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Adaptar una exitosa miniserie de seis horas de la BBC en una sola película parece una tarea nada fácil. De hecho, la sola intención de realizar una versión norteamericana de la exitosa State of Play parecía una mala idea la cual había logrado un rechazo por parte de varios actores y productores hollywoodenses. Luego de una serie de modificaciones tanto a nivel de guión como de reparto, State of Play logra no solo una reinvención inteligente sino también consolidarse como uno de los mejores thrillers políticos de los últimos tiempos devolviendo algo de credibilidad a un género desgastado, producto de mediocres y aburridas producciones.


Kevin Macdonald, conocido por la reciente El Ultimo Rey de Escocia,  pone orden mostrándose profundamente conocedor de su oficio, cautivando desde el primer minuto y creando de forma inteligente y dinámica, un producto meticulosamente planeado a través de un guión bien construido, actuaciones convincentes y un sugestivo estilo visual.

El filme, de tono directo, aborda de forma polémica el periodismo, su estilo de vida y ambigüedad, cuestionando su gran poder de cambiar un evento y de como en varias ocasiones se hacen cosas nada agradables con tal de tener la exclusiva. Tal y como lo dijo su protagonista Rusell Crowe en el momento de su estreno: ” El periodista es un ser humano, a la gente se le olvida eso.  Muchas veces debido a su naturaleza,  pueden verse envueltos en una situación emocionalmente incontrolable poniendo a prueba su objetividad y profesionalismo.” Es sin duda aquí donde el tema de la doble moral,   los constantes cuestionamientos de hacer lo  correcto o no, son ejemplificados y tipificados en un complejo ajedrez donde cada uno de los implicados mueve sus fichas a su antojo, conforme a sus intereses.  En este punto yace su verdadero valor mostrando diferentes panoramas muy profundos, tirando el cuestionamiento acerca de como debe ser la posición de un medio ante la corrupción pero, más que todo, ante un hipotético escándalo como el descrito en esta ocasión.

Además de la presencia de Crowe, el resto del elenco es complementado por actores de gran calibre como  Hellen Mirren, Rachel McAdams, Ben Affleck y Robin Wright Penn brindando un trabajo impecable en todo momento.  Si bien cada uno se involucra al 100% en sus personajes, son destacables las secuencias en las cuales Crowe y la veterana Mirren se miden cara a cara en  un  mano a mano de lujo, demostando una vez más la madera de la cual están hechos.

Técnicamente la película saca la cara presentando un tratamiento visual muy interesante. Los encuadres tradicionales son mezclados de forma oportuna con sugestivos movimientos de cámara del tipo documental combinados a su vez con una fotografía fuertemente,  contrastada con predominantes tonalidades azules, retratando un clima de  tensión política con absoluto realismo, sin algún tipo de artificiocidad o exageración. A esto ha de sumársele la excelente banda sonora  cortesía de Alex Heffes quien ha colaborado con Macdonald en otros proyectos tales como la antes mencionada El Ultimo Rey de Escocia.

State of Play se define a sí misma como una propuesta cerebral, alejándose del estereotipo de thriller compuesto por persecuciones vertiginosas al cual el cine moderno nos tiene mal acostumbrados para presentarnos una historia llena de detalles como elementos claves y el requerimiento de  atención del público  en orden de entender la historia. Al final el filme hace sus propias conclusiones, lo cual no impide dejar los cuestionamientos nuevamente al aire en orden de que cada quien pueda interpretarlos de la mejor forma.