar en rincones jamás hurgados por la esencia humana. Herméticos, cotidianos, realistas, románticos, oscuros y revolucionarios se unen a una lucha incesante por alcanzar la expansión de sus poesías.

La vida del poeta no es un camino fácil, lo hemos visto a lo largo de los años; a esto decía Borges en uno de sus textos, “me crucifican y yo debo ser la cruz y los clavos…” Un día le preguntaron a Alfredo Trejos si su profesión dejaba para vivir y él soltó una risa casi muda para responder que su profesión dejaba para morir. La poesía ha sido ardua en Latinoamérica, así lo recalca la historia de varios que inclusive han acabado sus condenas con la muerte. Pero hay de todo, los famosos, los esclavos que nunca han osado enseñar sus escritos, los pobres, los ricos, los encarcelados…

Es importante apoyar a los creadores a quienes el aclamado poeta chileno Vicente Huidovro llamaba –El pequeño dios-, haciendo alarde a la labor tan intensa de tejerse a las imágenes e innovarlo todo. Hay que escucharlos para sentir la pasión que les fluye como surcos por el pecho; hablarles para entender sus franquezas inventadas y leerlos para vivir desde sus versos los desvelos que en ellos habitan.