Seleccionar página

La pintura metafísica nace en contraposición a la estética geometrizante que tanto se impugnó y desarrollo en el arte de entreguerras. El nuevo realismo se forja y tiene su punto de referencia en la pintura del treccento italiano y en Rousseau. Giorgio de Chirico es la figura clave del movimiento. A través de Nietzsche se dirige hacia una pintura de sueños, pudiendo definirse como «extrañamente nueva». Para Nietzsche existía «un presentimiento de que debajo de esta realidad en donde vivimos y tenemos nuestro ser, está escondida otra realidad diferente, una realidad que se podría aprehender en las misteriosas relaciones establecidas entre objetos ordinarios, cuando están liberados de la lógica convencional de la causalidad lógica». Los cuadros de Chirico poseen una estética extraña, de perspectivas imposibles, de elementos simbólicos, de largas sombras, de objetos sumidos en una claridad sin atmósfera, donde todo sucede como si fuera un sueño. Consigue imponer una sensación de misterio a través de maniquíes, manos enguantadas inmersas en un mundo de horizontes lejanos y de grandes arquitecturas vacías, colosales y fantasmagóricas. La sensibilidad poética de esta pintura y su irrealidad de carácter mágico caracteriza esta corriente artística. El surrealismo tiene como fuente la pintura metafísica Chirico abandonó este arte por una mitología más sensual, romana y pastosa, en la técnica, aunque más rica y escenográfica en el tema.

El Arte Metafísico

Todas las cosas tiene dos aspectos: el aspecto corriente, que vemos casi siempre y que ven los hombres ordinarios, y el aspecto fantasmal y metafísico, que solo unos pocos individuos pueden observar en momentos de clarividencia y de abstracción metafísica.

Una obra de arte debe narrar algo que no parece dentro de su contorno. Los objetos y figuras representados en ella deben de la misma manera hablarnos poéticamente de algo que no está muy lejos de ellos y también de lo que sus formas materialmente nos esconden. Un perro pintado por Courbet es como la narración de una poética y romántica cacería.

Misterio y Creación

Para llegar a ser verdaderamente inmortal una obra de arte debe escapar a todos los límites humanos: sólo le saldrán al paso la lógica y el sentido común. Pero una vez rotas estas barreras, entrará en las regiones de la visión infantil y del ensueño.

El artista debe sacar sus afirmaciones más profundas de los secretos escondrijos de sus ser; allí ni murmullos de torrentes, ni cantos de pájaros, ni susurros de hojas pueden distraerle.

Lo que oigo no tiene valor; sólo lo que veo es viviente, y cuando cierro los ojos mi visión es todavía más poderosa.

Es la de mayor importancia que liberemos al arte de todo lo que hasta la fecha ha contenido de material reconocible; todos los asuntos familiares todas las ideas tradicionales, todos los símbolos populares deben ser desterrados en el acto. Más importante todavía: debemos tener una fe enorme en nosotros mismos: es esencial que la revelación que recibimos, la concepción de una imagen que contiene una cierta cosa, que no tiene sentido en si misma, que carece de asunto, que no significa nada desde el punto de vista lógico, repito, es esencial que semejante revelación o concepto hable en nosotros con tanta energía, evoque una angustia o un gozo tal, que nos sintamos forzados a pintar, forzados por un impulso aún más intenso que la desesperación del hambre que arrastra a un hombre a devorar un pedazo de pan, igual que lo haría una bestia salvaje.

Recuerdo un día de invierno en Versalles. Reinaban el silencio y la calma. Todo me miraba con ojos misteriosos e interrogantes. Y entonces observé que cada rincón del palacio, cada columna, cada ventana, poseía un espíritu, un alma impenetrable. En aquel momento tuve consciencia del misterio que impele al hombre a crear ciertas formas extrañas. Y la creación parecía más extraordinaria que los creadores.

Giorgio di Chirico