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El filme X-Men (2000) será siempre recordado como aquel que reinició, a inicios del presente siglo, esa nueva oleada de películas inspiradas en cómics, demostrando a su vez la rentabilidad de los famosos personajes de Marvel Comics, dejado de lado durante años en una batalla ganada originalmente por personajes como Batman y Superman. Hoy, casi 10 años después, el legado de Marvel parece continuar cada vez con más fuerza en la gran pantalla y la reciente X-Men Origins: Wolverine es prueba de ello.

El cuarto filme de la franquicia es dirigido en esta ocasión por el galardonado Gavid Hood (Tsotsi) el cual tiene la enorme tarea de hacer recuperar el interés en la saga luego de los cuestionables resultados a nivel de crítica por parte de X-Men: The Last Stand tres años atrás.

Tal y como su título lo indica, la película se centra en relatar los orígenes de Wolverine, su constante lucha con su pasado hasta su primer enfrentamiento con el coronel William Stryker y como éste le inyectó el adamantium, el metal que corre en el esqueleto de dicho mutante.  La idea en sí es bastante interesante pues este personaje ha sido considerado como el más enigmático del universo X-Men y muy poco se había conocido de su verdadero orígen en  filmes anteriores.

Una golondrina no hace precisamente la primavera y esta propuesta es una muestra de ello. Si bien Hood es un talentoso director, en esta ocasión es presa de los diversos intereses de Hollywood entregándonos un filme liviano, apenas cumplidor pero con grandes fallas en su narrativa producto de un argumento lineal y hasta cierto punto predecible dejando una historia sin mayores sorpresas y algo lejos de aquel sentimiento épico  logrado en los primeros trabajos de la franquicia. Algunos de los personajes secundarios fueron desaprovechados pudiendo haber enriquecido aún más el hilo argumental con alguna trama de apoyo. Esto también se ve afectado por una edición algo tosca con abuso de la cámara lenta en las secuencias de acción. La actuación de Hugh Jackman es quizás el elemento más fuerte de toda la película, su carisma y desenvolvimiento escénico están  nuevamente a la altura de lo esperado. La música es acertada y en general el filme  se mantiene dentro del tono establecido en las producciones previas.

A pesar de sus fallas, X-Men Origins: Wolverine logra sacar al final la tarea y ser apenas un entretenido filme de acción.  A pesar de no ser tan cautivador como se esperaba puede verse claramente el interés por parte de la producción en establecer éste como el inicio de una nueva trilogía centrada una vez más en el personaje interpretado por Jackman. Solo queda en esperar a la hora de realizar  su inminente secuela, la selección de un realizador más familiarizado con el género capaz de darle nuevos bríos a la franquicia. ¿Bryan Singer de nuevo? Sería una buena idea.

Calificación:6.5