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Hablar de Quino, Joaquín Lavado, es indiscutidamente hablar acerca de uno de los fenómenos más grandes de la tira cómica latinoamericana: Mafalda.

Esta pequeña niña vio la luz hace cuarenta años (1964), en Buenos Aires, Argentina, de la mano de un autor que, con una filosofía crítica, la transformó en un instrumento para manifestar su inquietud por el futuro de una humanidad que constantemente perdía valores, desvaneciéndose así en un mundo totalmente materialista.


Mafalda, surge a raíz de una contradicción, un conflicto. Se vuelve una constante crítica de la situación mundial. El mismo autor añade al respecto: “A uno de chico le enseñaban una cantidad de cosas que no deben hacerse porque están mal y hacen daño. Pero resulta que cuando uno abre los diarios se encuentra con que los adultos perpetran todas esas cosas prohibidas a través de masacres, guerras, etc. Ahí se produce el conflicto. ¿Por qué los grandes no hacen lo que enseñan?” Esta pregunta es la que ha definido el mensaje de Mafalda a través de los años. Ella es una niña que todo lo observa, los periódicos, la televisión o simplemente escucha la radio. Es una persona sumamente preocupada por lo que acontece alrededor del mundo. Generalmente mantiene cierta ilusión de que todo se arregle algún día. En un principio, la estructura de dicha tira cómica era muy sencilla: Mafalda le hacía una pregunta a sus padres, éstos la respondían y finalmente ella hacía un comentario de la respuesta.

A medida que el recurso básico se agotaba, Quino fue introduciendo varios personajes tales como Felipe (su primer amigo), Susanita (su mejor amiga), Miguelito, Libertad, Manolito y finalmente Guille, quien además de ser el hermano de Mafalda es considerado como una persona traviesa y rebelde. Este último tiene la particularidad de aparecer en muy pocas de las tiras cómicas. Sus apariciones son consideradas únicas y de una alta calidad. Generalmente vive en su propio mundo, aislado del resto de personajes disfrutando en algunas veces de la compañía de su hermana “Mafaldita”.

A medida que pasaron los años, la popularidad de Mafalda fue creciendo por toda Latinoamérica. Sus publicaciones recibieron elogios, afianzando su imagen cada vez más al punto de empezar a conocerse en lugares tan lejanos como Estados Unidos y España.

Se realizaron exposiciones en varios museos, no solo en América, sino que también recibió la atención de diferentes organizaciones como la UNICEF, que utilizó los personajes creados por Quino para ilustrar una campaña de la Declaración Mundial de los Derechos del niño. En España fue utilizada, entre otros, para una campaña sobre los Consejos Escolares. Además, Quino recibió muchas distinciones, pero sin duda alguna una de las más importantes es el Trofeo Palma de Oro del Salón Internacional del Humorismo de Bordighera.

En el 2003, el artista participó en el “II Encuentro Internacional de Caricatura e Historieta” de la Universidad de Guadalajara. También recibió el premio-homenaje “La Catrina” en la Feria Internacional del Libro de Guadajara.

Además de Mafalda, Quino ha realizado una gran cantidad de trabajos humorísticos que muestran otras dimensiones del artista. Éstos refuerzan a su vez la intención de cuestionarse la realidad de la sociedad moderna así como los diferentes tipos de inquietudes que el hombre enfrenta día a día. Una gran cantidad de estos trabajos han sido protagonistas, pero sin duda alguna, el fenómeno de aquella niña de seis años es lo que ha definido la carrera de Quino como uno de los más grandes de Latinoamérica.

No cabe duda, cuarenta años han pasado y Mafalda sigue conservando aquel espíritu travieso e ingenuo de cuando apareció por primera vez en los diarios argentinos. Ese espíritu sigue dando de que hablar hoy en día, y probablemente, sigamos oyendo de las inquietudes de esta niñita a pesar de que su autor ha dejado de dibujarla hace ya bastante tiempo.