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por GUILLERMO DURÁNcolaborador de ArtStudio Magazine

A mediados de la década pasada se hablaba en San Francisco de un edificio que prometía ser una revolución en el mundo de la construcción verde. Dicho edificio, con un costo de alrededor 500 millones de dolares y ubicado en céntrico Golden Gate Park, estaba siendo diseñado para acoger a la Academia de Ciencias de California, uno de los museos de historia natural más importantes de Estados Unidos.

Dentro de la larga lista de atracciones que se le atribuían estaba ser en gran parte construido con materiales reciclados y tener un muy eficiente control de agua y energía. A diferencia de la mayoría de edificios que se encuentran en cualquier ciudad, este iba a tener un “techo vivo”, poblado únicamente por plantas nativas de la Bahía de San Francisco. Dicho jardín iba a estar rodeado por paneles solares que abastecerían una gran parte del consumo eléctrico del museo. En uno de sus dos gigantescos tanques de concreto y cristal su acuario iba a poseer el arrecife de coral vivo bajo techo más grande del mundo, y en el otro tanque una recreación de la vida marina de las frías aguas del norte de California. Arriba del acuario también se planeó crear una gran esfera de concreto que acogería el planetario digital más grande del mundo. Tal diseño futurista era amparado bajo la pluma del afamado arquitecto italiano Renzo Piano.

Luego de varios años en búsqueda de los fondos para crear tal obra, el edificio vio finalmente la luz a mediados del 2008. Su esperada apertura – que para hacerla aun más llamativa fue totalmente gratis – hizo que se formara en sus afueras una fila de varios kilómetros de personas deseosas por entrar.

El edificio tuvo varios eventos de inauguración. El principal fue unos días antes de su apertura, el que contó únicamente con los principales funcionarios del museo y los mayores donantes de la obra (si mal no recuerdo el evento incluía un pequeño concierto con Elvis Costello). La otra inauguración fue la que se hizo con los empleados del museo, empleados que mientras se terminaban las obras estaban ocupando un edificio alterno del museo en el centro de San Francisco. Gracias a una larga cadena de casualidades tuve la suerte de asistir a esta última inauguración y entre muchas copas de vino de la celebración tomé varias de las fotos que se muestran más adelante. El resto de las fotos fueron tomadas en otras visitas que hice a las áreas de exhibición del museo.