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por Boris Cantú

Al crear imágenes, tendemos a la autocrítica continua, ya que día con día van cambiando nuestros gustos estéticos debido a la constante retroalimentación visual que vivimos en estos tiempos. También nos sucede que al ver nuestros logros cometemos el error de enamorarnos de algunos trabajos, mas, posteriormente, le vamos detectando defectos técnicos o, simplemente, cambia nuestro modo de apreciar esa misma imagen.

Regularmente estamos en una lucha por mejorar la técnica y poder crear imágenes de mejor calidad, tanto en la toma como en el proceso de revelado, por lo cual también deseamos tener equipos más profesionales que tengan más aditamentos o una mayor calidad en óptica, a todo esto le agregamos que estamos en la era digital, la cual nos brinda nuevas posibilidades para seguir experimentando e innovando.

Por otro lado también nos encontramos cuidando los detalles estéticos de la obra, cómo utilizar estratégicamente los puntos áureos, aplicar figuras geométricas que enriquezcan nuestra imagen, jugar con la profundidad de campo, utilizar correctamente puntos de fuga etc. Todo esto es digno de atender y debemos estar siempre a la vanguardia y nunca dejar de cuidar la técnica y la calidad estética.

Pero hay algo que es mucho más importante; el crear una estrecha comunicación entre nuestra imagen y el espectador. Para ello, entran en juego los sentimiento que le ponemos a nuestras creaciones; sin ellos no podremos lograr que una imagen permanezca en nuestro gusto o en el de las personas que podrán apreciarla.

Sentimientos de rabia, dolor, repudio, ternura, amor, soledad. Los sentimientos que nos llevaron a detenernos para realizar la toma, para componer una imagen, ya sea un retrato, una fotografía de desnudo o un paisaje, debe aflorar siempre, ya que lograrán que nuestras creaciones perduren en el tiempo.

Una persona disciplinada, purista en sus trabajos, con años de estudio en las mejores universidades del mundo, pero insensible ante la injusticia o que no sea compasivo, jamás podrá ser un buen artista. Simplemente será uno más captando imágenes sin sentido, que no tocarán las fibras de ningún espectador.