Seleccionar página

Por Federico Rosso, periodista y escritor argentino, colaborador de ArtStudio Magazine

Entre las muchas maneras de combatir la nada, una de las mejores es la fotografía…
Julio Cortázar en “Las Babas del Diablo”

“Estadio nacional: Metamorfosis de un Icono” es el libro de fotografías que recoge los últimos momentos del viejo Estadio Nacional y documenta sistemáticamente la construcción del nuevo, que hoy todos podemos ver y que pronto naturalizaremos cómo si siempre hubiera estado allí. Cómo esto no es cierto, llamamos a José Campos Rojas, fotógrafo, diseñador gráfico, fundador de esta revista y autor del libro en cuestión, para conocer más detalles de este registro histórico e inédito en su tipo en Costa Rica. Con él conversamos –por la pantallita del Skype- sobre los tres años de trabajo que le tomó fotografiar un proceso que generó otra historia dentro de la historia, y que nos cuenta que nada de todo esto ha sido fácil ni ha pasado en vano.

Del estadio antiguo están esos espacios prohibidos... y su historia, los camerinos por ejemplo, las imágenes del deterioro, su falta de uso, su obsolescencia.

¿Cómo nace la idea de hacer este trabajo?

Estaba interesado en realizar algún tipo de documentación fotográfica en arquitectura y cuando me enteré que cambiarían el viejo Estadio Nacional por uno nuevo comencé por registrar los últimos días de aquel. Las primeras fotografías fueron tomadas el 12 de abril del 2008, luego vendría la otra parte de la obra, con la construcción del nuevo.

En los tres años de documentación, ¿cuál fue la etapa que más te impactó?

Lo que más me impresionó fue la transición del viejo al nuevo estadio, la desaparición del primero y como el segundo fue ocupando sus espacios.

Pero además, yo tenía un vínculo muy familiar con el estadio antiguo, mi papá me llevaba a ver los partidos y él jugo futbol allí. También recuerdo que en ocasiones podíamos entrar y jugar mi hermano y yo en los pasillos, además de ver los partidos. Después que desapareció, ver el cambio tan radical, en tan poco tiempo; comenzar a ver el nuevo estadio que iba tomando forma donde había estado el anterior, me impresionó mucho. Además, poder entrar en los camerinos del antiguo estadio y otros sitios vedados al espectador fue un gran impacto para mí.

¿Qué rescataste mayormente en los últimos días del estadio antiguo y qué en los primeros tiempos de la construcción de nuevo?

Del estadio antiguo están esos espacios prohibidos que te decía recién y su historia, los camerinos por ejemplo, las imágenes del deterioro, su falta de uso, su obsolescencia. Ya  sobre el estadio nuevo documento como se construyó, la parte técnica, la dimensión panorámica, las herramientas, pero también la parte humana, las costumbres de los trabajadores, que sabemos fueron chinos. En síntesis, herramientas, materiales, técnicas, y personas. Desde aspectos generales hasta cosas muy específicas, como técnicas constructivas.

¿Te dio nostalgia tomar las fotos del los últimos días del antiguo Estadio Nacional?

Si claro, tuve nostalgia de los últimos días del estadio, pero también estaba la expectativa del nuevo, que era lo bueno. Además,  documentar el antiguo estadio por última vez fue para mí todo un privilegio.

Poco a poco, algunos obreros, muy pocos, comenzaron a ubicarme y me saludaban y hasta posaban para una fotografía, fue interesante eso.

En la parte humana, los obreros, los ingenieros, ¿qué viste ahí y cómo te asimilaron ellos?

Eran 800 chinos trabajando, al principio ninguno me reconocía, pero todos sabían que yo estaba autorizado a estar allí. Sin embargo, una vez hubo un error y un supervisor me sacó, porque no estaba enterado que yo estaba autorizado.

Poco a poco, algunos obreros, muy pocos, comenzaron a ubicarme y me saludaban y hasta posaban para una fotografía, fue interesante eso.

¿Qué pensaste con lo del obrero que murió y cómo te sentiste con tu integridad física  durante la documentación del nuevo estadio en construcción?

Era la última etapa y todo estaba muy restringido al público, yo tomé algunas fotografías en el lugar en el que murió antes de que sucediera. Nunca sabré si lo he fotografiado antes. Fue un accidente lamentable, más teniendo en cuenta que lo más peligroso de la obra había pasado.

Yo siempre tuve mucho cuidado y cuando subía a la estructura más alta andaba con más cuidado aún. En la tierra había mucho movimiento de camiones y materiales pesados, había que estar bien atento. Me fui acostumbrando a las zonas y a conocer lo que se hacia en ciertas etapas. Aprendí a moverme en andamios, laberintos y túneles.

¿Sabías desde el principio que parte del material recopilado acabaría en formato de libro?

No, la primera parte del trabajo la hice sin saber que iba ser de él.

Aún así, supongo que te planteaste una metodología de trabajo, ¿cómo era?

Comencé yendo los sábados por la mañana, pero me di cuenta que no me servía. Después comencé a ir cada 15 o 22 días bien temprano a la mañana, antes de entrar al trabajo. Así logré trabajar bajo ciertas condiciones naturales regulares y evitar la lluvia, por ejemplo. A veces, había días en que no alcanzaba a concluir la sesión y tenía que regresar un día extra para completarla.

Después venía la parte de laboratorio, que podían ser hasta 600 fotografías por sesión. Me puse como meta tener la sesión anterior editada para pasar a la siguiente, para organizarme.

Me decías que hay muchas fotos que quedaron fuera del libro, ¿qué planes hay para ellas?

Para este año hay una exhibición en la Universidad Veritas, en junio, con un formato más libre, con involucramiento de otras artes, música quizás, con una visión diferente y complementaria de este trabajo.

Perdón por insistir con la literatura, pero Cortázar, en “Las Babas del Diablo”, muestra, exageradamente claro, cómo la fotografía abre otra dimensión de la cual nosotros, los que la creamos, nos quedamos perplejamente afuera. ¿Qué encontrás vos en la fotografía?

Creo en la frase que cuando uno fotografía algo se fotografía a si mismo. Me ayuda a hablar de mí, contarme, recordarme y proyectar como me gustaría que fuera el futuro.

En este trabajo lo que me interesa fundamentalmente es la parte documental, pero  también tengo un apego sentimental, algo muy personal, un espacio donde viví momentos.

Silencio

Veo por la pantallita del Skype que José estira la mano hasta la biblioteca y saca una fotografía, me dice que es del año 1963 y que es su papá jugando en el antiguo Estadio Nacional, “mi papá jugó al fútbol”, me dice.

Lo que más me impresionó fue la transición del viejo al nuevo estadio, la desaparición del primero y como el segundo fue ocupando sus espacios.