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La presencia de la vulnerabilidad de la vida – muerte y la relación con el Otro a partir de la imagen, son una constante en el trabajo de José Alberto Hernández desde sus primeras series fotográficas.

Desde sus inicios, el artista se ha basado en el trabajo a partir de la serialidad, en el desarrollo de un tema estudiado dentro de un conjunto de tomas de imágenes que se combinan y complementan. Esta metodología da paso a series completas, fragmentos que de igual manera, se conectan unos con otros.

El acercamiento al retrato fotográfico desarrollado por Hernández, se aborda desde una perspectiva no explícita, difuminada, que guarda cierta distancia con el sujeto-objeto. Busca una generalidad más que una individualidad, son personajes usualmente desprovistos de identidad, sin rostro, anónimos.

Asimismo, la experimentación con los procesos de revelado de negativos, realza la potencialidad expresiva de la imagen; el mismo soporte sufre daños, es frágil, se desgasta. La emulsión fotosensible, en donde la luz deja huellas y el artista somete a marcas y heridas, es vulnerable -al igual que el cuerpo- a las alteraciones y al paso del tiempo.

El artista presenta una visión de la fragilidad del cuerpo y de la fugacidad de la vida, que en sus últimos trabajos, se amarra con la idea de la violencia que desencadena la muerte. Encontramos en sus imágenes, la relación con objetos ligados a crímenes o sujetos como autores delictivos; estos de manera implícita, representan esa arma que nos hace vulnerables. El ejercicio de la violencia y la muerte como presencia, es fundamental en el trabajo de Hernández.

La serie R.I.P. Retratos Inconclusos Policiales, retoma el trabajo fotográfico que se acerca al tema de los delitos contra la vida y causas criminales. Estos son temas ya trabajados por el artista desde sus anteriores investigaciones realizadas con el Organismo de Investigación Judicial OIJ, como es el caso de la serie Inventario del 2006-2007.

En los Retratos Inconclusos Policiales, Hernández resemantiza la concepción del retrato policial para dar pie a imágenes borrosas, poco útiles para la identificación de delincuentes, pero cargadas de significación en el ámbito artístico. Estos (anti)retratos, evidencian el historial de sujetos en relación a sus detenciones. La presencia-ausencia de este como delincuente, genera a partir de una imagen turbia, una sensación de incertidumbre. Aquí no vemos armas, ni sabemos de qué manera el crimen fue cometido, pero sí su recurrencia en ello. Cada individuo de la serie R.I.P. presenta de alguna manera, una agresión, un temor, incluso, una muerte latente.

El uso del poder a partir de la ley, implementado por el uso de la identificación como mecanismo de control, en este caso, queda totalmente desprovisto de efectividad. Además, genera cuestionamientos en relación a la inversión del poder ejercido por la provocación de la imagen y la amenaza latente de los sujetos fotografiados en el espectador.

Estos (anti)retratos, no evidencian al criminal, se presentan como una referencia de la violencia, como una imagen confusa, sugerente. Imágenes que en lugar de “capturar” con la toma a los sujetos, les dejan libres; son todavía relatos inacabados.

María José Chavarría
Curadora MADC

Retratos Inconclusos Policiales / 2005 – 2010 *

La serie R.I.P. es un ensayo fotográfico de 12 (anti)retratos. Las siglas conocidas para el epitafio latino Requiescat in pacem o al inglés Rest in Peace dentro del ámbito de lo funerario, se han convertido aquí en una abreviatura personalizada por la serie fotográfica en sí misma: Retratos Inconclusos Policiales. Pero tal es la carga de la nomenclatura sumada a nuestros temores, sensaciones y lecturas que podrían reflejarse en los sujetos retratados a manera de presagio, aún sin saber lo que cometieron.

Cada (anti)retrato de la serie R.I.P. pertenece a un delincuente reincidente que ha sido capturado por la policía en múltiples ocasiones por varios delitos, pero que finalmente son liberados de manera casi inmediata. Cada uno de ellos es identificado por las siglas de su nombre y la cantidad de detenciones-arrestos por la que ha pasado.

El retrato (en este caso el fotográfico) como género, reúne toda una serie de pretenciosas iniciativas que giran en torno a la idea de mostrar las cualidades físicas, morales y hasta espirituales de las personas que aparecen en las imágenes. Como parte de la producción de identidad cada época retrata a sus individuos, pero nos concentraremos aquí en la dirección de aquellos que desordenan y alteran lo establecido, volviéndolo turbio e inseguro. Contra ellos la fotografía (el retrato) se convirtió a su vez en un mecanismo de vigilancia donde a través de la imagen se realiza su “captura”. Sin embargo, ¿qué puede haber tras una imagen producida desde la fotografía cuando sabemos que ella siempre es insuficiente, sometida, mermada o distanciada?

Aunque aceptamos hoy por consenso que la identidad no es algo ligero de “retratar-capturar”, la pose frente a la cámara continúa adquiriendo valores según las circunstancias, dando origen a condicionamientos y actitudes frente al lente que parecieran casi heredados. ¿Cómo podríamos sentirnos de manera previa a un retrato policial?, ¿qué gesto adquiere el individuo frente a un retrato de estas características?, ¿qué dice de ellos la imagen tomada con el mismo instrumento o mecanismo que retrata a cualquiera: la cámara? La policía y la fotografía, curiosamente, se constituyen a partir de aplicar el mismo lenguaje: apuntan, disparan, atrapan, capturan, revelan, evidencian, prueban y velan.

La serie fotográfica R.I.P. -Retratos Inconclusos Policiales- no deja ver nada, ni a nadie, son fotos inútiles, desencajadas, veladas; la fotografía nos ha fallado también y ha dejado en lo irreconocible, un paraje que nos conduce a señalar que algo sucede, pero no sabemos qué hacer al respecto. En su accidental mutación y transformación estos individuos solo parecieran querer tomar la forma del otro, desprendiéndose de ese rostro inevitable buscando una nueva identidad, en una aparente disminución de su poder por el poder mismo.

Las imágenes fotográficas de la delincuencia han logrado instalarse en la memoria colectiva -cada uno tiene las propias-, se quedan, impregnan, emanan y representan el mal personificado, dentro de un sistema que al introducirlos al ámbito de lo público, construye parámetros de comportamiento e identidad, en un hacerse y deshacerse a través del acto de representación.

J.A.H.
Noviembre 2010

*Fotografías realizadas entre 2005-06, reveladas y positivadas entre 2009-10.

Apertura: miércoles 13 de abril con el Art City tour
Salas 3 y 4
Del 13 de abril al 18 de junio de 2011.

Más información sobre el artista y su trabajo en su sitio web.