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Toda la pintura es abstracta en el sentido que ha sido “abstraída” – extraída – de la realidad, y llevada, a través de un proceso intelectual y técnico a otro medio: el artístico. La pintura abstracta por definición es la que no representa nada del mundo exterior. Por lo tanto es la imagen del mundo interior del artista o al menos su proyección, expresados a través de un tratamiento personalizado de los valores plásticos. En las dos últimas décadas del siglo XIX ya hay varios autores que realizan diversos dibujos a pluma sin figuración alguna. Hay ejemplos de voluntades por la “no figuración”.

Kandinsky nos cuenta en su autobiografía que descubrió la no figuración por casualidad, en 1910, aunque seguidamente comprendió lo que había hallado y se aplicó a realizarlo como tal. Dice que una tarde de primavera, al regresar a su taller, fue sorprendido por una tela que le pareció especialmente bella, aunque no representaba nada; acercándose vio que era una de sus propias obras, pero puesta de revés, lo que le confería ese aspecto ignoto. Agrega que se dio cuenta de que “los objetos perjudicaban a su pintura”. Luego explica su padecimiento hasta encontrar lo que podía sustituirlos; de hecho, en aquella fase fue alternando obras figurativas con otras muy esquemáticas, pero con formas reconocibles. Tras dos años abandona toda figuración y una necesidad interior explica su actitud. Está convencido de que suprimiendo las formas de las cosas, se hallaba más cerca del corazón de la naturaleza.


El arte abstracto plantea dificultades de compresión y juicio. A diferencia de las obras figurativas, que se considera que representan el mundo, la pintura abstracta parece que se refiere sólo a invisibles estados interiores o simplemente a sí misma. Dentro del arte abstracto existen varios grados y formas. No obstante, el arte abstracto en ocasiones es abstraído de la naturaleza, ya que su punto de partida es el mundo real. El artista selecciona la forma y luego la simplifica hasta que la imagen sólo conserva similitudes estilizadas con el original, o la cambia casi por completo de modo que resulta irreconocible.

El arte abstracto no evolucionó aisladamente, sino que fue sólo un aspecto de la conmoción social, intelectual y tecnológica que tuvo lugar a fines de siglo. La ciencia ayudó a crear percepciones del mundo muy diferentes (desde el microscopio hasta los rayos X).

Léger escribía en 1914: “Si la expresión pictórica ha cambiado es porque la vida moderna lo hizo necesario”.

Los artistas buscaron nuevas maneras de responder al mundo que los rodeaba, algunas veces rechazándolo, o siguiendo estrategias de disolución, cambio y fractura en lugar de los conceptos occidentales de unidad y totalidad estética.

El arte abstracto también tiene que ver de manera específica con los cambios que se estaban dando dentro del propio arte. De manera más importante, la llegada de la fotografía en 1840 supuso una nueva crítica y un replanteamiento de la creación de los espacios exteriores. Muchos artistas se dedicaron a la creación de aspectos interiores y subjetivos y emocionales. A partir de 1896, también el cine aportó nuevas formas de ver.

“Lo que sucedía en ese momento en las artes plásticas sólo se comprenderá si se tiene presente que estaba naciendo una nueva época, en la cual el hombre (toda la humanidad, de hecho) estaba experimentando una transformación más radical que cualquier otra conocida en los tiempos históricos”. D. H. Kahnweiler.

Hacia 1910 varios artistas comenzaron a experimentar con la abstracción. Se inspiraron en varias fuentes, partiendo de un objetivo común: cuestionar la representación como lo único que importa en el arte. Unos optaron por el tratamiento tradicional de la forma. Otros por el color y la luz, otros por la velocidad y la energía, mientras que para otros la música proporcionó una dirección nueva sobre la que explorar.

Cézanne, había expresado la visión binocular natural, frente a la monocular que era lo que se había hecho hasta él. Picasso, sumó muchísimos más ángulos y combinó varios puntos de vista, de forma que al final el objeto apenas era reconocible. El artista no necesitaba falsear la naturaleza con el fin de crear sus estructuras pictóricas; la evocación del tema y el tratamiento inventivo de la forma ha tomado el lugar de la imitación directa. La obra de arte era una creación individual e independiente. Era completamente libre y constituía una realidad en sí misma.

