Rastros de pampa en la literatura argentina

Publicado el 5 abril 2010 | por ArtStudio Magazine | Literatura

por Federico Rosso, periodista y escritor argentino, colaborador de ArtStudio Magazine

La pampa argentina es un territorio dilatado y excepcionalmente plano, que abarca buena parte del territorio nacional, con predominancia en las provincias centrales. Presenta una imperceptible pendiente hacia el éste, hacia donde discurre hasta confundirse con la continuidad de los grandes ríos o la monotonía del mar. Parafraseándola, la literatura argentina la enuncia, la describe, la explica y hasta se mimetiza con ella, extensamente también.

Ha sido -y en la actualidad continua siéndolo- el motor de la economía y gran parte de la simiente cultural de este país. De su desmesurada geografía surge aquel sujeto indómito que Domingo Faustino Sarmiento repudia en “Facundo” y que José Hernández humaniza e integra en “Martín Fierro”, el gaucho.

Pero más allá de las polémicas de naturaleza política, es curioso reconocer como su curiosa inmensidad no sólo queda retratada, sino que es tema principal en buena parte de la literatura vernácula. Jorge Luis Borges, Macedonio Fernández, Adolfo Bioy Casares, Ricardo Piglia, Antonio Di Benedetto, Juan José Saer, para citar algunos de los contemporáneos que la incluyen en su prosa.

Así Borges, en su magnifico cuento “El Sur”, Cuando Juan Dahlmann viaja en tren hacia esa dirección cardinal en busca de su “Estancia”, observa que en “el campo desaforado, a veces, no había otra cosa que un toro”.

Esa visión literaria de una geografía tan ligada a la patria atraviesa una multiplicidad de lecturas, destacándose el aislamiento, la soledad y hasta la locura. Juan José Saer la expone con justeza en “Las nubes”, cuando un contingente de personajes con patologías psicológicas emprenden, junto a sus guías y doctores, la travesía que une la provincia de Buenos Aires con la de Santa Fe, rumbo a la primer clínica psiquiatrita de la república, atravesando esos vastos y hostiles territorios, apenas al iniciarse el Siglo XIX. La locura encuentra entonces un lugar inmejorable para sus andanzas y gracias al deterioro producido por los avatares del viaje gana terreno en el contingente, al punto de que llega ser ella misma, y no ya la cordura, la que dirige y la que manda.

En “Zama”, Antonio Di Benedetto también erige como escenario a este fértil y enigmático paisaje y sitúa en él el final de su novela. Abatido por las hostilidades de la llanura que con su continuidad monótona y constante se impregnan y corrompen el temperamento de sus personajes, Diego de Zama concluye su penosa aventura y sucumbe ante una expedición en busca de un maleante que en ella se oculta, tan en ella que al final en ellos mismos; y en ella todos viajando a ningún lugar, haciéndose el paisaje algo interno y propio, como una angustia común pero no compartida, solitaria.

La soledad era perfecta y tal vez hostil, sentencia Borges para explicar lo que siente Dahlmann al reencontrase con la geografía de su infancia. Denunciando otra variable frecuente ante la inmensidad, el sujeto descarnado, sin futuro, sin pasado, en el presente y desprotegido, como un animal más.

Pero tal vez sea en el “Facundo” de Sarmiento, obra de excelsa calidad literaria y paradójicas lecturas políticas, donde la pampa aparece mejor descripta. Los  trastornos que produce su inmensidad -que queda repetidamente evidenciado en las ficciones que le preceden- la desidia ante el destino que trasmite a sus habitantes, así como las destrezas que estimula en el arte de orientarse en ella, dominar sus bestias o  protegerse de los peligros que se ocultan en la desnuda infinitud de su paisaje, sobresalen en su prosa magistralmente poética.

Grandes extensiones despobladas, lisas y fértiles, gran tema de la economía y la política, la llanura pampera impregna a la literatura Argentina, como a quienes en definitiva, rodeados de ella la habitaron y la habitan. El mal que aqueja la república argentina es la extensión… triunfa la pampa y ostenta su lisa y velluda frente, infinita, sin límite conocido, sin accidentes notables: es la imagen del mar en la tierra… puede leerse en las primeras páginas de “Facundo”.

Incluso ha llegado a discutirse si la denominación de “pampa” no es más que una construcción de la literatura, ya que escasamente algún habitante real la denomine de esa manera. Ya que escasamente podamos toparnos con un habitante real que así la enuncie y la entienda, porque vive en el plano real de su inmensidad sin salida.

Sin embargo, en un sentido más poético, quizás fuera Borges quien mejor la interpretara. La llanura, bajo el último sol, era casi abstracta, como vista en un sueño. Y hacia el final de este cuento, “El Fin”, escribe: hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos y es intraducible como una música.

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2 Responses to Rastros de pampa en la literatura argentina

  1. Mario says:

    Muy buena descripción, aunque quien no la haya atravesado dudo que llegue a comprender completamente su inmensidad.

    Saludos

  2. Laura says:

    De hecho la literatura te ayuda a conocer pero no a comprender lo tranquila, amplia y extensa que es, que en algunos casos puede ser muy lindo o muy triste.

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