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Con la llegada del DVD, las opciones para la preservación de un filme se han ampliado, permitiendo así mostrar una serie de características que ayudan a conservar la visión tal como la quiso el realizador. Una de estas opciones es el denominado formato widescreen o pantalla ancha, el cual rara vez se da en formato VHS y desde el desarrollo del sistema de video digital ha adquirido un mayor auge y es cada vez más utilizado por parte de los distribuidores de películas. Durante algún tiempo muchas personas, desconociendo su importancia, lo han desechado prefiriendo la versión de pantalla completa a la hora de observar una obra audiovisual. Pero, ¿cuál es su diferencia?, ¿por qué es considerado por algunos como el mejor? Bueno… para eso es necesario analizar una serie de aspectos importantes.


Actualmente, los filmes son distribuidos en dos tipos de formato widescreen: el 2:35:1 y el 1:85:1. El primero, conocido también como formato Panavision, presenta una imagen más ancha que el segundo, permitiendo tener quizás una mayor exposición de la escena y al mismo tiempo, una mayor conservación de la idea establecida por el director. Pero, ¿de dónde vienen estos formatos? ¿Por qué el cine se ve de esa forma? Para responder a esas preguntas es necesario remontarse a principios del siglo 20, época de oro donde el arte audiovisual daba sus primeros pasos. Originalmente, en la época del blanco y negro el formato que se utilizaba era el de 1:33:1, mismo que se usa actualmente en la televisión. Como ejemplo de ello se pueden citar los títulos como “Drácula” (1931), “Gone with the Wind” (1939) y “Wizard of Oz” (1939).

Para los años cincuenta, las personas empezaban a adquirir sus primeros aparatos de recepción televisiva produciendo, entre otras cosas, una disminución en la taquilla de los cines, situación que obligó a los estudios a utilizar un nuevo formato con el fin de no solo marcar una diferencia clara entre el cine de lo que se proyectaba en el televisión, sino también como un instrumento para atraer audiencia a las salas cinematográficas. Desde esta época el formato Widescreen se empezó a convertir en el standard para la realización de películas. Este formato fue introducido por la Fox bajo el nombre de Cinemascope, el cual con el tiempo dio paso al “Panavision”, formato que se usa hoy en día por prácticamente todos los cineastas.

Para comercializar aún más sus filmes, los estudios empezaron a adaptar las películas eliminando las barras y adaptándolas al tamaño de la pantalla (1:33:1). Si bien el formato permitía darle una nueva vida a las grandes producciones, se presentaban ciertos inconvenientes que no dejaban muy felices a sus realizadores. El proceso consistía en recortar entre un 20 y 30 por ciento de la imagen original alterando en forma atroz la concepción del filme. El nivel de detalle es mucho menor y en muchos casos afectaba la puesta en escena y aspectos técnicos muy importantes como la composición y el equilibrio visual. Quizás, como única ventaja, permitía exhibir el filme en cualquier televisor y de esta forma llegar a un mayor público haciendo más lucrativa la industria del cine.

Esta situación comenzó a tener más fuerza en los años 80 con la introducción del formato de videocasete en Betamax y en VHS. Como una forma de solventar un poco las desventajas del 1:33:1, se desarrollaron técnicas como el “Pan Scan”, el cual permite mover la cámara de un extremo a otro rescatando ciertos detalles de la composición original. Sin embargo crea un efecto de “barrido” el cual impide apreciar varios detalles del cuadro además de producir una sensación no muy agradable en el espectador. También se dieron otras formas como la de invertir la imagen o simplemente mover un poco la cámara a la derecha o izquierda del centro produciendo un desbalance de la imagen creada. A principios de los noventa, se introdujo un formato que le dio una nueva oportunidad a la versión “widescreen”: el Laser Disc o disco láser. En un principio se creyó que le pondría fin al VHS, sin embargo su gran tamaño (similar al disco de acetato) poca versatilidad y escasa duración se volvieron inconvenientes difíciles de superar. Con la llegada del DVD el formato de pantalla ancha empezó a tener una mayor distribución. En algunas ocasiones, se distribuía junto con el 1:33:1 pero nunca por separado. El hecho de ser presentada la película con dos barras negras empezó a ser considerado por mucha gente como incómodo. Ante tal molestia los estudios recurrieron nuevamente al formato de pantalla completa para satisfacer la demanda de ese segmento, situación que molestó a directores como Martin Scorcese, quien siempre ha abogado por la eliminación del “full screen” y dejar la película tal como fue planificada.

En los filmes todo es planificado y nada se da por sobrado. Todos los elementos visuales aparecen en la composición por una razón. A la hora de adaptar una imagen a otro formato, parte de ese trabajo pierde calidad sin lograr el efecto deseado por lo que la pantalla ancha se convierte en el único medio de preservar ese trabajo sin ninguna alteración. Es importante promover el valor de una película intacta, rescatar su calidad artística y de esta forma hacer entender que el widescreen es el formato que debe ser estandarizado como la mejor opción a la hora de disfrutar de un filme.