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Por Federico Rossocolaborador de ArtStudio Magazine

No hay nada más que decir al respecto, ya existe un mundo, una vida, una comunicación, en fin, un lenguaje 2.0, y de una acción virtual se deriva a una real y viceversa, como los Coffee Morning, estas reuniones informales, donde los eternos conectados se desconectan – y no tanto – para compartir sus experiencias laborales, empresariales, personales, en el ámbito del nuevo paradigama comunicacional que se expande en la Web. Para conocer mejor la conexión entre estos dos mundos, ya no escindidos, participamos de un #CoffeeMorning, iniciativa internacional que va emergiendo en Costa Rica.

A continuación, una síntesis de la charla colectiva que sostuvimos junto a @Gorileo, @metrapach, @fr4gus, @lizrincon, @_pelucci, @casafuego, @Dianalb_20, @victormenav, @andreherca.

Hablan rápido, hacen silencios cortos y vuelven a tirar con la metralla de ideas. Para seguirlos hay que estar en el tema, pero sobre todo opinar sin miedo para poder introducirnos a este nuevo lenguaje de compartir la experiencia y la información de manera abierta.

Si él es bueno, dice alguien y enseguida otro pregunta, ¿Qué comparte?. El criterio está claro, participo en la conversación en función de lo que aporto, algo antropológicamente hablando bien estudiado. Las nuevas virtudes se detectan ahora muy sutilmente, siendo el consentimiento y la reciprocidad valores que cotizan alto en la ámbito socio-virtual.

Entonces, mucho parece ser medido en función de la utilidad que se tiene en la comunidad, pero no todo es utilitario, el entretenimiento, la espontaneidad, la identidad, el juego de roles, también constituyen valores a poner en juego.

Muy pronto la reunión se aclimata totalmente, entre Notebooks, Smartphones y otros dispositivos móviles que sus usuarios rara vez abandonan totalmente. Solapada entre las primeras observaciones, una crítica se asoma en torno a la indiscreción y la gran cantidad de información personal que muchos usuarios vierten sin prejuicios en las nuevas esferas públicas que pululan en la web. Pero a su vez, el grupo reconoce que este comportamiento tiene una contracara y ésta es la de atenuar la soledad, flajelo pos-moderno ampliamente extendido.

Siguiendo en esta línea, uno de los integrantes argumenta, “hay gente que no le sacás cuatro palabras en la vida real y por las redes se expresa súper bien. Muchas veces, cuando no hay habilidad social las redes ayudan”.

Entonces saltan las anécdotas de casos extremos, de aquellos que reproducen algo que personalmnete, quizás, jamás dirían. Alguien ríe y comenta un buen ejemplo: el célebre tweet “Qué bueno tomarse una birra después de un polvo”, pero al mismo tiempo agrega, “pero él es así, lo dice con espontaneidad y es muy divertido”.

La conversación jocosa deriva en una conclusión interesante. Se comprende que la identidad virtual y la real están íntimamente asociadas, se complementan, es más, la virtual amplifica aquella, la original, si se quiere ser ontológicamente dogmático. “Se termina reproduciendo la personalidad y sus intereses, es un amplificador de tu personalidad”, apunta alguien entre tanto, “es una huella de lo que sos”, concluye el siguiente.

Compartiendo el capital

Pero qué pasa con las empresas y toda esa migración que está sucediendo desde el mundo “real” al virtual. ¿Pueden éstas adecuarse fácilmente, entrar en la comunidades y ofrecer sus mercancías de modo tradicional?

El objetivo de la empresa debe ser muy claro, apunta un participante desde el otro extremo de la mesa, debe haber un fin, una estrategia. Salir a conversar, pero no salir a anunciarse es una regla básica que, en su experiencia diversa, el grupo comparte. Sin embargo, esto por si sólo no basta y una suma de factores dentro de los cuales se destaca un objetivo de comunicación muy claro.

Por ejemplo, por su naturaleza Facebook se adecua mucho mejor a las empresas, es más fácil personalizarlas allí. En cambio Twitter es más técnico y sus usuarios lo defienden en sus pautas de utilización. Es más para trasmitir información, su código es más cerrado y estricto, argumenta un participante mientras fotografía la propia escena de la reunión que ya esta viajando por la red, para generar nuevas réplicas, multiplicarse, hacer paralelismos y simultaneidades.

Por otra parte, el grupo aclara que las redes sociales no toleran la burocracia, “son instantáneas, el criterio de resolución debe ser inmediato, las respuestas deben ser rápidas”, por lo que las organizaciones con pautas de comunicación muy rígidas deben adaptarse a esta realidad. Además, aunque no quieran, muchas empresas se ven obligadas a ingresar, ya que espontáneamente, a consecuencia de sus fallas o puntos débiles, conscientes o no, se organizan grupos de presión que comienzan a elevar sus reclamos. De este modo, dicen, “comienza la guerra de los grupos, grupos para luchar contra otros grupos”. Un gran desafío para el Community Manager.

Por ejemplo, cuando los servicios no funcionan bien, debe haber una respuesta y acción rápida de parte de la empresa, pero generalmente todavía existe una notable desconexión entre el administrador de comunidades y las organizaciones que éstos asiten. Al respecto, todos acuerdan que aunque se ha avanzado en este plano, todavía hay un alto grado de desconocimiento por parte de las empresas sobre la naturaleza y finalidad de los medios sociales.

Muchos otros ejemplos, locales e internacionales se pusieron en discusión, no es aquí el espacio para analizarlos, pero queda claro que un ejercicio comunicacional horizontal, activo y pragmático, que va más allá de lo que antes se entendía como atención al cliente, mercadeo o publicidad ha dado un salto cualitativo en materia de comunicación, generando pautas mucho más complejas, democráticas y difíciles de controlar.