Arte Costarricense
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Niñometraje


por
Paola Valverde
Colaboradora
Art Studio
Magazine

Joshua soltó mi mano y corrió. Como el parque era cerrado no me preocupé de ciertas amenazas, sin embargo, debo confesar que nunca lo perdí de vista. Cata lo siguió despacio, daba tres pasos y volteaba para cerciorarse que aún me encontraba allí, sosteniendo la muñeca. No me senté, no leí mi libro de Albert Camus. A veces caminaba detrás de ellos y en el tanto que la tarde se despintaba, los zanates afinaban y desafinaban las ajustadas gargantas de la ciudad. La noche es un ala de pájaro negro que cae abatido sobre el árbol, pensaba. Tanta belleza en seres de inferior tamaño, en los ojos pequeñitos de Catalina, en el pez verde que los recorre.

No, esta vez no puedo escribir un poema, me decía. Demasiado con los dos, demasiados autobuses, bar de una esquina, escuela metálica al fondo y excremento de zanates. El cuadro urbano me gustaba, un señor cargaba su maleta con papitas tostadas, pero ya no gritaba para venderlas, se acababa el día, se iba de paseo. San José nunca será un pueblo fantasma y sonreía con tantas ocurrencias que no entraban ni entrarían jamás en un poema.

Siguieron explorando el parque. Joshua se paraba debajo de los árboles, mira Cata, querría haberle dicho, son muy lindos esos pájaros. Pero Joshua tampoco podía hablar, ni poetizar el ambiente con palabras inexistentes. Ahora era sólo lo que había frente a él. Ninguno dijo nada, ellos siguieron corriendo, yo seguí tocando la portada de Camus. No los perdía de vista, no me sentaba.

La señora que había llegado primero que nosotros se había ido primero que nosotros y regañaba a sus hijos de camino a casa. Así es que yo me comportaba como un ángel que escuchaba los pensamientos y que en algún filme llamaron Cassiel. Cata sonreía al verme, me decía gracias sin mover los labios. Yo le acariciaba el pelo de vez en cuando, porque el cariño que no cabe en las manos, debe salir, convertirse en abrazo.

Chicos, les hice un gesto, debemos irnos. Los dos me tomaron con fuerza, teníamos que cruzar la calle y caminar varias cuadras hasta el carro. Una bombeta hizo que la tierra retumbara. Joshua volteó en cámara lenta y alzó el dedo índice. Tía parecen estrellas negras...

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