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El calificativo de fauvistas es dado a artistas muy diferentes entre sí, pero que poseen unas calidades cromáticas semejantes en determinados momentos de su vida. El nombre del grupo fue dado por el crítico Vauxcelles, ante su famosa exclamación «Donatello au milieu des fauves» al comparar una escultura académica de Marque que ocupaba el centro de la sala en la que colgaban sus cuadros Matisse y sus compañeros, en 1906. El colorido y la arbitrariedad de los colores le sirvió de pie para decir la famosa frase. Los fauvistas tenían en común el rechazo de las estéticas simbolista y modernista, pero la unión entre los miembros del grupo nunca fue poderosa y no se desarrolló un programa unitario. Sus teorías derivaban de los conocimientos heredados sobre el color impresionista y puntillista enlazados a los colores simbólicos y expresivos adelantados por Gauguin y Van Gogh. Los motivos básicos, como los paisajes o las marinas, bocetos, bodegones y naturalezas muertas denotan una inspiración en la temática impresionista.

Argan dice que trataban de «resolver el dualismo entre sensación, (el color) y construcción (la forma plástica, el volumen, el espacio), potenciando la constructividad intrínseca del color. El principal objetivo de su investigación era, pues, la función plástico-contructiva del color pues se conseguía resolver muchas de las contradicciones que había quedado planteadas el arte del siglo anterior. »Los colores llegaron a ser para nosotros cartuchos de dinamita, cuya misión era descargar la luz. Acometíamos el color directamente. En su frescura, la idea de que podía elevarse todo por encima de la realidad». Así se expresaba Derain como entendían la pintura los fauves: Liberar un torrente de sensaciones, que sólo el coloren su intensidad más violenta era capaz de expresar, y hacerlo precisamente frente a toda norma académica, frente a toda convención o interés social. Este mismo frenesí rebelde, más allá de cualquier pretensión de perfección moverá hacia una pintura dinámica, antiacadémica y contestataria.

Los numerosos pintores fauvistas tiene un alto componente individualista, cada uno emplea el color de una forma u otra pero con fines diferentes en función de las pretensiones y de las poéticas de cada uno. Matisse es el más importante representante de este movimiento.