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…la ciudad que escapa a nuestros ojos

El San José que los costarricenses acostumbramos transitar a diario no sería el mismo si lo observáramos con detenimiento.

San José no es una ciudad que despierte un “amor a primera vista”*, y Costa Rica, más que un país de ciudades, es un país de barrios. Encontramos en su arquitectura y costumbres detalles del pasado que se mezclan con las nuevas tendencias, para así fortalecer una identidad costarricense forjada con el paso del tiempo.

Con esta serie fotográfica llamada “Detalles Ocultos de un Paisaje Urbano”, pretendo extraer y mostrar esas pequeñas piezas que no observamos pero que están ahí; en la arquitectura, en la cultura gráfica, en nuestros trabajos-tradiciones (nuestra gente) y en nuestras escenas nocturnas. Piezas que nos caracterizan como costarricenses con nuestro estilo de vida, y que además definen ese lugar que llamamos “ciudad” donde vivimos; San José.


“…En ese sentido, uno ama su ciudad –que es como una patria chica- porque en ella encuentra asiento a su ser, eso tan indefinible que llevamos dentro y que halla expresión en las cosas que nos rodean.”**

El paisaje urbano costarricense está en deuda. Se ha quedado atrás en todos los aspectos imaginables. San José es una ciudad que no apasiona; el paso del tiempo, el deterioro, la falta de conciencia y la desactualización han pasado su factura. Todo esto es reflejo de nuestra idiosincrasia.

Los barrios de San José

La verdadera belleza de San José, aunque escasa, se encuentra en sus barrios. En ellos se mezclan elementos que rescatan lo mejor de épocas pasadas. La arquitectura de casas con más de 50 años de existencia, la numeración de las mismas, los colores que las decoran, etc.

La gente mayor que vive en estos lugares, como en el muy popular Barrio Luján, recuerda y conserva algunas tradiciones casi extintas, y de algunas de las cuales, solo queda el recuerdo. Es por eso que decidí empezar mis tomas en este barrio, que más que barrio es un pueblo, donde la gente aún conoce el nombre de su vecino y saluda en las calles.

“Aquí le inculcamos a los más jóvenes a ayudar a su vecino, a que se preocupe por sus problemas y le ayude”, me dice doña María, dueña de un puesto de frutas y verduras muy a la antigua. Mientras sostiene en brazos a su nieta, me relata como crió a sus hijos en ese mismo local, como cumplió su labor de madre y mujer de negocios teniéndolos siempre a su lado e inculcándoles esa forma de ser, tan escasa en estos días.

En Barrio Luján fotografié casas, números de casas, señales de tránsito, letreros de negocios, rótulos y alguna gente. En estas imágenes logré encontrar lo que buscaba; lo que está ahí pero no vemos. Logré extraer lo bello dentro de lo que creemos feo y monótono.

Siguiendo el recorrido por los barrios de San José, inicié mi caminata desde casa Matute Gómez, subiendo la extensa avenida 10, hasta llegar a los alrededores del Mall San Pedro. Debo decir que los barrios que encontré en el camino, Francisco Peralta y Los Yoses, han sido desde siempre diametralmente opuestos a Barrio Luján.

“Los más ricos vivían en el Barrio Amón, ahí estaban las casas de las familias políticas y económicas emergentes y cuyos hijos, si bien compartían pupitre con los pobres, tenían como destino un alto cargo público, una carrera profesional o bien el negocio de la familia. Igual ocurría con los que venían de González Lahmman o Francisco Peralta. Los demás, que eran muchos, vivían en Barrio Cuba, Mata Redonda, Barrio Luján, Barrio México, o en el peor de los casos, en Calle Blancos…”**

Sin embargo, en estas calles me propuse retratar lo que llamo la cultura gráfica costarricense. Sobre todo lo peculiar de nuestras señales de tránsito, las cuales son de los pocos elementos en común que tienen nuestros barrios. Esa peculiaridad y los signos de deterioro que presentan estos elementos gráficos, se conjugan con el ambiente; las aceras, los caños y el cielo, para mostrar bellos cuadros que le dan otra cara a nuestra ciudad.

…la ciudad que escapa a nuestros ojos

El óxido en el metal es un elemento tan expresivo en nuestro paisaje urbano, que no merece ser ignorado como lo hacemos. Rescato lo bello que se esconde en lo feo.

Tonalidades naranja y café están presentes en mis fotografías y son testigo del paso del tiempo y sus consecuencias más allá del olvido.

“Al contrario de otros citadinos, el josefino no ama su ciudad. Los florentinos aman Florencia, igual ocurre con los venecianos o los napolitanos; pero a los josefinos apenas sí les importa.