Tanto lo de Picasso como lo de Braque fue sólo una parte dentro de una transformación global. Por ejemplo en el campo de la ciencia, las teorías atómicas de la materia y los nuevos conceptos del espacio, tiempo y energía desafiaban las teorías aceptadas desde época de Newton.

Además de con la forma, también se experimentó con el color ya que podía sugerir movimientos dinámicos cuando estaba liberado de función representativa. Delaunay tras el contraste simultaneo de colores, extendió el sentido científico para sugerir que el color podía ser la manera principal por medio de la cual se pudiera crear pintura abstracta no sólo la forma, sino también la ilusión de movimiento. “La luz en la naturaleza crea movimiento en el color. El movimiento lo proporcionan las relaciones de medidas desiguales, de contraste de colores entre las mismas y constituyen la realidad». El futurismo italiano también se percató de la importancia del color. Carra y Severini suscribían: “Defendemos un uso del color libre de la imitación de objetos y cosas como imágenes coloreadas; defendemos una visión aérea en la cual la materia del color se expresa en todas la múltiples posibilidades que nuestra subjetividad puede crear”.

Al igual que ya había hecho Goethe, Kandinsky en un escrito suyo sobre “lo espiritual en el arte” dónde explicaba que “el color no se basa en ciencia exacta alguna”, sino que es el resultado del sentimiento empírico. Preparó una lista de antítesis, en la cual oponía el amarillo al azul, el blanco al negro, el rojo al verde y el anaranjado al violeta. El amarillo era el típico color terrenal, el azul el espiritual. El uso de los colores y su contraste tenía un componente simbólico y poético.

El análisis minucioso de los principios básicos de la pintura -forma y color-, introdujeron otro elemento más, el movimiento. La velocidad y las máquinas se sumaron a los fenómenos que llevaron a la abstracción. Había numerosos factores externos para la exploración de la dinámica en el arte abstracto. La cronofotografía, Henry Bergson (fusión del pasado y del presente), el ímpetu de la existencia, la teoría de la duración, la noción de simultaneidad de los estados de ánimo (la memoria lleva a preocuparse por la percepción) La electricidad, los rayos X, el motor de combustión interna…

Los futuristas usaron la abstracción para sugerir el movimiento, para crearlo por sí mismo.

Artistas como Kandinsky, Piet Mondrian, Malevich y Jean Arp se volvieron hacia una abstracción (tras la I Guerra Mundial) que confiaba menos en las formas del mundo incierto y cambiante, y más en los valores universales, basados las doctrinas filosóficas o místicas.

Desde la época de Hegel había habido una creencia generalmente sostenida de que el arte y filosofía podían expresar el mismo contenido. Para Hegel, la misión más elevada del arte era expresar el espíritu absoluto. De la misma manera que el fin de la religión era expresar lo divino.

Otra importante corriente dentro de la abstracción consistió en conseguir colores puros y planos, contornos precisos, simplificación y forma geometrizada. Surgió en los años 30 de la mano de artistas como Jean Hélion. Él estaba involucrado en la búsqueda del efecto espacio y movimiento en los elementos y en la creación de complejos estados de equilibrio visual resultantes de la colocación de varias simples formas de colores (barras, planos, formas curvilíneas). El propósito era puramente visual. Las formas planas y redondeadas a la izquierda de Equilibrio (1933-1934), por ejemplo, crean una tensión con formas más rectangulares, similares a bloques, a la derecha)…

Ante todo la abstracción era un «no» a lo figurativo, a lo reconocible. Pero también aparecía el problema de convertirse en un arte tan personal que fuese incapaz de transmitir. Algunos artistas como Arp se quejaban de que el arte abstracto puro “es un arte incompleto el que privilegia el intelecto en detrimento de los sentidos”.

Hacia 1939, la abstracción se había establecido como una tradición alternativa en pintura y escultura, pero no había conseguido llegar a un público más amplio. En las décadas de después de la II Guerra Mundial, surgió un modelo diferente. A medida que pasaban los años el abstracto se legitimaba, pero también se fragmentaba en muchos estilos distintos, como el expresionismo abstracto o el informalismo, y conceptualmente se apoyaba en diversas intenciones artísticas: místicas, liberadoras del subconsciente, analíticas y experimentales.