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Fechado en Sábado 13 a las tres de la mañana

¿Por qué los D.Js ahora siempre mezclan clásicos?

¿La música ya no da mas de si?

¿Nos hemos fundido los últimos resortes de la creatividad con las drogas y la falta de sueño?

Si, es el camino del exceso numero dos porque el primero ya está publicado por aquí.

Me he atrasado en escribir de este tipo de cosas, igual habrá tiempo de retomar historias de semanas atrás, pero lo cierto es que no me atrevía a comprobar que reportar sobre el arte y la cultura desde Madrid traía intrínseca este necesidad de caminar por el borde afilado de la noche.

Hoy se termina la primera semana de OpenUp en Media Lab Prado, hemos lanzado un ataque mediático contra las cámaras de videovigilancia del ayuntamiento de Madrid en el barrio de Lavapies, hemos sido amenazados, seguimos adelante con la reinvidicación de un lugar que la oficialidad quiere negar.

Esto es como cuando la municipalidad de San Pedro satanizó la Calle de la Amargura en lugar de proponer algo cultural e inclusivo que hacer con ella.

Resultado, una especie urbana y nefasta ha tomado la calle, enajenados y alérgicos a cualquier postura crítica.  No de gratis nos encaminamos tener de presidente para el 2064 a un clon de Oscar Arias, alabada sea la ingeniería genética.

Hoy finalmente conocí el Matadero, y no me refiero a la cama de nadie.

El Matadero es uno de los centros de arte contemporáneo más importantes de Madrid.  Lo conocí bajo el pretexto de una fiesta electrónica que se llevó a cabo con motivo del Carnaval que se celebra anualmente en Madrid.

Por eso mi diatriba sobre los D.Js que mezclan clásicos, que conste que no me quejo, “hay que ser un clásico para nunca pasar de moda” dijo Oscar Wilde, pero no puedo dejar de pensar que pueda ser sintomática esta obsesión por el vintage que impregna todos los ámbitos creativos.

Queremos hacer cine con estéticas setenteras, recuperar con las nuevas tecnologías experimentos escénicos que ya se habían hecho en los sesenta ¿Será que de verdad se nos ha acabado la historia?

Durante la tarde estuve en un Pecha Kucha en MediaLab Prado, yo mismo iba a participar.

Al final me eche para atrás, no sentí que tuviera nada que aportar como fotógrafo en un contexto de puros proyectos tecnológicos e interactivos.

Entonces para abofetearme en toda mi estupidez, una chica brasileña habló de su trabajo de performance, basados exclusivamente en acciones que realiza con su propio cuerpo.

Sigo creyendo que el medio es el mensaje, pero lo cierto es que todavía existen medios más adecuados para ciertos mensajes.

¿Una contradicción? Seguro, pero a veces nos perdemos en las posibilidades técnicas y perdemos de vista la necesidad que el arte responda a inquietudes de un momento y un contexto.

Por eso me he lanzado a jugar con los límites entre la realidad y la ficción con las cámaras de Madrid, por eso esta artista brasileña camina de un barrio rico a una favela en Brasil dejando un rastro de colores con sus pies como pincel.

Son recordatorios que aunque a veces nos parezca que la historia se ha acabado, esta aún se escribe.