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por Esteban Yong

Hace muchos años atrás la profe de español nos puso la tarea de recortar cada domingo la columna de La Nación, Tribuna del idioma, de Fernando Díez Losada. Era una pereza, porque después de todo, era una obligación. Pero he de admitir que me enseñó una que otra cosa sobre vicios del lenguaje.

Así que aquí les va.


Mupi

(Visto como mupy, muppy, moopi, moopy, moopie, mupie, y similares)

Estas estructuras normalmente se encuentran en las paradas de autobuses en el área metropolitana. Su función es proveer un espacio publicitario para clientes con presupuestos grandes, dado su alto costo de pauta.

Su nombre viene dado por las siglas en español de: Mobiliario Urbano Para Información o como también oí por ahí: Módulo Urbano de Publicidad Iluminada.

Sea cual sea su origen (de entre cualquiera de las dos anteriores) estamos claros que sí es en español y no un invento gringo.

Por lo tanto, la palabra en inglés no existe y todos aquellos intentos de escribirla para que se vea más cool son inútiles.

Dummy

(Visto como dummie, dommy, domi, y afines)

Esta palabra en inglés traducida al español sería como ficticio, simulación. Su definición es una imitación de un objeto real u original, previsto para ser usado como un sustituto práctico. Ejemplo de esto es como un maniquí es el sustituto de una persona para hacer las veces de modelo.

Entendido esto, dentro de la industria gráfica (llámese publicidad, impresos, cine, etc.), dummy es la maqueta o modelo de un periódico, libro, anuncio impreso, producto, o brochure, entre otros. Esto es necesario porque a veces se quiere ver como un panfleto va a ir doblado, poder tener en consideración los tamaños finales, o porque el objeto real todavía no existe.

Si lo tuyo es verte más sofisticado, recomiendo usar la palabra en inglés. Pero para no meter las patas y ya que existen varios sinónimos en español, entonces escogé tu palabra favorita como sustituto.

USB Stick

(Conocido también como llave, llave de memoria o llave maya)

El “palito USB”, es un dispositivo de almacenaje portátil. Sin duda alguna, es lo más conveniente para andar de arriba a abajo que se haya inventado hasta ahora. Se encuentran en diversos colores, tamaños, capacidades y marcas. Estos artefactos funcionan con la tecnología llamada memoria flash. Esta tecnología fue introducida en 1994. Otros dispositivos, como tarjetas de memoria para cámaras digitales, también funcionan con esta misma tecnología.

¿Por qué lo de llave? Las llaves son dispositivos hardware que restringen el uso de ciertos programas para evitar la piratería. O sea, de igual forma que se necesita una llave para encender un automóvil, sin esta llave hardware el programa no sirve. Entre estos programas se encuentran el ProTools, administradores de centros de impresión y un programa de animación 3-D llamado Maya.

Esta llave y la memoria USB se parecen mucho físicamente. Aunque mis fuentes no pueden asegurar que la confusión entre una y otra esté 100% ligada al programa Maya, como que hace mucho sentido.

En todo caso, lo cierto es que los USB sticks no son llaves.

Plotter

(Y como robar identidades)

El plotter es una máquina que dibuja, no imprime. Su principal característica es la de poder jalar y empujar el papel. De tal manera que entra y sale, las veces que quiera. Su brazo robot es el responsable por trazar las líneas. En este brazo, en la punta se puede poner una pluma o una cortadora.

Así que el plotter se usa para dibujar planos o hacer cortes en vinil (para hacer mantas o rótulos).

Alguien en Costa Rica, un día, consiguió una impresora de inyección de tinta de gran formato, de esas que hacen gigantografías, y al tipo este se le ocurrió llamarle plotter.

Desde entonces la gente confunde en realidad los dos, aunque no se parecen en nada.

Así que las máquinas responsables por imprimir las gráficas de los mupis y vallas no son los plotters, sino las Impresora de Inyección de Tinta de Gran Formato. Como decía un excompañero mío de trabajo: “Zapatero a tus zapatos”.

Espero que las órdenes de trabajo de ahora en adelante estén mejor escritas.

Por cierto: Gracias a Carlos Morales por su ayuda con esta columna…