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Historia

El Museo del Prado se inaugura el 19 de noviembre de 1819 con el nombre de Museo Real de Pintura y Escultura, ya que sus obras provenían de las colecciones de los reyes de España. En 1872 se incorporan los fondos del polémico Museo de la Trinidad, creado a partir de la Ley de Desamortización de Mendizábal (1836). Será éste uno de los primeros museos en seguir el modelo francés del Museo del Louvre (inaugurado en 1793), cuyos rasgos principales son, además de su carácter público —tras la nacionalización del patrimonio artístico, hasta entonces en manos de las clases sociales altas—, la idea de ser concebido con una función educativa y recreativa.


Desde 1814, fecha en la que Fernando VII manifiesta expresamente su deseo de crear un museo de pinturas, hasta la fecha de su inauguración, transcurren cuatro años en la búsqueda del espacio idóneo para disponer la colección. En 1818 se elige, por fin, el Real Museo de Ciencias Naturales. Este edificio formaba parte del magnífico proyecto de Carlos III de creación de una Academia de Ciencias Naturales, situada en la zona por él privilegiada: el Prado de San Jerónimo. El edificio, en un admirable estilo neoclásico, realizado entre 1785-1808 por Juan de Villanueva, estaba formado por tres grandes cuerpos, unidos entre sí por dos galerías alargadas, ofreciendo un espacio perfecto para albergar la colección real. Su estructura había sufrido, sin embargo, serios destrozos durante la Guerra de la Independencia. Fue precisa, por tanto, una intervención en principio a cargo del propio arquitecto Villanueva y, a su muerte, de Antonio López Aguado, quien lo dejó dispuesto para su apertura en 1819. A partir de entonces, el Museo del Prado ha seguido creciendo y adaptándose a las necesidades que los nuevos tiempos le han ido exigiendo.

Entre las reformas más importantes, por orden cronológico, cabe citar la de Narciso Pascual y Colomer, que diseñó la basílica y el ábside del cuerpo central (1853); la de Francisco Jarreño, creando en la fachada norte una escalera monumental y abriendo ventanas en la parte baja (1882 y 1885); en 1927, Arbó ideó una ampliación de salas en la parte posterior del edificio; hacia la mitad del siglo se llevó a cabo la reforma de Pedro de Muguruza, con una remodelación de la galería central y una nueva escalera para la parte norte —que ha contado con bastantes críticas, ya que destruyó la espléndida escalera ideada por Jarreño—, con la intención de dar más luz a la zona de la cripta; Chueca y Lorente realizaron a su vez ampliaciones en las salas (1956 y 1967). La incorporación del Casón del Buen Retiro, para albergar las colecciones de pintura de los siglos XIX y XX, se decidió en 1971. Actualmente, y siguiendo el proyecto de Rafael Moneo, han comenzado las obras para la nueva ampliación del Museo. Esta ampliación parece no suponer cambios sustanciales para el Edificio Villanueva, que contará con una superficie nueva paira actividades complementarias, necesarias en un museo contemporáneo, y se llevará a cabo en los próximos años.

Las Colecciones

Pintura Española

Obedeciendo a un criterio cronológico, el Prado expone desde los murales románicos del siglo XII hasta la producción de Goya, que ya se adentra en el siglo XIX. En la planta baja, junto o la pintura medieval y renacentista, destacan las pinturas de El Greco. En la principal, su galería central expone los conjuntos de Ribera y Murillo, la sala basilical y adyacentes el de Velázquez y el Siglo de Oro, culminando con la obra de Goya, cuyas pinturas se distribuyen entre esta planta y la segunda.

Pintura Italiana

Con dieciséis salas dedicadas a su exposición, esta sección abarca desde el primer Renacimiento-Fra Angélico, Manlegno, Botticelli- hasta el siglo XVIII-Tiépolo y Giaquinto.

En la planta baja, las obras de Rafael y, sobre todo, la escuela veneciana -Tiziano, Tinloretto, Veronés y Bassano- forman uno de los conjuntos más compactos del Prado.

Pintura Flamenca y Holandesa

La pertenencia de los Países Bajos a la monarquía hispánica explica la riqueza de pinturas de la escuela flamenca en el Prado.

Las colecciones de primitivos -Weyden, Bouts, Memling-, de El Bosco y de otros artistas del siglo XVI se pueden ver en la planta baja. En la principal se despliega el importantísimo conjunto de pintura flamenca del siglo XVII con obras de Rubens, van Dyck y Brueghel, entre muchos otros.

Pintura Francesa

Las relaciones hispano-francesas durante el siglo XVII y las adquisiciones de algunos reyes, como Felipe IV y Felipe V, están en la base de la colección de pintura francesa del Prado, que muestra obras de Poussin y Claudio de Lorena en la planta principal y de Ranc, van Loo o Watteau en la segunda.

Pintura Alemana

Reducida en número, pero de gran calidad, la colección de pintura alemana abarca obras de los siglos XVI y XVIII. En la planta baja, una sala se dedica a obras capitales de Alberto Durero, Lucas Cranach y Baldung Crien. En la segunda planta, otra sala se dedica al pintor neoclásico Antón Rafael Mengs.

Escultura

Traídas de Italia entre los siglos XVI y XIX, las más de doscientas veinte obras de escultura clásica del Museo ilustran desde el arte arcaico griego hasta el período helenístico y el mundo romano. La colección de escultura se completa con las obras de los Leoni encargadas por Carlos V y Felipe II en el siglo XVI.

Artes Decorativas

Repartidas en diversas salas de la colección permanente se exponen mesas y consolas de piedras duras de los siglos XVI al XVIII, “cassoni”, escritorios, cerámicas de Urbino y escultura de pequeño formato. La colección de mayor importancia, el “Tesoro del Delfín”, nutrido por alhajas heredadas por Felipe V de su padre, el Gran Delfín, se expone, a la manera de un tesoro, en la planta sótano del Museo.

Dibujos y Estampas

El Museo atesora cerca de cuatro mil dibujos. Destaca la colección de quinientos dibujos y estampas de Goya, la más importante del mundo. Dos salas instaladas en la planta segunda muestran rotativamente por razones de conservación esta importante riqueza.