Arte Costarricense
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The Catcher in the Rye


por
Billy
Colaborador
Art Studio Magazine

Con la moral un poco más alta, se dirige hacia la casa de su ex profesor de inglés, el señor Antolini. Él le ofrece hospedaje y Holden se queda allí. No obstante, toda esperanza de mejora se torna en ira cuando sorprende a Antolini mirándolo de forma “perversa” según Holden.

Obviamente, esta experiencia lo deprime y le hace ver con mayor intensidad la estupidez y la falsedad del mundo mientras pasea por la ciudad. Le irrita sobremanera que ya no haya lugares donde protegerse de la falsedad y la perversión del mundo. Piensa en los frágiles niños y concluye que viven en un lugar demasiado cruel para crecer. Pasa por la escuela de su hermana y encuentra palabras obscenas en la pared las cuales decide borrar para proteger a los niños. Es luego de esas elucubraciones donde tiene la visón que da nombre al libro. Comienza a verse como un guardián de los niños, como alguien quien protege su inocencia. La metáfora se completa con la imagen de muchos niños jugando en un campo de centeno que colinda con un precipicio. Holden se ubica en el borde y se encarga de evitar que los niños caigan al vacío, hacia la perversión, hacia la pérdida de la inocencia, hacia la madurez.

Al final de la historia, Holden tiene una pequeña pelea con Phoebe. Después, la acompaña al parque y la mira jugar en el carrusel. Es la expresión de su hermana, mezcla de miedo y emoción, lo que hace que Holden cambie de opinión. Se da cuenta que no puede ser el guardián en el centeno porque no puede evitar que los niños den ese paso. Lo mejor que pueden hacer es abrirse paso en un mundo cruel y violento.

Es interesante hacer notar que Holden no entiende y no quiere entender al mundo ni a quienes lo rodean. Sólo respeta a dos personas: Allie, su hermano menor muerto a causa de la leucemia y a Phoebe, también hermana menor suya. Los demás son todos adolescentes o adultos a los que considera “falsos”. Aun cuando su jornada por Nueva York lo deprime y desilusiona, termina aceptando el inevitable paso de niños a adultos. “Catcher in the Rye” es una obra que merece ser leída y disfrutada. Quizá sería bueno leerla en la adolescencia, pero si no se tuvo la oportunidad, ahora es un buen momento para descubrir una historia llena de alegorías, metáforas y amargura. Al final, cada quién guarda lo que más le parezca. Por cierto, a alguien le pareció que el libro era un buen lugar para que le firmaran un autógrafo.

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