The Catcher in the Rye es uno de esos libros de los que generan interés pero que no se ven todos los días en cualquier librería. La obra de J. D. Salinger es una de esas que provocan discusión, que crean polémica y que hacen revivir la comezón sobre que debe y no debe ser leído, cuando y por qué. No sólo en las esferas institucionales e intelectuales estadounidenses ha inquietado este libro; además estuvo involucrado en uno de los asesinatos más sonados del siglo veinte. Holden Caulfield se convirtió en el héroe y estandarte de toda una generación de jóvenes estudiantes de secundaria y universitarios en los 50’s y 60’s. Sin duda, la historia es digna de ser leída, sin embargo el valor que se le quiera dar depende de que tanto convenza la incesante búsqueda de Holden. No obstante, antes de internarse en esa búsqueda, es bueno conocer un poco más a fondo al autor.
Jerome David Salinger nació en la ciudad de Nueva Cork un primero de enero de 1919. Su padre era un respetado comerciante. La mayor parte de su formación académica la realizó en centros de enseñanza pública. Algunos de sus antiguos maestros lo calificaron como un estudiante promedio, tímido, respetuoso y algo introvertido. En 1936, concluyó sus estudios superiores en la academia militar Valley Forge. Poco tiempo después inició su carrera de escritor. En 1942 fue llamado al ejército donde se especializó en contra-inteligencia. Formó parte de las fuerzas aliadas y participó en las operaciones del célebre Día-D. Luego de regresar de la guerra, siguió un auto impuesto proceso de aislamiento social. De hecho, la repentina atención pública que le trajo su libro lo hizo mudarse a Cornish en New Hampshire. Publicó su obra cumbre en 1951. Los otros libros que tiene a su haber son: Nine Stories (1953), Franny and Zooey (1961) y Raise High the Roof Beam, Carpenter and Seymour: An Introduction (1963). Contrajo matrimonio en 1955 y tiene dos hijos. Actualmente continúa ausente de toda actividad social y es conocido solamente en círculos literarios.
Volviendo al libro, como mencioné anteriormente, lo de Holden es una búsqueda. En unas, es cazador y en otras guardián; siempre está moviéndose, quejándose mientras ve lo simplón de las cosas. Si no, anda cayéndose, tocando fondo, especulando sobre patos en lagunas congeladas durante el invierno. El viaje de este adolescente (y qué bien que le sienta el sustantivo) siempre parece ir en picada, oscureciéndose cada vez más. Holden inicia lo que se convertirá en su “dark night of the soul”.
El hilo conductor de la trama no es muy claro ni lo bastante puntualizado precisamente porque el narrador pasa sumido en su corriente de pensamiento durante todo el libro. El detalle de que el mismo Holden nos narre su pequeña epopeya neoyorquina prenavideña hace que el discurrir de los eventos sea muchas veces poco claro y algo tortuoso. De hecho, esta característica y el que el libro no sea tan corto es considerado por algunos críticos un punto en contra de Salinger.
Una reseña más detallada de The Catcher in the Rye vendría bien para entender mejor sus recovecos y tal vez demostrar de unas vez por todas que Holden no tiene nada que ver con la muerte de Lennon.
Todo comienza al final del curso lectivo de Holden Caulfield, un adolescente atípico, en la preparatoria Pencey en Agerstown, Pennsylvania. Este muchacho prefiere la laxa inocencia de un niño a cualquier cosa que pueda conceder la adultez. Cuando ya reprobó varias materias y su salida de esa institución es inminente. Luego de despedirse y decepcionarse del señor Spencer, profesor de historia, parte a Nueva York a pasar unas noches solo. En su última noche allí recibe la desagradable visita de un estudiante llamado Ackley y luego es golpeado por su propio compañero de habitación Stradlater. Precisamente, es debido a que Stradlater sale con una amiga de la niñez de Holden, Jane Gallagher, que ambos terminan dándose de golpes. La disputa adelanta la salida de Caulfield de Pencey esa misma noche.
Holden toma un tren y parte hacia Nueva York donde su familia ha vivido toda su vida. Al llegar, consigue una habitación en el Hotel Edmont. Es en este lugar donde vive algunas aventuras incluyendo una noche de baile con tres tontas turistas y un muy extrañó encuentro con una prostituta. Justo después de departir con la prostituta, Holden le pide que se vaya sin pagarle por sus servicios. Aun cuando Holden le pagó por el rato que lo acompañó, aparentemente no fue suficiente y es entonces cuando recibe una paliza más de manos de Maurice, el elevadorista.
Dos noches son las que pasa el protagonista en la ciudad siempre inmerso en la embriaguez y la soledad. En este tiempo se topa con un viejo conocido, Carl Luce. Además tiene una cita con una algo inconsistente novia, Sally Hayes. Sin embargo, ambos reencuentros hacen sentirse mucho muy miserable. Sumido en una verdadera lucha interna entre un adolescente que le escupe a la llegada de la madurez y que mira con nostalgia cómo lo abandona su niñez, se aventura a entrar a escondidas al apartamento de sus padres para buscar a su hermana menor Phoebe. Durante la visita logra comunicarse por primera vez en toda la historia con alguien. Le hace sentirse mucho mejor.
Con la moral un poco más alta, se dirige hacia la casa de su ex profesor de inglés, el señor Antolini. Él le ofrece hospedaje y Holden se queda allí. No obstante, toda esperanza de mejora se torna en ira cuando sorprende a Antolini mirándolo de forma “perversa” según Holden.
Obviamente, esta experiencia lo deprime y le hace ver con mayor intensidad la estupidez y la falsedad del mundo mientras pasea por la ciudad. Le irrita sobremanera que ya no haya lugares donde protegerse de la falsedad y la perversión del mundo. Piensa en los frágiles niños y concluye que viven en un lugar demasiado cruel para crecer. Pasa por la escuela de su hermana y encuentra palabras obscenas en la pared las cuales decide borrar para proteger a los niños. Es luego de esas elucubraciones donde tiene la visón que da nombre al libro. Comienza a verse como un guardián de los niños, como alguien quien protege su inocencia. La metáfora se completa con la imagen de muchos niños jugando en un campo de centeno que colinda con un precipicio. Holden se ubica en el borde y se encarga de evitar que los niños caigan al vacío, hacia la perversión, hacia la pérdida de la inocencia, hacia la madurez.
Al final de la historia, Holden tiene una pequeña pelea con Phoebe. Después, la acompaña al parque y la mira jugar en el carrusel. Es la expresión de su hermana, mezcla de miedo y emoción, lo que hace que Holden cambie de opinión. Se da cuenta que no puede ser el guardián en el centeno porque no puede evitar que los niños den ese paso. Lo mejor que pueden hacer es abrirse paso en un mundo cruel y violento.
Es interesante hacer notar que Holden no entiende y no quiere entender al mundo ni a quienes lo rodean. Sólo respeta a dos personas: Allie, su hermano menor muerto a causa de la leucemia y a Phoebe, también hermana menor suya. Los demás son todos adolescentes o adultos a los que considera “falsos”. Aun cuando su jornada por Nueva York lo deprime y desilusiona, termina aceptando el inevitable paso de niños a adultos. “Catcher in the Rye” es una obra que merece ser leída y disfrutada. Quizá sería bueno leerla en la adolescencia, pero si no se tuvo la oportunidad, ahora es un buen momento para descubrir una historia llena de alegorías, metáforas y amargura. Al final, cada quién guarda lo que más le parezca. Por cierto, a alguien le pareció que el libro era un buen lugar para que le firmaran un autógrafo.
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