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por Federico Rosso, periodista y escritor argentino, colaborador de ArtStudio Magazine

La joyería de autor o joyería contemporánea habita un territorio del arte difuso y poco conocido. Para explicarlo a grandes rasgos, es un proceso que comienza con una búsqueda, pero sólo, y fundamentalmente, se materializa gracias a la pasión por el arte, esa innata necesidad humana de expresión canalizada en este caso a través de la orfebrería. Esto da como resultado piezas únicas, pensadas desde una visión y movidas por una motivación muy particular: la de su autor.

Desde el colectivo costarricense “¿Porqué no? prefieren llamarla joyería conceptual. El grupo, compuesto por seis integrantes, bajo la dirección del profesor Jorge Manrique, acaba de concluir su primera exposición, un trabajo inspirado en Frida Kahlo, que tuvo lugar en el Instituto México, con motivo del bicentenario. El evento, además de oportuno, cobró relevancia por ser el primer homenaje a Frida Kahlo en el campo de la joyería.

En el taller de Jorge Manrique, donde Carlos Loría, Martina Quesada, Sonia Esquivel, Stella Valencia, Catalina Lizano y Ana Cristina Cossío, se especializan y avanzan como grupo creativo, se percibe la vibración de los materiales, la tensión de lo quieto a punto de moverse, la extraordinaria posibilidad de modelar las formas. Pero, sobretodo, resalta la dinámica de grupo que estos estudiantes, la mayoría egresados de la Academia Studio Metallo, alimentan y ejercitan.

Una metodología para un sentido de la creación
El proceso creativo comienza con un tema, luego se efectúa una vasta investigación y una fina depuración para dar con el concepto y confrontarlo con la realidad del artista. Más tarde, tema y autor se fusionan y se compenetran de tal modo que logran organizase en un diseño, explica Jorge Manrique. De este modo, se llega a la creación de una pieza que transmite un mensaje y que tiene un propósito definido, que va mucho más allá de lo accesorio y que sólo cobra verdadero sentido en su justo lugar: el cuerpo humano.

De este modo, la idea de portabilidad cobra rango relevante en estas manifestaciones artísticas y así como una pieza inspirada en Frida no tiene razón de ser sin retrotraerse al genio y a la personalidad de la artista, mucho puede perderse si una pieza es sacada del contexto motivacional de su concepción o del clima de época al que perteneció.

Así lo explica Jorge Manrique, cuando años atrás, restaurando una pieza precolombina, que veía simple y tosca hasta que pudo colocarla sobre la cabeza de una muchacha y ésta se desplazó, la joya se movió con ella y tomó la luz. “Tan linda, tu le hacías falta a la corona”, reflexiona.

Las piezas se complementan y cobran vida en la estética de una cultura, con los rasgos y las expresiones humanas, la piel, los colores, las texturas. “Aquellas piezas hacían participar a los dioses; necesitaba del brillo del sol y el cuerpo humano que la moviera para comprender como funcionaba la joya”, concluye Manrique.

Una metodología en el proceso creativo y una funcionalidad estética cargada de sentido, son rasgos ineludibles a la hora de pensar la joyería artística.

En algunos países de Europa ya es frecuente encontrarse con joyas exclusivas de autores y galerías especializadas en exponerlas. Costa Rica aún no cuenta con un circuito para la joyería conceptual, pero el colectivo “¿Porqué no?” continua su camino de pequeños pero firmes saltos creativos, y ya prevén exponer el homenaje a Frida Kahlo fuera de las fronteras costarricenses.

Un dato aún más alentador es el motivo que se proponen para el próximo trabajo: Limón y la cultura afro costarricense, un gran desafío de exploración, una muestra de interés por otras culturas y el anhelo siempre presente del artista de penetrar y hallar respuestas en lo desconocido.