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Tanto el puntillismo, como el divisionismo o neoimpresionismo, nacieron en el seno del impresionismo. Son movimientos que poseen numerosos nexos comunes que designan y engloban a aquellos autores cuya técnica y percepción no coincide con la de los impresionistas, por ser su arte más personal y fruto de una evolución y concepción artísitica propia.

El puntillismo fue la primera tendencia que intentó captar analíticamente y representar de forma sistemática la estructura de lo visible. Profundiza en el principio científico del empleo de los colores. El color de los cuadros se va a poner al servicio de la investigación científica. De la misma manera que en el impresionismo, los máximos exponentes del puntillismo, Seurat y Signac, se basan en las teorías de los colores complementarios para potenciar la fuerza de los mismos. Sin embargo, la ejecución de las obras, no se realiza al aire libre, sino en el taller, puesto que son fruto de un elaborado proceso.

Los cuadros se componen a través de tramas regulares de puntos de color. Seurat parte de un principio físico, puesto que lo visible se compone de partículas que pueden ser generadas sintéticamente. La razón y el control subyugan al proceso creativo. Las construcciones se orientan a partir de un proceso científico, se analiza la percepción, la impresión. La pincelada espontánea del impresionismo se racionaliza. Por primera vez, el método pictórico en si mismo constituye la temática principal de la actividad artística.