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En una celebración tan masiva como la del Viernes Santo en la ciudad de Cartago, Costa Rica, se pueden presenciar escenas tan particulares como pintorescas. Parece que este último término aún puede usarse en el siglo XXI.

Son muchos los factores que influyen en el desarrollo de una actividad como esta, sobre todo en estos tiempos: el vestuario e histrionismo de quienes encarnan personajes bíblicos y otros no tan bíblicos, quienes tienen familiares participando, los que llegan nada más a “vinear”, las autoridades eclesiásticas y por supuesto, los medios de comunicación.

Con una mayor o menor cuota de fe, todos los presentes elaboramos un paisaje versión-contemporánea de la ruta de la figura de Cristo hacia el Gólgota, con el desenlace ya conocido y recordado cada año una y otra vez.

Como antecedente, cabe destacar que en este año 2004 una propuesta cinematográfica, ampliamente divulgada en el mundo, pudo o no haber influido, positiva o negativamente, en quienes decidimos participar a nuestra manera en las actividades del pasado viernes 9 de abril.

¿Porqué Cartago?

Esta ciudad costarricense, hasta el año 1823, fue la capital costarricense. Desde hace 180 años es la capital de la fe católica costarricense, y los dos primeros días del mes de agosto alberga a miles de romeros de todo el país, quienes rinden tributo a la Virgen de los Ángeles.

La muestra

Las fotografías que presento en este ensayo pretenden documentar desde diversos ángulos y perspectivas, una puesta en escena de la historia más conocida y recordada en el mundo. Como hemos visto, el escenario tiene su relevancia y tradición en estos temas religiosos.

La obra está dividida en tres “actos”:

La procesión y todo cuanto la rodea, los romanos (los malos pero no de la película) y las escenas propiamente en el calvario; la consumación.