Esta displicencia ha contribuido al afeamiento de San José, que en otros tiempos fue considerada como una tacita de plata, por lo armonioso de sus construcciones y lo recatado de sus costumbres.”**

Debo agregar, que durante mi recorrido por estos barrios y calles me acompañó mi padre, Carlos Campos, cuya presencia y conocimiento de las más inesperadas historias que rodean estos lugares fue de gran ayuda para este aspirante a fotógrafo. Fue un proceso de instrucción mutua; yo aprendí mucho de historia costarricense, de arquitectura, de nuestra idiosincrasia, y él, bueno, algo de lo poco que se de fotografía y composición.

Cómo la gente, día a día, conserva algunas tradiciones

En un lugar como Hatillo, donde resido y pasé toda mi infancia, sería muy difícil no encontrar vestigios de algo que creímos perdido. Y lo encontré, por partida doble.

Hay vocaciones, escasas hoy en día, a las que he denominado trabajos-tradición. Se trata de esos empleos que han ido desapareciendo con el paso del tiempo: los sastres, los zapateros remendones, los vendedores de helados de sorbetera, los lecheros, entre otros.

Don Francisco García y don Enrique Innecken son responsables de mantener con vida algunas de las tradiciones más representativas de Costa Rica. El primero como sastre, de excelente calidad, y el segundo como un experimentado zapatero remendón y fabricante de calzado.

Ambos viven solos y trabajan en sus hogares, colmados de múltiples historias derivadas de sus profesiones, o simplemente de los acontecimientos que les ha deparado la vida. Sin saberlo, ellos son parte de los detalles ocultos que pretendo descubrir con este trabajo fotográfico.

Los he retratado en su ambiente cotidiano, el cual también nos ofrece otros pequeños detalles dignos de ser plasmados en fotografía. Ese ambiente es un descanso para los sentidos y para la mente, es como entrar a un mundo libre de horas pico y del timbrar de los teléfonos.

“A cualquier hora San José es un escándalo de máquinas, muflas, pitos y gases que convierten la vida en una auténtica batalla y van minando la salud de quienes habitan este lugar…”**

De cómo el concreto y la noche también ayudan

El desarrollo debe estar presente en toda ciudad. Su fin primordial es mejorar la vida de los habitantes; brindarles un mejor lugar donde vivir y trabajar, donde criar y educar una familia. En San José, esta relación ideal se da muy, pero muy poco, por no decir que es inexistente.

Las muy conocidas rotondas y puentes vehiculares, estos últimos más recientes, tratan por todos los medios de regular y mejorar el flujo de automóviles de nuestra ciudad capital. Sin embargo es un tanto difícil, durante las muy temidas horas pico, evitar los embotellamientos, la contaminación ambiental, los accidentes, los madrazos, etc. En resumen, un espectáculo de dudosa calidad, no digno de ser plasmado en fotografías, a no ser para efectos ilustrativos o de estudio por parte de las autoridades pertinentes.

Pero llegada la noche, muy noche, el ambiente se transforma. Aparecen las luces artificiales y se alejan las grandes cantidades de automóviles. La quietud, la calma y ¿porqué no?, la paz, se apoderan por pocas horas de nuestras calles.

En ese ambiente nocturno vale la pena proponerse lograr buenas imágenes, acorde con la intención de esta serie fotográfica. Por eso visité la rotonda de la Hispanidad, la de las Garantías Sociales y el puente vehicular que se encuentra en la famosa Y Griega.

Las estructuras de concreto, los monumentos, la humedad de las altas horas de la noche, las luces y su distribución secuencial, aportan detalles ocultos de nuevo captados por mi cámara y los cuales me ayudan a confirmar mi discurso y mi propuesta de ciudad.

Puede que estos elementos por si solos no logren cautivar a nadie, o a muy pocos, sin embargo forman parte de un paisaje urbano el cual hay que saber encontrarle el gusto y captar en el momento justo. Bien merece la pena detenerse un momento a observar, analizar, juntar y si se puede, disfrutar. No siempre se tiene a disposición un bello atardecer que nos ilumine la vista. A veces cuesta encontrar lo bello en lo que consideramos feo, frío y aburrido.

“Hay una paranoia por el cemento, pareciera que el josefino no puede ver un poco de verde, y aprovecha cualquier oportunidad para derribar un árbol, destruir un jardín y empotrar en ese espacio una pared, poner un techo de zinc o de láminas transparentes, evitando que el sol entre a su casa, sin necesidad de intermediarios.”**

*Tomado del prólogo “La ciudad secreta” por Tomás Saraví, del libro “Cuentos del San José Oculto.”

**Tomado de “San José, la ciudad de siempre” por Johnny Vargas Durán, de la Acta Académica nº 25 de la U.A.C.A.

Para más fotos visite www.josecamposrojas.com