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Soy un adicto a pasearme por la noche oscura del alma.

Recorro Madrid dispuesto a aceptar de buen grado lo que me proponga, y a veces me propone cosas que hace tiempo ansiaba conocer.

Así fue como dí con Metol 4, un pasillo oscuro, oculto a la ciudad, y al final Antonio Graell haciendo un pase de diapositivas de su obra.

La obra de Antonio Graell es fetichismo puro, una celebración de las oscuras pulsaciones que dirigen nuestro deseo.

Nunca había tenido tantos problemas para redactar un artículo, lo cierto es que Antonio Graell es una persona que me alegró haber conocido en este tiempo en Madrid, un fotógrafo al que estimo en lo personal y que admiro en lo profesional.

Cuando le conocí no supe como hablarle, un tipo de que me lleva una cabeza de altura, con la barba por la mitad del pecho mostrando fotos de fetiche ¿Cómo comienzas una conversación?

Por suerte Antonio es una persona tan accesible como hacer esto una tarea fácil, y descubrir ya no solo a un excelente fotógrafo, sino además a una persona coherente, que se cuestiona las cosas que hace, y va más allá de la provocación.

Antonio trabaja una temática espinosa y él lo sabe, un trabajo que raya en lo porno, pero con un componente artístico de peso. Una obra entre dos mundos…

¿Cómo llega un fotógrafo a este tipo de estética?

De lo erótico a lo artístico

Sentado en un bar por Tirso de Molina es lo primero que le pregunto, y Antonio con su franqueza característica me responde:

“Siempre me ha gustado el fetish, cuando empecé a estudiar fotografía lo primero que vi fue a Helmut Newton, y cuando ves una obra así eso como que te impacta”.

Antonio salta a la escena de la fotografía erótica casi por accidente, se plantea un proyecto personal, casi a modo de juego, con Beatriz su pareja y ayudante.

“No buscábamos nada erótico, era algo interno nuestro, yo no iba buscando hacer nada provocador, hice cosas que me agradaran a la vista”

Antonio y Beatriz se llegan a sentir muy a gusto con el resultado y se les ocurre tratar de editar un libro, preparan un álbum de diez fotos y lo comienzan a mover por librerías, curiosamente nadie se interesa, muy explícito para los círculos tradicionales, demasiado artístico para los círculos de material para adultos, entonces… entonces Antonio admite:

“Reconozco que soy un tipo afortunado”

En una librería le mostraron el material a José María Ponce, considerado por muchos el padre del porno en España, para mi además una persona que tiene las cosas muy claras en materia de erotismo y sexo, pues bien a Ponce le gusto el material y es quien ayuda a Antonio a mover su trabajo, llegando incluso a mostrarlo en un escaparate tan importante como el de Photo España.

Actualmente Antonio escribe y hace fotografías con regularidad para LIB, una de las publicaciones para adultos más viejas de España, a lo cual me comenta:

“Lo hago porque me gusta, y porque me permiten presentar el material que yo quiero”.

Fetichistas somos todos

Tengo la sensación que el fetiche se ha puesto de moda.

Miro las sandalias de tacón alto, con adornos metálicos, hebillas y cintas que aprisionan el tobillo que llevan las chicas por la calle.

Veo a Lady Gaga usando modelitos de látex, estéticas en videos que recuerdan el arte del shibari, le pregunto esto a Antonio, como para saber si es que me estoy volviendo loco y veo fetiche en todas partes.

“Se ha ido poniendo de moda, Newton ya metía fetiche en los setentas, aquí no era tan habitual, pero se ha popularizado por estética”.

Muy bien, no estoy loco, la estética se ha vuelto popular, aunque en lo personal yo me atrevo a decir que somos una sociedad fetichista, pero es claro que hay muchas formas de convivir con tus fetiches, y esa es la puerta que se abre con trabajos como el de Antonio Graell  ¿Hasta donde estás dispuesto a convivir con tu deseos?

La Halurización del Píxel

Ya hace algún tiempo Antonio se planteo una idea extravagante.

Realizar copias por contacto con papel fotosensible de fotografías en un monitor.

Esto implicó horas de pruebas, diseños de ingenios para poder exponer el papel, y si nos ponemos más filosóficos, implica la deconstrucción de la imagen digital.

Se trata de preparar el archivo de la foto en una versión negativa, calcula una correcta exposición, asegurar que el papel se encuentra en contacto con el monitor para evitar desenfoques excesivos, y luego revelar ese papel.

Luz que se convierten en bites, que se vuelven a convertir en luz y se luego se atrapan en el papel.

Cada copia es única e irrepetible, y como dice Antonio: “De alguna forma se ha destruido la secuencia de unos y ceros que forman una imagen digital”.

Una imagen ha sido volcada de un contenedor matemáticamente preciso a toda la imperfección y el azar del proceso artesanal del revelado químico.

“Necesitaba volver a sentir que tenía algo artesanal entre las manos, necesitaba tener esa sensación de azar del revelado químico”.

En este momento Antonio se esta planteando la posibilidad de realizar la “Halurización” con imágenes en color, para rizar aún más el rizo, evitar negativizar la imagen en la computadora y por el contrario partir de una imagen negativa desde la toma.

¿Cómo se come esto?

Pues simple pero complicado, maquillaje invertido, si quieres que la ropa salga negra usas ropa blanca, si quieres una modelo negra usas una modelo blanca.

El objetivo:

“Creo que el resultado final puede ser bastante inquietante”.

Esa es la actitud.

¿Y ahora que?

No tengo mucho que agregar.

Creo que el trabajo de Antonio Graell es un trabajo para seguir de cerca,  y tenemos la suerte que su página personal se actualiza con regularidad, y Antonio es de esos fotógrafos que gustan de compartir sus experiencias, así que bien vale la pena asomarse por el blog de su página, curiosear sobre la realización de sus imágenes y después arrojarnos nosotros mismos a transitar por el lado oscuro del deseo.

En lo personal considero que el balance es siempre positivo.