Arte Costarricense
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Antología del Desnudo en la Fotografía Cubana


por
Grethel Morell, Sandra Sosa y Alejandro Pentón

En la segunda tendencia se perfilan obras que violentan toda norma, que buscan el debate como resultado de una ambigüedad discursiva en constante y ascendente retroalimentación. Son artistas que gestan y proyectan ciertas actitudes abruptas, que enarbolan el cuerpo como pretexto en decodificación incesante. La experimentación, muy ligada a la manipulación visual y de concepto, será el signo distintivo de esta vertiente.

A ella pertenecen los autorretratos de la serie Para concebir, donde Marta María Pérez se vale por vez primera en la historia del desnudo fotográfico cubano de la mirada autorreferencial. Mirada que se basa en el cuerpo como cita de sí mismo, sustentada en una historia personal o íntima. A partir de una subversión total del canon estético del cuerpo desnudo hasta entonces retratado, Marta María vincula texto e imagen apoyada en el ideario de las religiones populares cubanas.

Dentro del otrora discurso hombre-mujer, hallamos tres creadores que lo asumen desde disímiles y renovadoras posiciones: el neo-clasicismo de Juan Carlos Alom con su obra Laura (1989), los "desnudos antropológicos" o etnográficos de René Peña, y la estética de lo vulgar propuesta por Abigail González en su serie Ojos desnudos (1992). Mientras el primero se propuso romper los esquemas del desnudo definido por la cultura occidental, y el segundo propone obras sustentadas sobre la teoría del ser blanco como catalizador de razas en Latinoamérica; el tercero juega a develar las ambigüedades que el ser humano no gusta (auto) reconocer. Alom pretendió y logró desnudar tanto el cuerpo como el alma en una poesía de lo íntimo y lo cotidiano. Más allá de la ternura que desborda esa especie de mujer-vestido, escondida de todos menos de sí misma, yace la intención rebelde de readecuar el universal desnudo al contexto habanero de finales de una década.

Peña concibe la fémina desnuda como una idea que sostenga la imagen. Para él la mujer sin ropas está lejos de ser un objeto de deseo, y muy cerca de un pre-texto: ¿reflexión, duda, negación o aceptación? Retratar dos mujeres opuestas, negra e india, acompañadas de un objeto "caliente", no solo supone hablar de una teoría de la marginalidad de las razas, sino también de la preterición genérica. Abigail, sin embargo, nos suma a su condición de voyeur para golpearnos con una visualidad que más que ruborizar, escandaliza. Lo soez de las situaciones presentes en Ojos desnudos, pululan entre lo ordinario v lo mórbido, para graficar posturas, actitudes, comportamientos, que nunca antes el lente se había atrevido a recoger y un artista a exhibir, y menos de forma tan lapidaria.

Esta última vertiente, perteneciente a la etapa verde, es la que guía y predomina en estos años finiseculares, donde la experimentación, plena y sin ambages, es un continuum prevaleciente.

Explosión, mixtura o la fórmula del 3+3

A partir de 1994 aproximadamente, el tratamiento de la temática se vio sujeto a una explosión sin igual en la historia de la fotografía cubana. Los artistas de esta cuarta etapa o etapa anaranjada abogan igualmente por la tendencia experimental implantada por los jóvenes de los 80, precisamente porque no existe entre ellos ningún tipo de quiebra o ruptura, solo diferencias epocales y ansias creativas. Ellos también buscan el sentido de lo otro, de lo que hay detrás de una imagen, manipulan la fotografía y acogen el cuerpo como pre-texto para expresar algo que va más allá de las cualidades corporales; pero desde poéticas personales y discursos diferenciadores. Son años testigos de la convivencia de tres promociones de artistas que trabajan simultáneamente, entre los que es posible verificar tres miradas en torno al desnudo femenino, con una primacía de la visión experimental.

Veamos la fórmula del 3+3:

Por un lado tenemos a los que llamaremos Novísimos**, continuadores de la estética implantada por la generación anterior y gestores de poéticas originales; entre los que se hallan Víctor Manuel Paneque, Cirenaica Moreira, Ismael Rodríguez, Yamila Lomba y Félix Antequera. Por el otro, a los ya maduros, que no se habían dedicado al tema en otras ocasiones y que ahora lo hacen a la par de los más jóvenes; por ejemplo, Roberto Salas, José Manuel Fors y Pedro Abascal. Y, junto a estas dos hornadas, la producción fotográfica de los temerarios artistas de la tercera etapa, que no cesan de dar curso a sus preocupaciones estéticas sobre el género, como Juan Carlos Borjas.

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