
Es interesante anotar que en Costa Rica ha habido un mayor desarrollo de la creación fotográfica en los inicios del desnudo masculino que del femenino. El crecimiento en producción sobre este otro género, se da más recientemente, con artistas que en algunos casos se fotografían a sí mismas, como Karla Solano y Sussy Vargas. Otro artista que ha trabajado el tema de lo masculino, es Larry Madrigal que podría tener rasgos comunes con alguna de la obra de Giorgio Timms en cuanto a la integración del hombre con la naturaleza.
Sin embargo, algunas de estas producciones tienen quizás como ingrediente común; una búsqueda o interpretación de su realidad por medio de la introspección implicando una interpretación de sí mismos y de su contexto (recurriendo en algunos casos a fotografiar su propio cuerpo). Esta realidad planteada en diferentes ámbitos como su relación más íntima desde del recuerdo familiar, la relación de pareja, los roles sexuales y sociales, el dolor y el ser finito e infinito, a su vez mezclada con la iconografía popular. Sobre todo lo que sienten como individuos inmersos dentro de contexto social específico y en el que deben de encajar dentro de un orden impuesto por el colectivo.
Retomando el tema de lo masculino, Jaime David Tischler irrumpe en el propio espacio de su intimidad, yendo más allá de la forma del cuerpo, y concentrándose en la necesidad; en el "deseo". El Cuerpo como objeto de deseo o como sujeto de placer. Rescribiendo su propia historia, al borde de los roles, trascendiendo barreras sociales y dejando testimonio y evidencias de un grupo de minorías. Exponiendo sus fotografías e instalaciones fotográficas a manera de bitácora en consideraciones de su desarrollo como ser finito e infinito en relación con el amor, la vulnerabilidad humana y el acercamiento sexual, en donde en ocasiones maneja una dicotomía entre el cuerpo etéreo y en movimiento, casi abstracto, con la carnalidad y la pasión física. Jaime afirma que "el amor es un espacio ilusorio entre dos soledades...". A pesar de ser un fotógrafo de una formación muy purista, él explora los conceptos de espacialidad, mediante la instalación y de destrucción de la fotografía, además del vídeo. Sus instalaciones podrían tener cierta empatía con algunos de los trabajos de Annette Messager en las que utiliza también la fragmentación.
En Jorge Albán, hay un cuestionamiento de los roles socioculturales, al fotografiarse a sí mismo desnudo con su hija en brazos, plasmándolas en puertas de autos chocados como en una acción de violenta ternura, con la frialdad de una lata torcida en su serie "Tiempos Concéntricos", en donde resemantiza el concepto de maternidad que ha sido elaborado históricamente desde la personificación religiosa de la Virgen y el Niño, y descontextualiza una relación material con este tema o más bien, contextualiza un tema con la contemporaneidad de las relaciones en conjunción con la máquina y las estructuras de poder. Además de darle un título a sus obras de carácter anónimo como el de un modelo de carro específico ("Volkswagen Año Desconocido"), de alguna manera haciendo patente que es parte de un colectivo.
La experimentación técnica en él es muy rica, e implica un proceso muy largo y engorroso, utilizando emulsiones fotográficas líquidas, además de grandes dimensiones en las que prácticamente cada objeto era su propia bandeja de revelado.
Precisamente esta inquietud de experimentación y búsqueda de nuevos soportes en Albán caracteriza también a varias artistas como es el caso de Karla Solano y Sussy Vargas.
Solano abre además, su propia habitación para mostrarse ella desnuda y honesta con una interpretación de sus "por dentros". Su obra "Espejos Interior" presentada en la Exposición Mesótica del año 96 en el Museo Arte Contemporáneo marca un cambio en nuestro contexto geográfico en lo que se refiere al material y lenguaje conceptual usado. Trabaja utilizando en algunas ocasiones impresiones digitales más grandes que el tamaño natural, transfiriendo a cuero o a pared impresiones de sus imágenes, añadiendo objetos como chapas de dientes u hormas de zapato, además de utilizar el positivado fotográfico de radiografías. Su trabajo es una reflexión acerca de la materia corporal en comunión con el espíritu, de lo vulnerables y vanidosos que somos los seres humanos, estableciendo una relación con la memoria desde la piel. En ocasiones su discurso determinado por su naturaleza femenina a manera de autorretrato la recrea como demiurgo en prolongación de su familia. Su trabajo podría tener cierta afinidad con el de Irene Calatayud de México o con el Marie Ange Bordas de Brasil.
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