Seleccionar página


Tron de 1982 es considerado por un grupo de cinéfilos como un filme de culto, una de esas rarezas proféticas cinematográficas de los años ochenta. Su trama, ampliamente cargada de elementos de ciencia ficción, se atrevía a adentrarse en temas como la realidad virtual y el amplio poder cibernético en una época donde la computadora apenas empezaba a verse como una herramienta importante en la cotidianidad del ser humano.

Hoy más de veinticinco años después, Disney Studios lanza su esperada secuela la cual en teoría expandiría muchos de los sugestivos planteamientos establecidos dentro de aquel lejano filme.

Tron: Legacy es una criatura muy diferente, desarrollada dentro de un entorno radicalmente distinto al de 1982. Muchos de sus temas son vistos ya como algo ampliamente explorado, generando la pregunta: ¿Qué interrogantes nos ofrecerá este nuevo capítulo dirigido por Joseph Kosinski?

Y no es que su precursora sea una gran película, pero de Tron: Legacy se esperaba muchísimo más. El realizador no se complica mucho y apuesta por el camino fácil. No plantea ningua interrogante, ni tampoco se ambiciona por ampliar la trama.  Su estilo aventurero liviano entreteje una historia convencional y muy predecible donde los personajes son simples excusas para cargar la película con elaboradas secuencias de acción. El filme en sí es planteado como un producto muy calculado, digerible para cualquier público.

El aspecto histriónico es otro punto débil de la producción. Si bien Jeff Bridges saca la tarea a punta de experiencia y carisma, el resto del elenco se muestra distante y muy acartonado, sin ofrecer absolutamente nada.

Donde la película si logra cumplir es en su aspecto formal. El diseño de producción es bastante elaborado, con efectos especiales destacables pero que tampoco llegan a superar a lo visto en trabajos recientes como Avatar. Si bien la música de Daft Punk se adapta al ambiente de la propuesta, esta es apenas cumplidora, sin nunca llegar a destacar. Todo lo contrario, los renombrados músicos franceses se muestran poco inspirados, lejos de otros de sus trabajos, limitándose a imitar el trabajo del conocido Hans Zimmer.

En conclusión, Tron: Legacy es una prácticamente una montaña rusa con muy poco espíritu. Si bien al final logra entretener, su resultado deja  una sensación de haber sido hecho con pereza, sin ambición, apenas calculado para mostrar las ya conocidas bondades del 3D y la tecnología IMAX. Nuevamente se le escapa a los estudios una  valiosa oportunidad de crear algo con más substancia, algo más allá de un simple derroche de efectos digitales.

Calificación: 6