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por Juan Pablo Morales Trigeros, colaborador de ArtStudio Magazine

Borges fue, además de un gran escritor, un extraordinario lector- incluso hay quienes piensan que será por esa faceta su verdadera posteridad…

José María Espinasa

Que otros se jacten de las páginas que han escrito;
a mí me enorgullecen las que he leído

Borges, Un lector

Hablar de Jorge Luis Borges en su faceta de escritor es llover sobre mojado. ¿Qué no se ha dicho ya de este hombre y su escritura? Claro que aún quedará mucho por decir, pero aún así, es bastante lo que se ha comentado y vale la pena rescatar otra faceta en la que este “argentino perdido en la metafísica”, como el mismo se calificó una vez, resultó ser también un caso excepcional: como lector.


Borges fue un hombre de vastísima literatura. Se suele decir “de vasta cultura”, pero eso yo no lo puedo asegurar. Lo que sí es un hecho es que leyó tanto como tal vez muy pocos han leído. Basta ver el índice de su “Biblioteca personal”, en la que incluye los prólogos que elaboró de sus libros favoritos: La inteligencia de las flores, de Maurice Maeterlinck, El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati, Los monederos falsos, de André Gide, Matemáticas e imaginación, de Edward Kasner y James Newman, Cuentos de Ise, de Ariwara no Narihira, Los nueve libros de la historia, de Herodoto… y así continúa la lista en una colección de títulos de los más variados temas, géneros (literarios y no literarios) y procedencias. Narrativa, poesía, ensayo, filosofía, historia. Todo pasó frente a sus ojos, e incluso consta que luego de perder la vista, Borges continuó leyendo, o más bien, escuchando, pues solicitaba a sus allegados que le leyeran en voz alta. Cabe resaltar también que muchísimos de los autores de esos libros son muy raros, realmente desconocidos para la gran mayoría de lectores promedio.

Lo mejor del caso es que Borges no fue simplemente un lector de paso, sino que a partir de sus atentas lecturas y relecturas produjo grandes ensayos críticos, como los que llenan las páginas de “Inquisiciones” y “Otras inquisiciones”, donde comenta la obra de escritores como Wells, Coleridge, Dunne, Pascal, Hawthorne, Valéry, Wilde, Kafka, Keats, Shaw y muchos más. Criticar una obra, y más aún a un escritor, requiere una lectura reflexiva de los textos, lo cual revela que Borges leyó todo lo que leyó de esta manera. No es simplemente pasar los ojos sobre las letras, sino asimilar y comprender y, si es posible, como en este caso lo fue, producir a partir de esa comprensión.

En algunos casos, Borges produjo ensayos críticos y en otros, nueva literatura, como consta en el epílogo de El Aleph, donde afirma que el cuento “La otra muerte” “es una fantasía sobre el tiempo, que urdí a la luz de unas razones de Pier Damiani”. Damiani es un doctor de la Iglesia, quien reflexionó sobre las posibilidades de la influencia divina sobre el tiempo. Borges lo leyó y a partir de sus razones ideó el argumento del cuento mencionado. Casos como este son abundantes en su obra. Otro aspecto que se encuentra repetidamente en sus páginas es la mención, ya sea mediante epígrafes o directamente dentro del texto, de autores u obras específicas. En el mismo cuento “La otra muerte”, se hace mención del poema “The Past” de Ralph Waldo Emerson. Así mismo, en el cuento “La espera” el personaje Villari acomete la lectura de la Divina Comedia. Con estas alusiones, además de mostrar su gran erudición literaria, Borges crea curiosidad en sus lectores, quienes usualmente acudimos a la obra mencionada para conocerla y no quedarnos con las ganas.

En alguna ocasión leí un foro en internet donde se preguntaban si Borges habría leído El Señor de los Anillos, puesto que se sabe que leyó, al menos, la trilogía cósmica de Lewis.[1] Es interesante como se especula sobre la posibilidad de que Borges no haya leído un libro, como si los que se escaparon de su escrutinio fueran muy pocos.

En síntesis, si la prosa refinada y pulida de Borges, en la que no parece faltar ni sobrar una sola palabra ni un solo signo de puntuación, es un modelo y una inspiración para las nuevas generaciones de escritores, igual lo es su curiosidad de lector para todos aquellos que deseen adentrarse en las diversas literaturas que el mundo ha concebido. El mismo Borges estaba convencido de su calidad como lector: “No sé si soy un buen escritor; creo ser un excelente lector”, afirma en el prólogo de su “Biblioteca personal”.

[1]Esto consta en El libro de los seres imaginarios, el cual escribió Borges junto con Margarita Guerrero. En dicho libro, aparece un apartado titulado “Un animal soñado por C.S. Lewis”, el cual no es más que un fragmento del libro “Perelandra” de Lewis, segundo volumen de la “Trilogía Cósmica”. La aparición de este fragmento sugiere la lectura de Borges de al menos parte de la obra de Lewis, lo cual pudo haberlo dirigido a la de Tolkien.