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Por Federico Rosso, periodista y escritor argentino, colaborador de ArtStudio Magazine

Ya sabemos los lectores lo que significa encontrase con la buena literatura, quizás existan pocas cosas mejores, y para los verdaderos nada. Ricardo Piglia lleva sus novelas a ese extremo exclusivo, solitario y final, donde la  vida se diluye perfectamente con las letras. Cómo se lo describe, antes que un buen escritor Piglia es un excelente lector, un lector empedernido, un lector puro, como el mismo lo define en su libro “El último lector”, literatura que recorre sin prejuicios su propia biblioteca y analiza la parte menos estudiada de la cuestión: el arte de leer.

Para hablar con justicia de su última novela “Blanco Nocturno” hay que esbozar, al menos, parte de una tradición que lleva mucho esmero, además del talento, conocimiento y una respetuosa continuidad con sus “mayores”. Piglia, justamente y cada vez que tiene oportunidad, abre la puerta de tradiciones clausuradas de las letras argentinas o, mejor dicho, se atreve a abrir las puertas siempre un poco herrumbradas de las tradiciones. Porque no es un borgeano dogmático (para marcar un extremo), pero sigue esas pulcras líneas de Borges, porque no es un acérrimo seguidor de Roberto Artlt (para caricaturizar también el otro), pero lo reaparece en la parte más enredada y sucia, en la discusión de café- periodística, que siempre trae consigo también su prosa.

Desde “Respiración Artificial”, su novela insigne, hasta “Plata Quemada”, que llegó estupendamente realizada al cine por Marcelo Piñeyro, o “La ciudad Ausente” de los más bajos y sentidos fondos de la literatura, Piglia escribe con mucha responsabilidad, no sólo estética, sino también ética. Hoy, en el nuevo mundo de la falta de ideas o de la demanda de contenido, un escritor como Ricardo Piglia debería tener más que nadie la palabra y no así tanta reversión pictórica latinoamericana. Su prosa, en cambio, siempre avanza y entretiene con altura, al tiempo que nos involucra en una urdimbre de intertextualidades –mejores para los lectores avanzados- replanteamientos, reflexiones y una pista siempre abierta, quizás la misma que él desconoce y deja a la suerte de las múltiples confrontaciones con el lector, confiando que alguno de ellos, secretamente, la cerrara.

Profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Princeton, parece no poder abandonar esa posición pedagógica, pero por sobre todas las cosas, esa pasión inconfundible por la literatura, esa búsqueda incansable de narrar mejor que los mejores, esa manera elegante de entrar por la puerta de atrás dónde la academia irrumpe torpemente con sus puertas pesadas y grandes, ese íntimo regocijo de los ocultos jardines de las letras: literatura hecha y derecha.

Entonces cuando uno lee a Piglia recoge lo mejor de los géneros y las tradiciones, no sólo con citas o registros evidentes, sino con formas adquiridas ya en su estilo ecléctico que involucra lo catedrático con lo arrabalero, el bajo mundo con la alta sociedad, el periodismo con la literatura, la mentira con la verdad; el puro arte de narrar mundo.

“Blanco Nocturno” regresa al tradicional tema de la aristocracia rural sudamericana, pero lo hace según el siempre lucido y particular abordaje de Piglia de incorporar elementos tan disonantes como, en este caso, un puertorriqueño asesinado en un pequeño hotel de un pueblo perdido en la pampa Argentina. En ese escenario, entrar al policial negro es un lujo de lectores bacanes, que Piglia alimenta con unos pocos ribetes pictóricos y colma perfectamente con grandiosos e inquietante  personajes al filo de las increíbles realidades de un país tan peculiar como la República Argentina.

Piglia vuelve a la amplitud enloquecedora y la soledad de la pampa, pero en sus pueblitos apacibles habitan ahora personajes más reales aún que los de carne y hueso, con sus crímenes y mezquindades.

Una radiografía inmejorable de las micro sociedades mezquinas y sus señores feudales va apareciendo en esa claridad de la noche a campo abierto que determina el nombre de la novela. Blanco Nocturno es la lectura ideal para el lector insomne, porque es la lectura que el propio Piglia parece utilizar para alumbrarse un poquito a si mismo en las penumbras de una tradición de la literatura argentina.