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por Yesenia Masís

“Yo rescato… sentimientos, más que pensamientos. Son sentimientos que todos experimentan y pocos expresan o que, nada más, se quedan moribundos. Yo no dejo que esos sentimientos mueran…” (Fragmento de entrevista con La Nación, 2001)

Así es Paola Valverde… hoy, a sus 19 años y luego de una precoz carrera en el mundo de la poesía, reconoce con toda seguridad que su pasión está en expresar lo que otros callan, con la ayuda de sus más fieles cómplices: la pluma y el papel…

Nació en 1984, en San José, Costa Rica, y desde los once años, comenzó a escribir composiciones escolares, y a ir afinando poco a poco sus destrezas en el arte de descodificar el mundo cotidiano, a través de un lenguaje capaz de expresar las más profundas emociones y las más lívidas sensaciones de las que se constituye la vida humana.


Con gran empeño y entusiasmo, Paola desde niña vio cultivado su interés al ser partícipe de talleres literarios que le ayudaron afinar cuidadosamente su pluma, para hacerla entrar en absoluta sintonía con las ideas que iban dando forma a sus trabajos. Gracias a ello, en el 2001, siendo aún una adolescente, Paola publicó su primer libro de poesía en prosa al qué tituló “Sombras y Perfiles”, no obstante, dos años antes ya había sido parte del libro Realidades y Ficciones con su cuento “Caracolas en el Camino”.

Pero esto no es todo… Paola Valverde no se ha dedicado nada más a atesorar sus éxitos o compartirlos solamente con las élites, sino que ha enaltecido su arte haciéndolo llegar hasta donde sus sueños se lo permitan… Así, desde el año pasado, abrió un espacio de arte y literatura en el Centro Penal La Reforma, asiste continuamente a deleitar a los presentes con su poesía a los recitales que se llevan a cabo en El Candil en San Pedro o en el Cuartel de la Boca del Monte en San José, la Librería de la Universidad de Costa Rica y San Carlos. En este momento, invierte buena parte de su energía en su nueva obra que llevará por nombre “El Suburbio de los Pulpos” y que espera ofrecernos para el año que se avecina.

Por ahora, y para el deleite de los lectores de Art Studio Magazine, les traemos una primera entrega con algunas poesías de Paola que retratan su ser artístico con detallada exactitud.

De prosas y verdades

Una línea descalza dibuja el raso del papel que hojea espirales frente al diván; muchas páginas de mi diario han penado ya el lumbre posado sobre la

chimenea… todas las ideas se descuartizan en el basurero.

Y yo, murmullo en la poesía de un meollo quebrantado. Tan bella,

inexorablemente bella, copulando estrofas en el blanco de un pensamiento

magro.

He untado tantas veces mis manos en el olvido, la tristeza me embarga, pero

aún así sigo siendo hermosa, los años no delatan que mi cuerpo se ha

cansado de fingir espasmos a la extremidad barata de lo ajeno…

Los cauces deforman la pared que respira el llanto celeste de las golondrinas.

Se suicidan diariamente un par de gotas sobre la ventana. Y el gato siempre estéril, fosilizado por el tintineo agobiante que desea traerse el techo a los orígenes de Eva.

¿Cuantas veces habré cambiado de refugio para matar los demonios

clandestinos que osan simularme apego en las orillas esbozadas por sus

lenguas de fuego? ¿Cuantas veces habré sido yo quien lapide un sueño?

Hoy renuncio a mi infortunio, hoy me uno con mis venas para verme fluir

en otro color que no sea opaco…

Simplemente Yo…

Yo, simplemente yo, formando parte de la tierra, alimentándome de injusticias, estudiando la vida, estando tan sola… aquí.

Yo, un ave en cautiverio, un amanecer opaco, llena de errores, defectos y

virtudes. Yo, la causa, la culpa, la que logra que se pinte en tus labios una

sonrisa.

Y es que a pesar del destino que se rompe en mil pedazos, todavía existen ilusiones y fantasías encerradas en corazones de niños que corren libres por

el campo, esos que aún no pierden la inocencia… porque hay los que tienen hambre y frío y ven a sus pueblos morir. Otros ya no sueñan, ya no, no aman y se niegan a llorar, les duele el alma, sus últimas lágrimas se han ido

consumiendo en pequeñas dosis de agresión, de polvos blancos y

sustancias tóxicas que los hacen volar a un cielo que se desmorona poco a

poco…

Yo, la mujer fuerte, la que lucha, la que no se deshace pero tiene miedo.

Yo, que aprendí a palpar el mundo desde tus manos y que, egoístamente, vislumbra un futuro perfecto a tu lado.

Yo, que olvido el sufrimiento, que ignoro el mundo y no pienso en el pasado.

Yo, la que se ve más bella junto a ti, la que te mata y resucita.

Yo, simplemente yo: nada. La que no es nada, la que hoy quiere cambiarlo

todo, la que solo podría amarte.

Yo, la que estuvo un día en la otra orilla de tu océano. Tú, el que hizo lo

imposible por llegar a mí.

Y será solo ahí, cuando ambos cerremos los ojos y expiremos un suspiro

eterno, que formaremos parte de ese inmenso mar. Sólo ahí seremos algo.

Y yo, ya no seré simplemente yo, la que te ama.