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Por @_pellucci

Muy pronto la enfermedad comenzó a causarle problemas a Peluchi. Sufría el calor como un perro siberiano, el peluche se le percudía en pocos días y bañarse era someterse a un proceso delicado. Sumergía su cuerpo en una amplia bañera y se quedaba en remojo con poderosos jabones durante un período humanamente insoportable. El secado sólo era posible en el patio y cuando los días eran soleados. Su cuerpo pesado, cargado de agua, se escurría lentamente mientras leía a la intemperie para matar el tedio de la inmovilidad.

También Patas Frías incurría a menudo en prácticas desafortunadas por su reñida lucha por la existencia. Comía poco y hablaba aún menos. Pensaba mucho o simulaba hacerlo, sumergiéndose en soledades espesas. No le interesaba participar, aunque siempre anduviera por ahí; su modo de ser era andar por ahí. Eso lo había hecho bastante sabio pero poco operativo.

El Flaco era pálido, muy flaco, alto y socialmente callado. Sus extremidades estaban constantemente frías, sobre todo las inferiores. Al acostarse por las noches sentía los pies helados y buscaba, tras recurrentes embates de resignación, alguna estrategia para calentarlos. Como además padecía prolongados insomnios el descanso se tornaba interminable, con la mente despierta y conciente de sus extremidades muertas.

Era joven y listo,  pero sus raptos de inteligencia eran aislados, tan aislados que perdían sentido hasta desconectarse de la realidad. Le gustaba la noche mientras no tuviera que dormirse en ella. Dormirse era definitivamente un problema.

Si te la perdiste, Peluchi y Patas Frías Parte 1.

Continúa con, Peluchi y Patas Frías Parte 3.